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Caso Loan: ¿Cómo hablar con los chicos sobre situaciones difíciles?

Se enteran sin que lo sepas, te escuchan hablar, lo leen en algún sitio o reciben la información de un amigo. En ocasiones, aún cuando no quieras, hay información que igual les llega. ¿Cómo manejar la situación? Los especialistas ofrecen algunas claves.

Por Flavia Tomaello

Aunque como mamá o papá estés atento a lo que tu hijo ve o escucha, muchas situaciones de crisis pueden llegar a sus oídos desde fuentes diversas. Acceder a esa información puede afectarlos negativamente, a cualquier edad. Es probable que en casa, en la escuela, o incluso por algún mensaje que se cuele a través de las pantallas, escuchen sobre guerras, crímenes, desastres ambientales, e incluso obre hechos que tengan a niños como ellos como protagonistas.

En primer lugar, «los adultos no deben mirar noticieros ni escuchar radio delante de sus hijos”, indica la psicóloga especializada en crianza Maritchu Seitún. Aunque lo mejor es que los chicos «no vean ni lean nada, que no tengan ningún tipo de acceso o información sobre hechos como estos”, es recomendable que tengas un plan para responder de modo apropiado si, a pesar de tus recaudos, llegan a enterarse sobre alguno de estos temas.

«Es un desafío para los padres regular el acceso a la información que circula en la vida cotidiana”, amplía la psicóloga Paula Prevé de la Fundación Aiglé. Con los más pequeños es más fácil limitar lo que ven, previniendo que procesen información demasiado compleja. A medida que los hijos crecen, esa posibilidad disminuye. De todos modos, el control absoluto se vuelve casi imposible, por lo tanto es bueno que los cuidadores estén atentos y preparados para dar respuestas funcionales a cada nivel de desarrollo

Para Mariana de Anquín, psicopedagoga especializada en educación emocional, “los niños poseen una percepción muy desarrollada y pueden captar la preocupación de la familia ante un suceso aún sin haber estado frente a la televisión. A veces escuchan noticieros de fondo mientras juegan o ven avances del caso en dispositivos. Pueden no preguntar nada, pero saben que, por ejemplo, un niño está siendo buscado por su familia”. 

Frente a este escenario, ¿qué conviene hacer?

Comenzar por formular preguntas o escuchar qué tienen para decir, más que por ofrecer información. «Hablar abiertamente y ayudarlos a ver que sus reacciones son normales y comprensibles, puede aliviar las preocupaciones sobre su seguridad y ayudarlos a obtener una sensación de control personal”, explica Seitún. 

Para Prevé, «es necesario conocer qué es lo que sabe, escuchar de dónde obtuvo los datos, qué entiende de eso que escuchó o vio. Así, hay posibilidades de ajustar la respuesta. No dar por sentado, por ejemplo, que si utilizan una palabra conocen su significado”. 

Es importante no anticiparse a que si ven o escuchan alguna noticia, automáticamente tendrán miedo, aun cuando sea probable. «La información transmitida no es igual a la información procesada”, afirma Prevé. “En ese sentido, comprender la mente de quien nos escucha es clave para brindar respuestas acordes a la edad y las sensaciones que puedan tener». 

Empatizar con las emociones. Señala Prevé que «hasta los 6 años, necesitan que se les brinde seguridad y confianza en que los adultos cuidadores estarán presentes para prevenir riesgos. La imaginación es importante en esta etapa, por lo que, si aparecen miedos, se les puede brindar confianza con algunos símbolos: capas protectoras como las de algún superhéroe, o pociones que brindan fortaleza”.

Si quieren saber qué pasó, “es posible indicar que hay adultos que no se comportan como deben”, explica Prevé. 

Por su parte, Seitún aporta que “si preguntaran por un niño que se perdió, se puede explicar que lo están buscando muchas personas. Si escucharon sobre un secuestro, habrá que tratar de contarles muy someramente de qué se trata y que ellos (nuestros hijos) están bien cuidados, que muchas medidas que tomamos y que los enojan se relacionan con eso. Es importante hablar con los chicos para alertarlos sobre las maniobras que pueden suceder, como por ejemplo la de adultos desconocidos comunicándose con ellos. Sin amenazas, sin aterrorizarlos, solo explicarles que no todos los adultos quieren lo mejor para ellos y que no respondan esos mensajes. El problema se agrava hoy con las redes, y también hay que aclarar que no todos allí son quienes dicen ser».

Entre los 6 y los 12 años, la pertenencia a grupos de pares fortalece la adquisición de reglas compartidas, por lo que se les pueden brindar estrategias de cuidado mutuo y alertas ante la presencia de extraños

«Al estar en contacto con otros contextos, también pueden acceder a mayor cantidad de información”, agrega Prevé. “De todos modos, al sentirse al cuidado de los adultos, es bueno fortalecer la red de mayores manteniéndose informados acerca de lo que sucede en otros ámbitos. Por el tipo de pensamiento que presentan, al brindarles información, esta debe apoyarse en experiencias concretas, basándose en hechos y sucesos”. 

“Para sentirse seguros, los niños necesitan explicaciones”,  explica de Anquín. “Todos precisan contexto y seguridad, ambos se construyen con los argumentos que les damos. Usar palabras simples y frases cortas. No necesitan detalles explícitos. Proporcionar información honesta pero adecuada a su edad y explicaciones claras y sin alarmar, son clave para mantener su tranquilidad».

A partir de la adolescencia, «aumenta su necesidad de intimidad y diferenciación de los padres”, afirma Privé. “Comienzan a construir modos propios de entender el mundo, sintiéndose muchas veces capaces de lidiar con situaciones más complejas. Por eso, puede ser difícil comprender que continúan necesitando del apoyo de sus padres. Precisan ser escuchados y orientados por los adultos. Es importante mantener una comunicación fluida con ellos, a pesar de su necesidad de diferenciación». 

No contaminarlos con nuestros miedos. «Buscar controlar su conducta con amenazas solo genera dos reacciones: sumisión o rebelión, y ninguna de las dos son útiles para protegerlos”, indica de Anquin. “Los miedos del adulto no sirven para proteger a un niño porque lo coartan y paralizan. Criar con miedos detiene la curiosidad, las ganas de jugar y explorar, el aprendizaje, la confianza y el crecimiento. El miedo no protege, encierra lo mejor de la infancia«.

Estar atentos a la aparición de nuevos miedos o conductas de apego. “Si aparecen temores, es importante validar su experiencia transmitiéndoles que comprendemos lo que sienten. Luego, es importante marcar la diferencia entre la situación pública y la propia. Siempre mantener abierta la comunicación, que los chicos perciban que pueden recurrir a los adultos aunque hayan cometido algún error”, completa Privé.

La licenciada de Anquín sugiere que “sus conductas pueden expresar cambios sutiles que muestren que sus miedos se han acrecentado, como pesadillas, no querer estar solos o miedo a quedarse fuera de casa. En estos casos, hay que brindar un espacio seguro para hablar de sus temores, de lo que han escuchado o visto y también de lo que han imaginado. Podemos enseñarles estrategias de seguridad personal sin alarmarlos. También podemos utilizar dibujos y juegos para que expresen sus miedos y los liberen, recuperando así la calma y tranquilidad interna al sentir que están a salvo».

Desde pequeños pueden participar en la creación de un plan mutuo de cuidado familiar, poniendo en común ideas sobre cómo mantenerse más seguros. Se puede trabajar, por ejemplo, en decidir junto a ellos dónde guardamos la llave de casa, quiénes son los adultos de referencia a quiénes se puede recurrir o cómo cuidamos nuestras pertenencias en la plaza para que no se pierdan. «Todos se sienten mejor cuando controlan parte de lo que sucede. Ser partícipe de los cuidados es un modo de lograrlo”, concluye Seitún. 

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