Sophia - Despliega el Alma

Audios

11 marzo, 2022

«¿Cómo no abrir nuestras casas a madres y abuelas con niños pequeños?»

Desde Polonia, Sol Krasicka nos cuenta cómo es ser protagonista de uno de los momentos más tristes de la historia, pero también de una de gesta humana conmovedora: el abrazo solidario con el que el pueblo polaco recibe a sus hermanos de Ucrania.


A las 4 de la mañana, en la Estación Central de Varsovia, Sol acompaña a mujeres que huyeron de Kiev.

Desde el epicentro del horror, Sol Krasicka abandona por unos minutos su trabajo asistiendo a refugiados y atiende con enorme generosidad el llamado telefónico de Sophia. Está en Varsovia, Polonia, «por momentos no tengo buena señal», se disculpa, y su voz quebrada da cuenta de la tristeza que ella y su familia se encuentran atravesando desde hace dos semanas, cuando Rusia desató un conflicto bélico totalmente impensado al invadir Ucrania. Se calcula que más de dos millones y medio de personas tuvieron que huir de ese país durante estos 15 días y que la mayoría de ellas fue recibida por el pueblo polaco, en una gesta humanitaria sin precedentes.

Consternada por los acontecimiento, Sol se acercó a ayudar desde el primer día. Recorrió los centros de tránsito, se alistó para brindar contención como psicóloga y, sin dudarlo, abrió las puertas de su casa para dar asilo a niños y mujeres provenientes de Kiev. Como Irina, de 76 años, que llegó con su hija, su nuera, sus dos nietos y una mujer que escapaba sin familia y a la que le tendieron su mano para no dejarla sola en medio del caos. También recibió a Alla, una joven psicoterapeuta de Zytomierz que debió huir con su madre y sus dos hijas, de 7 y 4 años. «Una mujer amorosa que pasa días enteros ayudando como psicóloga voluntaria en los campos transitorios y en la estación central de trenes, donde recibe a quienes deben huir por los bombardeos», comparte Sol.

El 8 de marzo en su casa, junto a las mujeres refugiadas de Kiev: Irina de 76 años y Katia, de 21.

Ellas posan sonrientes a pesar de la pena, agradecidas de haber encontrado el amoroso cobijo de Sol.

Aunque todavía no puede creer lo que está viviendo, Sol insiste en la necesidad de darle a esta guerra rostros humanos: «Son personas maravillosas» subraya y confiesa que lo que les toca atravesar a estas mujeres y sus seres queridos le duele en carne propia. Por eso quiere compartir su historia con nosotros, para que ese testimonio de cuenta de los terribles crímenes que se están cometiendo por una lucha de poder que parece no tener fin. «La gente tiene saber todo lo que está pasando, están arrasando ciudades enteras, están matando a los civiles, a los niños», describe. Sin embargo, ella elige no tomar partido por un bando o el otro, sino más bien hacer todo lo posible para unir eso que se ha agrietado, eso que se ha roto. «Necesitamos cambiar de paradigma», expresa esta mujer sensible y solidaria que representa a tantas otras mujeres dispuestas a sembrar las semillas de la paz, con la esperanza de llegar a ver sus frutos algún día.

Te compartimos el audio de la entrevista completa en una charla que te va a conmover:

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