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Solidaridad

18 mayo, 2020

Con su negocio parado, decidieron cocinar para quienes más lo necesitan

Marcos Miguens y Cristián Menéndez, dueños de una empresa de catering, fueron unos de los tantos que vieron detenido su emprendimiento con el comienzo de la cuarentena. Sin embargo, decidieron reactivar su cocina y utilizarla para cocinar de manera voluntaria para quienes hoy no tienen acceso a un plato de comida.


Foto: Santos Lanusse.

Volvían de trabajar en un casamiento en Uruguay y, aún con la tibieza en cuerpo del verano esteño, tenían todo planeado para cocinar en una boda importante de 350 personas. Jóvenes, emprendedores y exitosos, dueños de una empresa de catering con un presente estupendo y muchos planes por delante, ¿qué podía salir mal en lo inmediato con una foto tan bella? 

Pero entonces ocurrió lo que hoy ya sabemos: un virus muy agresivo se expandió por muchos lugares del planeta y llegó, también, a la Argentina. Como quien ve a un tren frenar de repente, Marcos Miguens y su socio Cristián Menéndez, de 27 y 30 años, vieron a su negocio detenerse en seco. Casi sin poder preverlo, el trajín diario de su galpón de 250 metros cuadrados, ubicado en el partido bonaerense de San Fernando, donde funciona su centro de producción, se paró. Silencio. Ollas, sartenes y hornallas inmovilizadas por tiempo indeterminado. ¿Qué hacer con todo eso, cuando las reuniones y los encuentros sociales acababan de ser prohibidos por decreto presidencial para prevenir los contagios de coronavirus? Nada que festejar, nadie para quien cocinar.

Foto: Santos Lanusse.

Y sin embargo, el silencio estruendoso de su cocina -equipada hasta el milímetro, cuidada en cada detalle-, fue elocuente: mientras empezaba a haber gente sin poder salir a trabajar y conseguir su sustento diario, una inmensa maquinaria de producción de comida dormía un sueño inútil.

“Teníamos una cocina muy grande donde podíamos cocinar varios kilos de comida y sabíamos que no íbamos a tener un catering hasta dentro de mucho tiempo, entonces empezamos a pensar cómo usarla para ayudar a la gente que vive al día y que no tiene qué comer, porque hoy ni siquiera pueden salir a hacer changas”, cuenta Marcos a Sophia, un lunes por la tarde. Enseguida pensaron en el barrio vecino, del que, por pasar a diario de camino al trabajo, conocen algunas de sus necesidades.

Foto: Santos Lanusse.

En esos días en que todo era más incierto que ahora y la cuarentena comenzaba ya a dar coletazos a las personas con menos recursos económicos, su socio y cocinero Cristián tuvo una charla con su madre, quien le detalló una escena del noticiero que a él le activó una pregunta: “Mi madre me contó que había visto a un cura villero ayudando en un barrio y había una fila eterna para ir a buscar un plato de comida. Con esa conversación en la cabeza, me quedé pensando e investigando cómo podía dar una mano: ‘Si cocino un día, puedo hacer un guiso de 400 kilos, del que comen 800 personas’, calculé. Entonces dije: ‘Probemos’”.

Marcos y Cristián estuvieron de acuerdo en darle movimiento a todo ese centro de producción que había quedado detenido y empezaron a estudiar cuál era la mejor manera. “Entonces me pasaron el contacto de El Chino, que es el que arrancó con la fundación Convidarte 31 en Buenos Aires , y nos acoplamos a él, porque la verdad es una buenísima persona y es impresionante lo que logró. Arrancó cocinando en su casa para la gente que lo necesitaba y convenció a varios vecinos de su edificio para hacer lo mismo, y él después repartía las viandas en el barrio. Hoy tiene más de 5000 voluntarios”, dice Marcos.

Foto: Santos Lanusse.

De la mano del Chino, entonces, Marcos y Cristián decidieron probar por una vez y volver a poner en funcionamiento la cocina durante un día. Solo ellos dos y un cocinero que suele trabajar para sus eventos, a quien invitaron a sumarse. “Fue bastante laburo porque éramos tres, pero cuando subimos las fotos a las redes y preguntamos si algún cocinero quería venir a dar una mano, fue impresionante cómo se sumó la gente. Estamos para seguir, haciéndolo por lo menos hasta que termine la cuarentena”, cuenta Marcos.

Rafael Moroni, de 27 años, fue el primero en levantar la mano para ayudar. Como cocinero freelance, él también vio cómo sus planes laborales de repente se habían truncado, y ya no iba a cocinar en eventos como Loolapalooza, la feria Masticar o la boda importante para 350 personas, así que eligió plegarse al plan de Marcos y Cristián. Hoy él es una de las 15 personas -algunas profesionales de la gastronomía, otras no- que se reparten el trabajo entre martes, miércoles y jueves para pelar y cortar papas, zanahorias, cebollas y carne y preparar unos 510 kilos de guiso. Lo que cocinan tiene como destino un club de Virreyes y el barrio Bajo Alsina, ambos en San Fernando.

Marcos Miguens y Cristián Menéndez, dueños de una empresa de catering, fueron uno de los tantos empresarios que vieron detenido su negocio con el comienzo de la cuarentena. Sin embargo, decidieron reactivar su cocina y utilizarla para cocinar de manera voluntaria para quienes hoy no tienen acceso a un plato de alimento.
Foto: Santos Lanusse.

La red de voluntades también incluye gente que pone su auto o camioneta para trasladar la materia prima que llega a través de las donaciones y otra que reparte la comida ya elaborada y la acerca al barrio en ollas inmensas. “Federico es uno de los vecinos del barrio Alsina que trabaja con nosotros, él conoce a las familias y nos dice para cuánta gente necesita comida, generalmente son unas 100 personas. Entonces vamos con la camioneta, con una olla gigante, y la gente va a buscar su porción. Me emociona, y al mismo tiempo me da tristeza. Sé que en muchos casos es su única comida del día. Por eso al mismo tiempo me da ganas de hacer cada vez más”, dice Marcos, confiado en que va a poder sumar más días de producción por semana.

Cocinar es un acto de amor y en este contexto cobra otro sentido”, dice Rafa, quien no da mucha vuelta para explicar por qué trabaja voluntariamente, incluso a riesgo de salir de la casa cuando no necesita hacerlo. “Se siente bien hacerlo, sobre todo para alguien que no puede comprar comida para su familia. Lo veo como algo simple: hay gente que necesita comer, yo voy y disfruto de cocinar, rodeado de conocidos y amigos. Me siento recontra agradecido de poder hacerlo”.

¿Cómo ayudar?

A través de la página web de Convidarte 31 vas a encontrar distintas maneras de sumar tu aporte, ya sea para cocinar, distribuir viandas o donar comida o dinero.

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