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3 mayo, 2021

Craftivism: bordar para cambiar el mundo

En sociedades que se manifiestan a gritos y donde abundan los discursos vacíos, este activismo artesanal y silencioso –aunque cargado de contenido– se impone como una herramienta clave para la lucha social. ¿Cómo surgió y por qué gana cada vez más seguidores?


Una de las expresivas obras de la artista Sarah Corbett para manifestar su posición frente al consumo.

Por Florencia Rodríguez Petersen

Las calles se cortan a diario por grupos que buscan hacerse oír. Manifestantes iracundos se plantan ante un laboratorio contra las pruebas en animales. Las redes sociales se llenan de quejas por la desigualdad social. Unos hacen marchas para exigir mejores condiciones laborales y otros se enfrentan con los gobiernos. La lista, aparentemente interminable, parece ser inversamente proporcional al efecto de estas protestas. Mientras tanto, comienza a hacer cada vez más ruido una nueva forma de activismo. Tal vez, paradójicamente, el más silencioso de todos. Conocido internacionalmente como “craftivism” (ya que resulta de la conjunción de las palabras “craft” –artesanía– y “activism” –activismo–), es una manifestación cultural, social, política que cada vez tiene más adeptos

Tiene que ver con el uso de herramientas manuales que están cercanas a la artesanía en pos del bien común”, sentencia Gugui Cebey, que hacía activismo con sus bordados mucho antes de saber que había más personas en el mundo usando técnicas artesanales para manifestarse en el mismo sentido. “Siempre trabajé en reciclado textil promoviendo cuestiones relacionadas a los efectos de la industria textil en el mundo”, dice quien se convirtió en una de las referentes del movimiento en el país

“Cuando pensas específicamente un proyecto colectivo, con una línea y una bajada del activismo muy clara, con reglas muy específicas, lo más probable es que el mensaje sea muy claro”.

Gugui Cebey

Siendo estudiante de diseño de indumentaria y textil, sintió la inquietud de preguntarse por los descartes de la industria. Y desde entonces comenzó a trabajar con reciclados, pensando en propuestas que promovieran la sustentabilidad. “No era solo algo que me permitía reutilizar el textil de un modo práctico y como objeto de consumo. Siempre supe que iba más allá: no solo hacía un producto para vender, sino que había una ideología por atrás. Cuando vendía, no solo contaba cómo era la prenda sino además con qué textiles estaba hecha y por qué. Pero nunca lo había llamado craftivism”, reflexiona.  

Las creaciones de la activista del bordado Gugui Cebey trabajan sobre la necesidad de impulsar el cambio.

Hilos que unen

En el camino conoció a la estadounidense Betsey Greer, la primera en acuñar este término. Y enseguida se sintió parte. “Encontrarme con la palabra craftivism, y saber que hay muchas personas que hacen algo desde su lugar y con la misma línea, me llevó a sentirme parte de una comunidad”, enfatiza Cebey, mientras destaca lo comunitario como una cualidad intrínseca de esta forma de activismo

De hecho, ese es un valor fundamental del activismo y también lo es en su versión artesanal. No hace falta que las personas estén realizando su actividad en el mismo lugar geográfico, pero sí que haya una propuesta colectiva, superadora de la búsqueda individual

En este sentido, hay propuestas sociales destacables, como un proyecto realizado por 143 craftivistas de diversos países en 2018. El proyecto fue lanzado y coordinado por Stephanie Dunlap y Tal Fitzpatrick. La excusa fue celebrar el 70º aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos. El resultado fueron cuatro mantas cada uno de los artículos bordado por un artista en su idioma y con su impronta. En 2020, Fiztpatrick lanzó otro proyecto colaborativo y de alcance mundial: Covid19Quilt. Esta vez, el objetivo fue crear un espacio donde los artistas alrededor del mundo pudieran narrar y compartir sus vivencias en relación a la pandemia de coronavirus. 

Mientras da las puntadas finales de su enorme manta, Tal Fitzpatrick se empeña en crear conciencia.

Bordar por una causa 

CRAFTIVISM PARA RE-CONECTAR
El término fue acuñado hace casi dos décadas por Betsey Greer. “En 2003 comencé a escribir sobre cómo se entrelazan la artesanía y el activismo. Otras personas pensaban que también había conexiones y ahora gente en todo el mundo se llama a sí misma craftivist”, dice en su presentación, al tiempo que adelanta que hoy su foco está en detectar “cómo los actos de creación generan cambios y crecimiento en nosotros mismos y en los demás. Cómo la artesanía nos (re) conecta con este mundo y todo lo que hay en él”.

Pero el craftivism es mucho más que una manifestación artística o un espacio de experiencias compartidas. Es un activismo que busca generar conciencia sobre aspectos como la sostenibilidad, el respeto a la diversidad o la violencia contra la mujer. Claro que también es una herramienta para otro tipo de luchas. Así lo entendió la inglesa Sarah Corbett, que define estas prácticas como una forma de activismo suave o no violento. 

Ella fue el motor para una exitosa protesta en Inglaterra. El objetivo era lograr que la tienda de departamentos Marks & Spencer pagara un salario justo a sus trabajadores (por encima del salario mínimo). En vez de protestar delante de las tiendas, provocando la ira de los accionistas que deberían tomar esa decisión, optó por un camino más largo: convocó a artesanos en diversas ciudades del Reino Unido y les propuso que cada uno bordara un pañuelo para uno de los miembros de la junta. 

La artista inglesa Sarah Corbett en acción, instalando sus poderosos bordados en las calles de Londres.

Ella misma se ocupó de comprar los pañuelos en M&S. Y pidió a los craftivistas que tuvieran en cuenta los gustos de la persona a la que debían dedicar sus puntadas. Todo esto sin perder de vista el objetivo: lograr que los empleados de las tiendas –unos 50 mil trabajadores– pasaran de cobrar el salario mínimo a un salario justo. La respuesta fue positiva, el presidente de la compañía señaló que nunca antes había visto una manifestación más efectiva y poderosa. A través de mensajes personales, bordados a mano, los activistas habían tocado una fibra clave en los responsables de la toma de decisión. “Son herramientas fáciles de tomar y también permiten ser tergiversadas para trabajar otra cosa. No solo desde el objeto bello o decorativo sino con otro nivel de poética”, acota Cebey refiriéndose a cómo el bordado no es más que una herramienta para transmitir un mensaje poderoso.  

Arriba, una de las creaciones de Hanna Hill. Abajo, los mensajes bordados de Betsey Greer.

Hacer del mundo un lugar más lindo

Al mismo tiempo, desde su atelier en Buenos Aires, Gugui Cebey reconoce que hay algo personal en ese mensaje. Sus obras son coloridas y cargadas de detalles. “Soy super preciosista. Me gusta hacer cosas lindas y sin embargo suelo hablar de temas que son más complejos”, señala y agrega: “Capaz hago florcitas que son muy bonitas, pero en realidad estoy representando el hiper consumo, la hiper producción, el vacío emocional que la sociedad tiene y que lleva a las personas a seguir comprando cosas para llenarlo”. Justamente, apelar a lo bello fue una de las claves para el éxito en la “protesta” de Corbett para lograr el salario justo. 

Quizás una de las acciones más pequeñas y poderosas que llevan adelante craftivistas de todo el mundo tiene que ver con intervenir la ciudad con pequeños detalles bordados. Greer lanzó hace años un proyecto personal que requería comenzar el día con una afirmación. Ante la dificultad de encontrarla, comenzó a bordar cada mañana esa expresión que debería grabarse en su ser. Y más tarde comenzó a dejar mensajes en diversos sitios con la intención de que alguien los recibiera. Esta suerte de “guerrilla” fue –y aun es– replicada en diversas ciudades. 

Es decir que el craftivism no solo transforma al mundo, sino también a los artistas que, puntada tras puntada, descubren el poder de su obra. Y es remarcable cómo el activismo del siglo XXI recupera prácticas que estaban relegadas y a las que la industrialización quiso restarles valor e importancia. Sin embargo, el hacer se impone una vez más: “Para mí, el hacer con las manos es algo propio del ser humano”, reflexiona Cebey y concluye: “No importa cuánto nos industrialicemos, el ser humano siempre tiene necesidad de volver a hacer cosas con las manos. Esto algo que nunca nos dejó de acompañar en la historia”

En este lado del mundo, la brasileña María Fulô elabora bordados significativos desde Argentina, donde vive hace 15 años.

9 LIBROS PARA ENTENDER EL CRAFTIVISM
Si bien el craftivism construye a partir del hacer cada vez hay más bibliografía sobre el tema: desde relatos que recuperan el rol social de los artesanos en la historia hasta libros que proponen motivos de bordado para quienes no saben cómo dar sus primeras puntadas. Además, hay compilados de experiencias alrededor del mundo que dan cuenta del impacto del este activismo en la sociedad y en las personas.
1- Craft Activism. Joan Tapper recupera las bases de este movimiento que crece y el valor del hacer compartido.
2- Crafting the Resistance. A través de 35 casos propone el uso del bordado, el tejido y otras artesanías como herramientas de empoderamiento.
3- Craftivism. A Manifesto/Methodology. Escrito por Tal Fitzpatrick, compila las bases sobre las que se funda el movimiento.
4- Craftivism. The Art of Craft and Activism. Betsey Greer entrevistó a artistas alrededor del mundo para mostrar cómo las prácticas artesanales promueven el desarrollo personal al tiempo que impactan en la comunidad.
5- Guerrilla Kindness & Other Acts of Creative Resistance. Una introducción para quienes creen en la revolución sin violencia.
6- How to be a Craftivist – the art of gentle protest. Sarah Corbett da cuenta de cómo el proceso de la artesanía lleva a involucrarse con problemas sociales y generar cambios.
7- Resilient Stitch: Wellbeing and Connection in Textile Art. Claire Wellesley-Smith traza un paralelo entre las puntadas que forman un dibujo y el hacer que deriva en un mayor bienestar de las personas y la sociedad.
8- The Subversive Stitch. Rozsika Parker expone cómo la relación recíproca entre las mujeres y el bordado ha llevado la costura de la vida doméstica femenina a las bellas artes primero y a los movimientos sociales después impactando en la historia.
9- Why We Quilt. Thomas Knauer compiló las historias detrás de mantas hechas artesanalmente: cada realizador habló sobre su inspiración y el significado a su oficio.

Para conocer más sobre este movimiento, también podés ver la charla Ted de Sarah Corbett:

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