11 de agosto de 2025
Cada estación nos impacta de manera diferente: en la energía, en las ganas y también en la disponibilidad para crear. El clima actúa como un termómetro emocional: en primavera florecen las ideas y nos abrimos a lo social, y en invierno nos volvemos más introspectivos (el viaje es hacia adentro). Así, el calendario anual también puede leerse como un mapa sutil de nuestros movimientos internos.
En este contexto surge el concepto creatividad estacional para hablar acerca de cómo el proceso creativo va cambiando según el entorno: “Reparar en que la naturaleza presenta ciclos me llevó a preguntarme muchas veces si eso incide en nuestra biología y si esa información me permitiría optimizar mi energía. Luego de combinar investigación de bibliografía científica con mis propios registros creativos estacionales, encontré que la creatividad no es lineal, sino que también presenta tiempos”, dice Lucila Cáceres, neurocientífica y mentora creativa de marcas personales, y quien desarrolló el concepto de creatividad estacional.
Con cada estación varía la temperatura, la cantidad de horas de luz, el tiempo que pasamos al aire libre y el nivel de estímulos que recibimos del entorno. Si estamos atentos, nuestra alma puede ir sintonizando su brújula interna para acompañar cada transición: “Tener en cuenta esta ciclicidad nos permite potenciar lo que nuestro sistema está preparado para hacer en cada momento: a mayor cantidad de horas de luz natural, más despiertos estamos y con mayor producción y liberación de serotonina (neurotransmisor vinculado al bienestar). En cambio, en las estaciones frías —cuando hay menos horas de luz—, aumenta la melatonina y por ende el deseo de dormir es mayor. Todo esto impacta directamente en nuestra biología y procesos creativos”, detalla Cáceres.
Por su parte, Facundo Arena, fundador de Laboratorio Gaiki —un espacio de creatividad en el que acompañan a personas y equipos en el desarrollo de sus vidas y proyectos—, suma: “Las ideas generadas en una habitación con mucha luz natural no serán las mismas que surgen en un espacio oscuro. La estación del año es parte del contexto; influye en el proceso. Para un cantautor, el invierno puede ser una buena época para componer canciones nostálgicas porque anochece más temprano, mientras que la primavera puede ser un gran momento de inspiración de canciones alegres y optimistas”.

En este sentido, la artista e ilustradora Gabriela Regina dice que, para ella, crear es dar vida y la vida siempre está en movimiento. Como artista, tiene un diálogo profundo y cotidiano con la naturaleza y sus ciclos:
“Cada estación del año me muestra un sentir diferente: el invierno, con su tiempo lento y su día corto, me invita a pensar proyectos, a la introspección, a nutrirme en lecturas y referentes. Luego, cuando llega la primavera y todo empieza a llenarse de colores y perfumes, esas ideas florecen y cambia el ritmo de mi trabajo: dibujo al sol, estoy más activa. Algo que me enseñó la naturaleza (mi gran maestra), es a respetar los ciclos o procesos creativos sin miedo. No podemos apurar a una flor, hay que perder las hojas secas para que siempre vuelva a brotar lo nuevo”.
Arena define la creatividad como el proceso mediante el cual las cosas se combinan para dar lugar a algo nuevo. Y subraya que este fenómeno sucede todo el tiempo, en todos los ámbitos, no solo en el arte como solemos pensar: desde la formación y expansión del universo hasta los vínculos humanos.
Por su parte, Florencia Ortelli, miembro de Laboratorio Gaiki, agrega: “La creatividad es un salvavidas: la habilidad de crear nace con nosotros y es la que nos mantiene en pie ante las vicisitudes de la vida. Ante la duda, el miedo, la incertidumbre o la curiosidad, siempre el remedio es crear”.
Como bien señala Ortelli, si bien con los años se popularizó la versión “artística” de la creatividad (la de los pintores, diseñadores, músicos y escritores), y se dejó de lado lo creativo de un modelo de negocios, de la construcción de una metodología o los avances tecnológicos, por ejemplo, el ser humano nace con la capacidad innata de crear: “La vida es una improvisación, por lo tanto creamos en cada pequeño y gran acto: desde inventar un desayuno nuevo, combinar nuestra ropa o componer una canción. Desde diseñar la estructura de un edificio hasta una estrategia de negocio”.

En la misma línea, Cáceres afirma que la creatividad es una capacidad que se puede aplicar a cualquier ámbito: “Uno puede elegir tener una vida creativa cuando se pregunta cotidianamente ‘¿qué otras formas hay?’. Puede surgir esa pregunta cuando tenemos que crear un proyecto innovador o encontrar una nueva ruta al trabajo. Es desafiar lo conocido”.
Una frase muy linda que escribe Elizabeth Gilbert en su libro Libera tu Magia dice: “El universo entierra joyas inesperadas dentro de todos nosotros y luego, da un paso atrás y espera a ver si las encontramos. La búsqueda para desenterrar esas joyas: eso es vivir creativamente. El valor de emprender esa búsqueda: eso es lo que diferencia una existencia anodina de una especial”.
Y acá se abre la gran pregunta: ¿todos somos creativos?
“Todos somos potencialmente creativos, pero en la práctica no siempre lo somos. Creativo es, ante todo, quien toma la decisión de hacer algo que mejora o cambia las cosas. El que va para adelante hasta materializar lo que imaginó. Aunque todos tenemos ideas, no todos tienen el impulso para concretarlas”, opina Arena. Y Cáceres suma: “Las personas no son más creativas porque tengan un don, son más creativas porque le dan [a la creatividad] una dirección con propósitos y objetivos claros”.
¿Qué podemos hacer, entonces, para potenciar nuestro ser creativo?
“Desafiarlo todo, incluso nuestros propios pensamientos. Ponerle un símbolo de pregunta a cada problema, situación, creencia limitante o rutina que ya nos aburre. Cuestionar las cosas es el primer paso para comenzar a pensar de otro modo. De un modo que muchas veces es más incómodo, pero que suele abrir nuevos caminos y posibilidades” dice Arena.
Además, es necesario que podamos indagar en nosotros mismos, en nuestros gustos, intereses, historia de vida, miedos y ganas. El autoconocimiento es clave a la hora de crear, ya que cuanto más nos conocemos, más fácil se nos hace combinar nuestros aspectos singulares para crear algo diferente. También es fundamental que empecemos a prestar atención a las señales y energía que trae cada ciclo estacional.
Por eso, los especialistas de Laboratorio Gaiki nos ayudaron a armar una mini-guía con algunas ideas clave a tener en cuenta.

Creatividad en verano
El verano es sinónimo de aire libre, viajes, vacaciones y descanso laboral, lo que hace que podamos aportar nuevos elementos al proceso creativo. Hoy se sabe que las ideas necesitan espacio para respirar. Por eso, es importante buscar actividades que ayuden a calmar el ruido mental: salir a caminar, hacer algo con las manos (cocinar, jardinería o cerámica), o meditar. También es una gran época para el ocio y el juego, grandes aliados de la creatividad, y para disfrutar de la naturaleza o compartir encuentros sociales de todo tipo. El verano tiene una energía naturalmente expansiva, y eso puede favorecer que nuestras ideas crezcan, florezcan y se proyecten. Podés preguntarte:
¿Cómo puedo variar mi rutina esta semana? No importa si es tomar un café en un lugar nuevo, cambiar tu corte de pelo o concretar una charla pendiente. Pequeñas acciones pueden renovar el rumbo de tu semana.
¿Qué proyecto necesita de mi energía expansiva? Identificá aquello en lo que quieras invertir tu tiempo y vitalidad.
¿De qué manera puedo escalar mi idea? Planteá objetivos a dos semanas, un mes y tres meses.
Creatividad en invierno
El invierno nos invita a resguardarnos y refugiarnos en la calidez de nuestros espacios. Es un buen momento para la introspección, la reflexión y para concentrarnos por largos períodos en la creación de algo (como escribir, por ejemplo). Podríamos pensar al invierno como una invitación a construir ese refugio que el alma necesita para crear. Durante esta estación, nuestra capacidad de atención es opuesta a la del verano: tendemos a dispersarnos con mayor facilidad, por lo que aumentar las horas de descanso se vuelve fundamental. Permitirnos el aburrimiento es primordial para que puedan emerger nuevas ideas. ¿Qué preguntas podemos hacernos?
¿Cómo puedo pasar más tiempo en esos lugares?
¿De qué manera aportan a mi creatividad? Hacé una lista de esos elementos que se convierten en fuente de inspiración.
¿En qué espacios o con qué personas encuentro sensación de refugio?

Creatividad en otoño
En otoño el ritmo empieza a desacelerar y se vuelve fundamental elegir con cuidado a qué proyectos dedicar nuestro tiempo. Es una estación de transición, ideal para procesar la información relevante que ya acumulamos y así evitar la sobrecarga. La creatividad minimalista no significa dejar de crear, sino hacerlo con mayor eficiencia, priorizando conscientemente aquello que realmente podemos sostener a lo largo del tiempo. El otoño es época de recambio y de soltar lo que ya no suma. Natalia Rivas, Growth Manager de Gaiki, lo define como “el tiempo de la poda”. Inspirados en ese concepto natural, podríamos hacernos algunas preguntas clave:
¿Qué sobra en mi vida, en mi agenda o en mi hogar?
¿Qué necesito desaprender?
¿De qué puedo desprenderme para hacer espacio a lo nuevo?
¿Qué ya no tiene sentido en mi vida?
Creatividad en primavera
En primavera, el movimiento y la energía que despierta el entorno nos entusiasman a compartir las ideas que se gestaron en las estaciones previas. Es el momento de salir a comunicar y expandir creativamente nuestro mensaje. El desafío es que, si no nos detuvimos en invierno, solemos llegar a esta estación agotados y con los primeros síntomas de burnout, perdiendo así oportunidades clave de conexión. La primavera, con su energía de florecimiento, es la época ideal para comenzar cosas nuevas. ¿Qué preguntas podemos hacernos?
¿Cuál será mi pequeño primer paso?
¿Qué podría empezar hoy?
¿Qué estoy dispuesto a aprender?
¿Qué ya no puedo seguir postergando?
En nuestro 23° aniversario quisimos regalarte una jornada muy especial, que incluyó momentos llenos de alegría y emoción. ¡Gracias por acompañarnos en nuestra fiesta de cumpleaños!
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