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Inspiración

19 agosto, 2021

Crear belleza

¿Qué hacer frente una realidad que duele? ¿Cómo ofrecer lo mejor de nosotros en cada pequeña oportunidad que nos da la vida? Una reflexión acerca del inmenso valor de cuidar el alma del mundo.


Fotos: Pexels.

Por Daniela Roldán

Escucho el relato que alguien me hace de varios sucesos dramáticos ocurridos en el mundo. Dolores infringidos por unos pocos seres humanos a otros muchos. Abusos de poder, violencia, sometimiento. Imposible no pensar en tanto dolor, en tanto sufrimiento en el planeta Tierra, nuestro pequeño hogar. Tanto es el sufrimiento, que puede ahogarnos y paralizarnos en un sinsentido o, como forma de protección, en la indiferencia, en el adormecimiento. Total, ¿qué puedo hacer yo?

Ya no escucho… Miro a través de la ventana y veo mis plantas, que están tan lindas, y es entonces como un pensamiento llega hasta mí: crear belleza.

Respiro profundo, como si al inspirar pudiera inhalar todo lo que me quería decir ese pensamiento, y al exhalar hacer espacio para encarnarlo.

Cada día me convenzo más de que en la vida cotidiana nuestras acciones cuentan y tienen sentido. Y que en nuestras manos reside la posibilidad de crear belleza, en cualquier momento, sin necesidad de ser artistas. Que crear belleza no es un lujo, ni una excentricidad; es más bien una necesidad imperiosa.

Cuidar nuestras plantas, aunque sean unas pocas macetas en el balcón. Hacer una comida rica para compartir con nuestra familia o nuestros amigos, o para nosotros mismos, por qué no. Y poner linda la mesa, también. Un pequeño florero con flores compradas o cortadas en el jardín, si es que tenemos la suerte de tener uno, o unas ramitas de algún baldío.

Crear belleza tejiendo una prenda para abrigarnos o abrigar a alguien. O reciclando o restaurando objetos para darles un nuevo uso.

“Cada día me convenzo más de que en la vida cotidiana nuestras acciones cuentan y tienen sentido. Y que en nuestras manos reside la posibilidad de crear belleza, en cualquier momento, sin necesidad de ser artistas. Que crear belleza no es un lujo, ni una excentricidad; es más bien una necesidad imperiosa”.

Crear belleza regalando palabras bellas como gracias, de nada, por favor, qué lindo, qué bien, te quiero. Crear belleza con mil gestos de ternura, como sonrisas y abrazos.

Creamos belleza cuando escuchamos buena música y leemos buenos libros, porque lo que escuchamos y leemos pasa a estar dentro nuestro y nos enriquece y nos hace crecer.

Tantas formas hay de crear belleza como personas. Porque aunque hagamos lo mismo, no es igual: somos únicos e irrepetibles y en cada cosa que hacemos dejamos nuestra impronta.

Pero, ¿cómo ese crear belleza puede servirle a un mundo que sufre? ¿Cómo puede servirles a tantos seres sufrientes?

Las tradiciones antiguas de sabiduría nos enseñan que no somos seres separados. Todos los seres estamos unidos, formamos parte de un todo mucho mayor. Por lo tanto, cualquier cosa que hagamos o no hagamos, los pensamientos que tengamos, buenos o malos, nuestra actitud, ya sea amorosa o descuidada, influye en esa totalidad.
Para estas concepciones existe un alma del mundo y así como el alma individual debe ser cuidada, la del mundo también. Porque esas almas, la del mundo y la de cada ser humano, están en relación.

De ahí que, cuando cuido mi alma, cuido el alma del mundo.

Crear belleza en las cosas cotidianas, en esas cosas mínimas de todos los días, puede ser un cuidado de esa alma del mundo, si lo hacemos con amor… ¡porque el que ama, cuida! Y más allá de las acciones concretas que todos podemos llevar a cabo en favor de mejorar y solucionar realidades dolorosas, estas pequeñas creaciones de belleza pueden ser nuestra ofrenda diaria para abrazar el sufrimiento de todos.

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