28 de abril de 2025
El novelista brasileño Mário Andrade (1893-1945) escribió un poema llamado “Golosinas” que comienza así: “Conté mis años y descubrí que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora”. Y aunque la medicina moderna haya logrado que la vida se estire un rato más que en las épocas de Andrade, todos llegamos —incluso quien esto escribe— a los cuarenta y tantos pensando que la cuenta empieza a darnos al revés. Es ahí cuando las preguntas se agolpan en la cabeza.
¿Me gusta lo que hice hasta hoy? ¿Quiero seguir mis días de esta forma? ¿Qué haré con mi tiempo cuando los hijos se vayan? ¿Me sigue satisfaciendo la carrera profesional que elegí a los 20? ¿Es esta persona con la que duermo a diario mi compañía hasta el final?
Ninguna respuesta será seguramente fácil de resolver, pero esta crisis que puede ocurrir cuando se llega a la mitad de la vida también da lugar a un despertar nuevo, un renacimiento, un camino que puede ser distinto al transitado hasta hoy.
“Esta etapa suele venir acompañada de ciertos desafíos concretos, pero la pregunta de quién soy o quién quiero ser finalmente yo, qué voy a hacer con los años que me quedan, cómo voy a disponer de este tiempo siguiendo mi propia brújula, es una invitación riquísima que, cuando la podemos aceptar, despliega posibilidades inéditas que nunca antes imaginamos posibles”, cuenta Fabiana Fondevila, escritora, docente y facilitadora de espacios de aprendizaje.
Pero no vayamos directamente a la luz que se avizora al final del túnel, sin primero explorar de qué se trata esta crisis de la mediana edad. Esa noche oscura que el tiempo nos invita a atravesar.
“Cuando los hijos crecen, la casa se silencia y la pareja se vuelve un espejo, muchas mujeres y hombres atraviesan una crisis. No es el final: es el comienzo de un nuevo viaje —señala Romina Halbwirth, psicóloga, hipnoterapeuta y docente—. Es que lo que antes era urgencia (los pañales, el deber diario, el ascenso en una carrera profesional) da paso a un espacio de pausa que puede sentirse como un abismo. Es ahí donde se filtran las preguntas”.
Para Halbwirth, cuando no hay respuestas claras, emerge la famosa crisis de los 50. “Una especie de noche oscura del alma. Una etapa en la que nada brilla demasiado, y sin embargo, algo dentro late. No es depresión, no es tristeza. Es un llamado. Uno que no suena desde afuera, sino desde muy adentro. Un llamadón, diría yo. Porque cuando la vida te quema interiormente, es porque algo quiere nacer”, agrega convencida.
¿De qué hablamos cuando hablamos de la noche oscura del alma? Es un concepto derivado de un poema de San Juan de la Cruz y retomado por el psicoterapeuta y escritor Thomas Moore. Se trata de un período difícil en la vida espiritual de una persona que lleva a un camino de búsqueda de sentido y a un renacimiento.
“Una noche oscura del alma no es extraordinaria ni rara. Forma parte de la vida y podemos beneficiarnos de ella tanto o más que de los momentos normales. Yo considero la noche oscura del alma como un período de transformación. Se parece más a una fase de la alquimia que a un obstáculo que nos impide alcanzar la felicidad”, explica Moore en su libro Las noches oscuras del alma.
El monje benedictino alemán Anselm Grün también aborda esta temática en su libro La mitad de la vida como tarea espiritual, donde expresa que la vida de todas las personas es una sucesión de nacimientos y muertes, o mejor dicho de transformaciones. Y que por esa razón debemos abrirnos a la aceptación y a la espiritualidad. “La crisis de la mitad de la vida es la coyuntura de la esperanza y esto representa una ‘apertura’, una conmoción y una perplejidad que puede llegar a la angustia. El tema es apasionante y nos afecta a todos de manera insoslayable. Es una situación límite de nuestra existencia”, sostiene Grün.
Por su parte, Grace Antognazza, licenciada en Arte, life coach y facilitadora de círculos de mujeres, dice algo más sobre esta experiencia: “Nos confronta con todo aquello que ha quedado negado, reprimido o sumergido en el inconsciente. Es como si, de repente, se corriera un velo y pudiéramos ver lo que antes no nos era posible percibir. La sombra, ese otro lado de nosotros mismos que por distintos motivos hemos ocultado, finalmente se presenta ante nuestros ojos”.
Sin embargo, así como Moore hablaba de una transformación, la coach explica que esta crisis no se presenta necesariamente para desestabilizarnos, sino para ampliar la visión y la perspectiva de nuestra existencia. “Nos invita a mirarnos con honestidad y empezar a entender quiénes somos realmente, más allá de los roles, las expectativas externas y las construcciones de identidad que hemos sostenido”.
Quizás tenga que ver con eso: ¿cuántos mandatos asumimos como propios, pero cuánto, también, avanzamos con respecto a nuestros padres y abuelos para comenzar a decir, al menos en la segunda mitad de la vida, renovados y ardientes “no”?
“El mensaje es claro —asegura Antognazza—. Ya no hay tiempo para seguir posponiendo la vida que realmente queremos vivir. La conciencia de nuestra finitud se convierte en un motor para priorizar lo esencial”.

“Todos los fundamentos del ego se construyen en la primera mitad de la vida y, a veces, no dejan mucho tiempo para más. Pero cuando todo eso ya está más o menos resuelto, empieza a aparecer un llamado que Joseph Campbell denominaba ‘el viaje del héroe’, que es como el llamado del alma. Es un tipo de pregunta y de anhelo que viene de más abajo, de más hondo, ya no del ego y de las exigencias sociales, sino del centro de la propia identidad. Tiene que ver con encontrar un sentido de misión propio, realmente auténtico y propio”, explica Fabiana Fondevilla, quien se considera a sí misma “propulsora de un activismo gozoso y vital”.
Pero, antes de continuar con este viaje, volvamos al concepto de Campbell. “Un héroe es alguien que ha dado su vida por algo más grande que él mismo”, decía este brillante mitólogo. Había llegado a esa conclusión tras haber estudiado exhaustivamente las mitologías del mundo y hallado curiosos paralelos en torno a este relato. Y está claro que no hablaba de héroes de capa y espada, sino de personas de carne y hueso que eligieron decir “sí” a su aventura de su vida y abrazaron el difícil camino del crecimiento y la conquista espiritual.
Fondevilla, una estudiosa de este concepto, explica que ese llamado no siempre se expresa de forma explícita, ni de manera amable. “Muchas veces ocurre con malestar, con síntomas, con enfermedad, con algo que se cae: un trabajo, una pareja, algún proyecto que venía funcionando bien. Esa disolución, esa caída, nos enfrenta con lo que viene pujando por nacer. Campbell mismo decía que si uno está siguiendo un camino que está muy iluminado y muy claro, es el camino de otro. Es decir, el camino propio siempre es oscuro e incierto porque uno lo va gestando con cada paso”.
Este camino también tiene que ver con nuevos permisos que, quienes hoy llegaron a los 50, se están dando. Permisos que a la vez llevan a hacerse preguntas respecto a la vida que llevaron hasta el momento y la que quieren tener de aquí en adelante.
“Muchas parejas llegan habiendo sido un gran equipo, habiendo criado, sostenido, sobrevivido incluso a momentos muy difíciles. Pero un día se miran y no se reconocen, o se reconocen demasiado en el otro… y eso duele. No es que el amor se apagó, pero ya no sostiene el proyecto. Entonces aparece una decisión que es más valiente que trágica: soltar, sin destruir. Separarse, no para irse, sino para reencontrarse”, comparte Halbwirth.
Esto mismo podría trazarse en el ámbito laboral. Enfrentarse con esa carrera que se comenzó a desarrollar en una juventud muy temprana —quizás demasiado— y que hoy puede haber perdido fuerza, interés, y hasta vigencia en tiempos que se han vuelto tan tecnológicos y desafiantes, es otra de las posibilidades que aparecen en este camino de autodescubrimiento.
Para atravesarlo, Fondevila aconseja en sus talleres hacerse buenas preguntas. Y nos da algunas del filósofo estadounidense Sam Keen que pueden servir como disparador:
¿Adónde me dirijo en la vida?
¿Qué valoro realmente?
¿Qué me da un sentido de propósito?
¿Quién me dio el mapa que he seguido hasta el momento?
¿Dónde estoy hoy en el viaje de mi vida?
Cuándo me pierdo o me distraigo, ¿qué me hace encontrar la salida del bosque?
El llamado a la transformación puede ser atendido o no, claramente, y eso depende de cada uno de nosotros. “Sin embargo, si no lo atendemos y nos obligamos a seguir con la vida como si nada pasara, algo empieza a marchitarse por dentro, la fuerza vital merma y podemos caer en una depresión o en algún cuadro similar, disociándonos de nuestra propia vitalidad”, explica Fodevila.
A la hora de decidir si atender o no, quizás la clave sea reparar en esa palabra tan temida que introduce Andrade. “El vínculo con la muerte se vuelve un gran maestro. No como una amenaza, sino como un recordatorio de que la vida es finita y que cada instante cuenta. Nos impulsa a dejar de postergar lo importante y a tomar decisiones que nos acerquen a nuestra verdad. Nos enseña que lo único que realmente importa es vivir con plenitud, en coherencia con nuestro ser más profundo”, finaliza Grace Antognazza.

Una obra de teatro
El unipersonal Okasan, interpretado maravillosamente por Carola Reyna, se mete en el interior de una madre cuyo hijo se fue a vivir al otro lado del mundo. En el relato, se puede observar el duelo por la lejanía de los hijos, pero también por el paso del tiempo y el devenir de la vida. El personaje de Okasan viaja a Tokio a visitar a su hijo y recorre también las profundidades de su alma. La obra se puede ver todos los sábados, a las 22 h., en el Teatro Picadero.
Algunas lecturas
El héroe de las mil caras, escrito por el mitólogo estadounidense Joseph Campbell, es una investigación profunda de la estructura arquetípica del viaje del héroe, presente en muchos mitos y leyendas a través de la historia.
La segunda mitad de la vida de Angeles Arrien. «Cuando en la mitad de nuestra vida encontramos el valor de cambiar, acaece el milagro», explica largamente en este apasionante relato la antropóloga española.
La mitad de la vida como tarea espiritual, del monje benedictino Anselm Grün aborda el tema con una mirada trascendente, desde el punto de vista de la psicología de Carl G. Jung.
El Capítulo IX de Mujeres que corren con los lobos, de Clarissa Pinkola Estés, se llama “La vuelta a casa, el regreso a sí misma” y es un interesante relato sobre esta etapa de la vida.
Mi alma tiene prisa (Poema Golosinas), de Mario de Andrade.
Un podcast
En el podcast “Menopausia mitos y verdades”, “Reina” Julia D´amico y Techi Asplindh entrevistan no solo a profesionales de la salud que les hablen a las mujeres sobre las distintas particularidades de esta etapa de la vida, también recaban testimonios y hacen reflexiones sobre el duelo por los padres y los vínculos de pareja luego de los 50.
Dos buenas películas
Los descendientes (2011)
El director Alexander Payne suele tratar temas complejos en formas que fluyen con conmovedora simpleza. Así, en este relato, el personaje que interpreta George Clooney debe enfrentarse al duelo de la viudez, la tristeza de sus hijas y el legado familiar. Payne pone a su personaje en un replanteo absoluto de su vida y lo enfrenta a una noche oscura que tiene también un renacer. Se puede ver en Disney+.
Perdidos en Tokio (2003)
En esta bellísima película de Sofía Coppola, muestra a una solitaria estrella del cine interpretada por Bill Murray atravesando —no sin cierto humor— una intempestiva crisis de mediana edad, mientras deambula por las calles de una Tokio que no duerme. Se puede ver en Amazon Prime Video.
Una serie conmovedora
After life
Cuenta la historia de Ricky Gervais, un periodista de alrededor de 50 años, que debe atravesar el duelo por la muerte de su mujer. Con humor cáustico y una buena dosis de belleza, la historia recorre grandes reflexiones sobre la vida y sobre una honda verdad: como todos vamos a morir, la gran tarea de la segunda mitad de la vida es elegir cómo vivir.
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Excelente! Es un tema que a todas nos atraviesa