Cuando todo se derrumba, jugar es el gran aliado del alma - Sophia Online

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Cuando todo se derrumba, jugar es el gran aliado del alma

Para los chicos que se encuentran en situaciones de extrema vulnerabilidad, el juego es la posibilidad de encontrar un refugio sagrado en medio del dolor.

En medio del polvo, de los gritos, del ruido de las detonaciones, del silencio que deja el miedo, hay niños. Niños que no pidieron nacer en la guerra, en el éxodo, ni en el hambre. Pequeños que cargan cicatrices invisibles, que han visto demasiado, que han perdido todo o tuvieron que crecer demasiado pronto. Seres humanos que estrenan la vida de una manera muy penosa, muy injusta.

En esos contextos donde la tristeza manda, donde el hambre aqueja, y donde los adultos no siempre se encuentran disponibles, los chicos encuentran, sin embargo, su mágico tesoro: la capacidad para hacer del juego una herramienta capaz de distenderlos y aliviar, al menos por un rato, el enorme sufrimiento que atraviesan solos o junto a sus familias.

Aunque los juguetes hayan quedado demasiado lejos debido a un deslazamiento forzado, a pesar de que no haya demasiado con qué jugar en los campamenos de refugiados, la opción del juego resiste y ofrece su cara más luminosa aun en medio de las catástrofes. Chicos corriendo, sonriendo, saltando, pateando una pelota hecha de trapo, haciendo burbujas con elementos muy simples o componiendo melodías con una cuchara y un plato.

Jugar es el único derecho que resguardan, cuando todo lo demás ha sido vulnerado. Por eso, en los complejos escenarios donde trabaja Médicos Sin Fronteras (MSF) alrededor del mundo, las actividades recreativas se convierten en aliadas que les permiten recuperar algo de la cotidianeidad que las emergencias humanitarias les suelen quitar. En ocasiones, también, forman parte del proceso de atención en salud mental que brindan los equipos de la organización.

Así, en medio de graves conflictos como el de Ucrania, Siria, Sudán o Congo, niños y niñas siguen jugando, riendo, con la ilusión intacta y el sueño de que el dolor algún día termine.

A través de estas imágenes, nos sumamos a la esperanza activa de MSF de que puedan recuperar la alegría genuina, los lugares seguros, el abrigo y el cuidado amoroso que tanto necesitan, para vivir en un mundo donde la paz sea una realidad posible.

Mujeres, niñas y niños asisten a las sesiones sobre la promoción de la salud nutricional en el centro de alimentación para pacientes hospitalizados de la ciudad de Katsina, Nigeria. Copyright: Zoe Bennell/MSF.

Niños rohingya juegan fútbol en campos de refugiados en Bangladesh. A casi siete años de haber huido de la última y mayor campaña de violencia selectiva en Myanmar, muchos de estos niños y niñas crecieron en estos campamentos superpoblados y temporales. La población rohingya sigue siendo apátrida y no se le reconoce oficialmente como refugiados. Junio 2023. Copyright: Victor Caringal/MSF.

Adama, de 12 años, juega con su hermano Mahamat, de un año, en el campo de desplazados de N’Djamena, Chad. Además de la ayuda de emergencia a los refugiados, otra de las prioridades de Médicos Sin Fronteras (MSF) en el país ha sido apoyar las campañas de vacunación y mejorar el programa de vacunación rutinaria. Asimismo, tras el estallido del conflicto en el vecino Sudán, el personal de la organización inició una respuesta de emergencia a gran escala para asistir a los miles de refugiados que llegaban al este de Chad. Copyright: Diciembre 2022. Fausto Podavini

Jóvenes juegan en el centro de bienestar Baobab, construido por Médicos Sin Fronteras (MSF), en el campo de refugiados de Tongogara, en Zimbabue. Este centro presta servicios de salud mental, que incluyen apoyo individual, sesiones de gestión del estrés y actividades recreativas para ayudar a las personas a lidiar con el estrés y el trauma. La mayoría de los refugiados provienen de la República Democrática del Congo, Mozambique, Burundi y Ruanda. Durante su estancia en sus países de origen, la mayoría sufrieron las consecuencias de la guerra, tortura y lesiones físicas, que les obligaron a huir. Mayo 2023. Copyright: Dorothy Meki/Afro Vision.

Rayan, de 7 años, es uno de los miles de niños y niñas sudaneses que viven en el campo de tránsito de Adré. Posa orgullosa frente a las tazas y teteras que fabrica con barro que recoge después de la lluvia. Julio de 2024. Copyright: Thibault Fendler/MSF3.

Mazim (a la derecha), de 12 años, juega al fútbol contra sus dos hermanitos con una pelota que hicieron con un par de medias rellenas de bolsas de plástico. Mazim es el mayor de seis hermanos. Es originario de El-Geneina, capital de Darfur Occidental. Al igual que cientos de miles de niños, huyó de Sudán hacia Chad con su familia tras el estallido de la guerra en abril de 2023. Desde hace más de un año vive en el campamento de tránsito de Adré. Julio 2024. Copyright: Thibault Fendler/MSF.

Más información en www.msf.org.ar

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