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Desarrollo Personal

20 abril, 2021

¿Cuándo dejamos de dibujar?

Lo hacemos desde antes de ser capaces de hablar como forma de comunicarnos o para elaborar experiencias. Pero un día, nuestra mano desiste y se olvida. ¿Se olvida? Aquí, la guía de expertos sobre qué podemos hacer o dejar de hacer los adultos para que las manos se sigan expresando.


(Foto: Pexels).

Por Victoria Llorente

“Las personas grandes me aconsejaron que dejara de un lado los dibujos de serpientes boas abiertas o cerradas y que me interesara un poco más en la geografía, la historia, el cálculo y la gramática. Así fue cómo, a la edad de los seis años abandoné una magnífica carrera de pintor… Las personas grandes no comprenden nada por sí solas y es cansador para los niños tener que darles siempre y siempre explicaciones”, escribe Antoine de Saint- Exupéry en una versión explicada del famosísimo El Principito.

Los chicos dibujan siempre. Desde que tienen la capacidad de agarrar un lápiz o cualquier material donde pueden expresarse. Hacen redondeles, hacen rayas. Dibujan, colorean. Disfrutan. Pero hay un momento en que, a muchos, eso que les nace de manera tan natural, tan espontánea y tan genuina, les resulta imposible. “Yo no sé dibujar”, “No mezclo bien los colores”, “Soy muy malo”. ¿Cómo es posible que una actividad que nos sale casi de manera intuitiva deje de hacerlo a medida que pasan los años? ¿En qué momento dejamos de dibujar?

Decir a través del dibujo

“El dibujo cumple varios roles en el desarrollo del niño: desde la motricidad, el control del trazo para la futura escritura, hasta la expresión de emociones, elaboración de experiencias, y también como forma de conocer el mundo”, explica Soledad Fliess, Licenciada en Psicopedagogía y terapeuta gestáltica especialista en niños, adolescentes y familias. “Es una poderosa arma de salud mental y emocional”, destaca.

Dibujan porque es un juego, porque es su manera de decir cuando no saben cómo hacerlo, porque liberan tensiones, porque crean, imaginan y porque disfrutan de hacerlo. Luisa Freixas es artista y madre de 3 hijos. Durante muchos años se dedicó a dar talleres de arte para niños y adolescentes y asegura que a los chicos no hay que enseñarles a dibujar. “Hay que darles herramientas, alentarlos a hacer lo que quieren, a que no se frustren, hay que darles ideas, disparadores. Hay que mostrarles que se puede dibujar con cualquier cosa: con barro, con harina, con café, con remolacha. Insistirles en que todo vale. La gente grande se preocupa mucho por que no ensucien la casa, ni la ropa, ¡pero todo sale!”, cuenta y se ríe. 

(Foto: Pexels).

Hay algo en común en casi todos los niños a la hora de crear: “Les gusta dibujar animales, dinosaurios, autos, ciudades, canchas de fútbol con jugadores, cielos, arcoíris, flores, mariposas, castillos, volcanes, dragones, barcos, fondo de mar, selvas”,  dice Luisa Freixas.

El artista alemán Arno Stern fue el creador de un término que tiene que ver justamente con la expresión de los niños en el dibujo, conocida como “Formulación”. Él está convencido de que existe un bagaje común en todos, sin importar dónde hayan nacido. Son recuerdos e imágenes que creemos olvidados pero que están grabados en algún lugar de las profundidades del ser. Se trata de una memoria orgánica: allí se guardan los registros que han acompañado al desarrollo de la persona desde la vida intrauterina y durante los primeros años de vida. “Esos que uno dice: ‘no me acuerdo de nada’. Él sostiene que es eso lo que el niño dibuja espontáneamente cuando se les brinda el espacio, un lugar y los materiales adecuados. Cuando se los deja ser y hacer sin ser juzgados, sin una consigna, y sin preguntarles qué es lo que están haciendo”, explica Milagros Rodríguez Firpo, Licenciada en Psicología y artista.

(Foto: Pexels).

La mirada del adulto

El método Montessori, creado por la doctora María Montessori, coincide con la Formulación de Stern y destaca que las primeras expresiones artísticas de todos los niños del mundo siguen los mismos patrones, hasta que son influenciados por su cultura. “Los juicios, comentarios y reacciones de los adultos, incluso los más mínimos, cortan la expresión artística y se interponen frenando la creatividad. Los niños muchas veces realizan piezas de arte por su ponderación y no por su propia satisfacción. De esta manera se vuelven dependientes del adulto y de su aprobación”, explica Marisa Canova, cofundadora  y directora  del Centro de Entrenamiento AMI (Asociación Montessori Internacional).

Materiales a mano, siempre listos. Por Luisa Freixas

En todas las casas tiene que haber hojas, marcadores, témperas, crayones. Pero también hay que ocuparse de que el lápiz tenga punta, que las acuarelas estén en estado. Si siempre hay, se va a dibujar, pero tiene que estar apto para dibujar. Si hay eso, se dibuja. Y que haya ocio también. Hacer nada y un lápiz disponible lleva al dibujo.

Aunque asegura que no puede hacer una generalización, la psicopedagoga Soledad Fliess comenta que dejar de dibujar no necesariamente tiene que ver con una edad, pero que por lo general coincide con el inicio de la educación formal. “Creo que dejan de dibujar a partir de varias experiencias de juicio, de experiencias que se relacionan con la calidad de las producciones, aun cuando éstas vengan acompañadas del ‘visto bueno’. Cuando un niño me muestra un dibujo y yo digo ‘¿qué es?’ o ‘qué lindo, me gusta’, le estoy diciendo que hay lindo y que hay feo, que hay dibujos que gustan y otros que no. Y  es a partir de ese momento donde deja de dibujar con libertad. Los dibujos empiezan a ser pensados y creados para gustar, o para ser copias de la realidad, y se pierde lo rico de la expresión y de la espontaneidad porque la frustración empieza a pesar más”, agrega la terapeuta.

Milagros Rodríguez Firpo coincide con esta mirada: “Todo el tiempo la consigna, el pedido, el para quién. Todo el tiempo estamos dando indicaciones de cómo pintar, y qué es qué. En la escuela primaria, lo mismo. Después empezamos a darles leyes de composición. Poco a poco los vamos llenando de ideas y de conceptos cuando el arte debería salir de ellos mismos”, cree la psicóloga y artista. “El arte no entra en los niños, el arte sale de ellos. El niño, que desde el momento cero está buscando el amor incondicional, la aceptación y la aprobación, quiere hacer lo que le pedimos que haga, hasta que llega un momento que no encuentra esa mirada amorosa. Entonces se desconecta de sí mismo y del placer de dibujar por dibujar”.

 “Todos los niños nacen artistas. El problema es cómo seguir siendo artistas al crecer”, Pablo Picasso.

De pinceles y hojas en blanco

Para Luisa Freixas este abandono va un poco de la mano de dos aspectos: los mismos padres, que a veces piensan que hay un momento que no deberían dibujar más entonces dejan de tener material a mano. Y también porque temen que su hijo sea artista y entonces llega la inquietud de “de qué va a vivir”. “Yo creo que si tuvieran acceso al material, dibujarían todos. Cuando vienen amigos a casa, y ven que están los lápices a mano, los agarran y se ponen a dibujar. Muchos padres, y la sociedad en general, piensan que hay un momento en que se deja de jugar y de dibujar y regalan todo”, reflexiona la artista.

Pero para que los chicos no dejen de dibujar, coincide Rodríguez Firpo, es necesario habilitarles el material, que lo tengan siempre a mano: “Es importante que al niño se le acerquen estos materiales. Que se ensucie sus deditos con pintura o pinceles. Ni hablar de la calidad. Los materiales tienen que ser de buena calidad. Más vale poco, pero bueno. Porque lo que sale de su pensamiento se va a ir reflejando con la mano, con lo que va dibujando, y cuando eso se ve obstaculizado porque la punta de un lápiz, por ejemplo, se quiebra, aparece la frustración y el niño probablemente va a dejar de hacerlo”.

Poner a disposición material de calidad es una manera de que los chicos sigan dibujando. Pero también, reformular nuestra mirada sobre lo que están haciendo puede colaborar en que esta forma de expresión siga siendo espontánea a lo largo de sus días, más allá de a qué se dediquen cuando sean más grandes.

(Foto: Pexels).

Así también lo explica Marisa Canova desde la mirada de la pedagogía Montessori: “Los niños aprecian el proceso mientras realizan actividades de arte y no el producto final, que es lo que en su mayoría piensan los adultos. Para ellos, lo importante a la hora de crear, es la experiencia personal y no se busca que los niños estén pensando en el adulto sino en disfrutar mientras lo hacen”. De acuerdo a su perspectiva, los comentarios de los grandes deberían enfocarse en la expresión de arte y no en el producto, con reflexiones como “Te vi muy concentrado mientas pintabas, noté que hoy usaste el color azul”.

Soledad Fliess, terapeuta especializada en niños, familias y adolescentes, está convencida de que para que un niño permanezca dibujando debe hacerlo en un ambiente seguro. “Y esto no es solo en cuanto al dibujo, sino en todo lo que hacen. Dibujar es algo muy íntimo y sentirse mirados puede resultar una experiencia invasiva. Es importante tener presente que dibujar es una forma de expresar lo que nos pasa, e incluso de elaborar situaciones. Y si expreso algo que es valioso, importante o difícil delante de otra persona, puedo sentirme muy expuesto. Tener un espacio propio y de intimidad es importante a toda edad. Si los niños necesitan hacernos parte de la experiencia, seguramente buscarán nuestra mirada”, concluye.  

Para bucear un poco más


Desaprender. Bella canción de Adrián Berra donde habla del cuidado del niño interno. “Desaprender lo que creo haber aprendido”. “Buscar a pesar de los años, a través del tiempo, caminar descalzo, caminar despierto. No es cuestión de tiempo, es cuestión de ser. El que cuida a su niño es el que tiene poder…”.

Observar, conectar, celebrar: las enseñanzas sobre creatividad de Sister Corita. Un libro con una lindísima y simple recopilación de las enseñanzas de la monja, artista y educadora estadounidense.

Maudie, en Netflix. La vida de la artista canadiense Maudie Lewis. Una película donde se muestra que sentirse amado y cuidado, además de tener buenos pinceles, es un camino al arte, más allá de todos los prejuicios.

-En Youtube: Charla TED de André Stern, hijo de Arno Stern. “La ecología de la niñez: el poder del entusiasmo”.

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