Sophia - Despliega el Alma

Pareja

10 marzo, 2008

Cómo convivir con Marte


(Sin morir en el intento)

John Gray, el autor de Los hombres son de Marte. Las mujeres son de Venus, un texto que marcó las diferencias de roles en la pareja, vuelve a la carga: en su nuevo libro reflexiona sobre cómo superar los problemas de pareja en estos nuevos tiempos. Por Teresa de Elizalde. Fotos: Getty Images.

 

Escena 1: Ella llega de la calle, con las bolsas de las compras en una mano, un hijo en la otra, agotada después de un día estresante de trabajo. Él, el varón de la casa, está sentado en un sillón, con el control remoto en una mano y una cerveza en la otra, mirando la repetición de un partido de fútbol que ya vio el domingo a la noche, que escuchó por radio y sobre el que leyó en la sección deportiva del diario.

Escena 2: –Hola, me demoré. ¿Como estás? –dice ella–. Hoy tuve un día agotador. –Hola, mi amor –responde él–. En un minuto te ayudo. Estoy terminando de ver un partido.

Escena 3: Ella deja las bolsas en la cocina, agarra las cuentas desparramadas en el suelo y, mientras chequea el resumen del teléfono, abre la heladera. “Compré unas verduras para acompañar la carne que sobró de ayer”, anuncia. Desde lejos se escucha: “Uy, me comí la carne cuando me llamaste para avisar que te demorabas”. “Siempre lo mismo con vos, trabajo todo el día, llego muerta, me ocupo de todo y, encima que no te ocupás de la casa, la complicás más”.

 

La escena que sigue la conocemos todos. Peleas, reclamos. “Nunca hacés nada”. “Siempre te estás quejando”. “Me quejo porque no me ayudás”. “Si te ayudo nunca alcanza”. Portazo. ¿Nunca les pasó? Pareciera que no todo está perdido. O al menos eso es lo que piensa y sostiene John Gray, el autor del famoso libro Los varones son de Marte . Las mujeres son de Venus, una obra publicada hace dieciséis años y que vendió 30 millones de ejemplares. En ese texto, Gray les puso nombre a las diferencias entre varones y mujeres. Este autor fue quien dijo que teníamos que terminar con esa costumbre de querer cambiarnos. “Somos diferentes. Es como si nosotros fuéramos de Marte y ustedes, de Venus”. Punto.

Ahora va por más. Acaba de publicar en los Estados Unidos un nuevo libro, Why Mars and Venus Collide. Es que los tiempos cambiaron. Ya no corre más el modelo de hombre que sale a trabajar, vuelve y se encuentra con la mujer prefecta y arreglada en la casa. Pese a que ya sabemos que somos diferentes, nos cuesta lidiar con el estrés diario que supone la vida moderna. El libro acaba de aparecer y ya es un éxito de ventas. Sophia entrevistó a John Gray desde San Francisco, quien una vez más logra desentrañar este conflicto y ayudarnos a sortear los problemas y ¡evitar que Marte y Venus estallen!

–Usted fue quien marcó las diferencias entre varones y mujeres, afirmando de manera radical que ellos son de Marte y nosotras, de Venus. ¿Por qué cree que es necesario que nos sentemos de nuevo a pensar sobre estas diferencias?

–Porque los tiempos han cambiado mucho, y con eso, los roles en la pareja. Antes la mujer se quedaba en la casa y se ocupaba del hogar y los hijos. El varón era el único proveedor. Salía a trabajar, volvía y esperaba encontrar la casa perfecta con la comida caliente. Pero, ahora, la mujer ha ganado un espacio en la escena pública. El complejo mosaico de los roles tradicionales se ha roto y sólo ahora estamos juntando los pedazos. Antes Marte volvía de trabajar para descansar y lo sentía como un derecho, porque era él el que mantenía la casa, pero ahora ya no. ¡Su mujer también lo hace! Esto altera esa supuesta armonía que había en el hogar. Porque la mujer piensa: “Si yo hago trabajos que antes eran de ‘varones’, es lógico que se espere que el varón haga trabajos que siempre fueron de ‘mujeres’”. Y el varón piensa: “Yo no le pedí que cambie; entonces ¿por qué tengo que cambiar yo?”.

–¿Eso es errado?

–No es que ese supuesto esté mal; lo que es errado es el camino que las mujeres eligen para lograr que los varones las ayuden, y así ellas sientan que tienen menos trabajo. –¿O sea que usted quiere decir que hay un camino para que él ordene, limpie y junte, pero yo me lo estoy perdiendo? –Exacto. No sirve ir por el lado de la queja y el reclamo constantes. Eso es algo que a él lo aleja. Antes, cuando él volvía a su casa, su mujer no reclamaba, porque ya había hecho todo. Era la escena ideal. Él veía a su mujer contenta, él se ponía contento y todos felices. O al menos eso parecía. Pero ahora todo cambió. Él piensa que está haciendo lo que su padre hizo, que es salir a trabajar, y espera que su mujer haga lo mismo que su madre. Mientras él está en esa posición, ella siente que hace todo sola: el trabajo, los hijos, la casa. ¿Y él? “No hace nada”, se quejan ellas. Con esa respuesta alejan más al varón y no obtienen nada a cambio.

–¿Cómo se sale de esa situación?

–Los dos tienen que aprender. Venus tiene que aprender a pedirle ayuda a Marte en cosas puntuales. Marte adora los proyectos y los proyectos son específicos. Tienen un comienzo y un final. La mujer podría decir: “¿Podés hacer la cena esta noche, por favor?” o “¿Me ayudás con los platos?”. Ante proyectos concretos, el hombre se activa y siente que hace algo bueno. Poco a poco, si la mujer reconoce lo que está haciendo, él le va a dar más.

–Usted lleva treinta años de casado. Imagino que esto le debe de haber pasado…

–Le voy a contar una anécdota. Un día mi mujer me pidió que juntara tres camisetas que estaban en el suelo y que las pusiera en el cesto de la ropa sucia. Yo lo hice y ella me respondió: “El cuarto quedó espléndido”. Yo estaba tan orgulloso… Sentía que había limpiado todo el cuarto yo solo. Son esas pequeñas conquistas las que motivan al hombre a ir por más. La mujer puede obtener más apoyo y ayuda en la casa, pero es un proceso. Así como cuando uno comienza un negocio, las cosas tardan en funcionar, en una pareja sucede lo mismo.

–Lo que me dice me confunde… Tengo que agradecer porque junta su ropa una vez, ¡pero es algo que yo hago todos los días!

–Hay que verlo así: la mujer no espera el agradecimiento. No va con su naturaleza. Ella hace, ella da. En cambio, pese a que muchos varones harán lo que se les pida, es raro que Marte note que hay algo “por hacer”. Además, sería muy fácil para el hombre sentarse en el sillón y, control remoto en mano, decirle: “Gracias, amor, por todo lo que hiciste hoy”. Lo que uno quiere es ayuda y tiene que conseguir que él colabore. Si no se lo pide, no va a lograr nada. Nada. Él nunca va a ayudar por sí solo.

–¿Me quiere decir que él no ve la remera tirada en el suelo?

–No, no la ve, porque no está dentro de la lista de sus prioridades. La remera en el piso para Marte puede esperar, se puede juntar más tarde o alguien la juntará. Eso no es importante. Después de un día agotador de trabajo, Marte respira hondo y comienza a relajarse con el pensamiento de volver a casa. En cambio, cuando la mujer vuelve a casa, su nivel de estrés aumenta y cada célula de su cuerpo repite: “Tengo que ordenar esta casa ANTES de poder relajarme”. Incluso, aunque quiera descansar, no puede. Su mente tiene una lista interminable de cosas pendientes. Marte, en cambio, nunca se va a dar cuenta de que hay que hacer algo. Los hombres son personas de “una sola cosa por vez”, mientras que las mujeres hacen cincuenta al mismo tiempo. De alguna manera, ese modo de ser de ellos, nos muestra por qué nunca se sienten apabullados ni sobrepasados, pero también nos explica por qué nunca llegan a comprender lo que una mujer está atravesando. En términos prácticos, no podemos cambiar cómo reacciona nuestro cuerpo ante un conflicto: hay una hormona masculina, la testosterona, y otra femenina, la oxitocina, que influyen ante situaciones de estrés. Eso no se puede modificar, pero el gran esfuerzo que podemos hacer es cambiar la manera en que respondemos ante una situación de conflicto.

–Explíqueme lo de la testosterona y la oxitocina.

–Éstas son las dos hormonas fundamentales en el hombre y la mujer. La testosterona afecta al varón durante toda su vida: lo hace sentirse fuerte y lo ayuda a desarrollar sus músculos y huesos. Tener un buen nivel de testosterona es lo que le sirve para paliar el estrés. El nivel correcto es el que le da tranquilidad. Ni muy alto ni muy bajo. Cuando llega del trabajo, agotado, estresado, tiene que equilibrar esta hormona y lo hace encerrándose en su “cueva”, viendo TV, durmiendo una siesta, abstrayéndose del mundo. La mujer no entiende esta necesidad y piensa que su marido es un vago, cuando él en realidad está respondiendo a una necesidad física. La oxitocina es la hormona de la mujer y se desarrolla en su plenitud durante el embarazo, el parto y la lactancia, pero también cuando ella hace cosas que la hacen sentir bien, y esto tiene mucho que ver con los vínculos. El nivel de oxitocina sube cuando la mujer se conecta a través de la amistad, compartiendo, dando, alimentando, y baja cuando siente que pierde a alguien o atraviesa una ruptura, cuando se siente sola, rechazada, insignificante. Aumenta cuando ayuda a otro, porque esa persona le importa, y no porque le paguen o porque sea su trabajo.

–¿Cómo hago para que mi oxitocina suba?

–Logrando que Marte colabore, ayude, la haga sentir bien. Si usted se siente feliz y logra controlar el estrés, la oxitocina se mantiene en sus niveles. Si, en cambio, llega a su casa estresada y tiene por delante una lista interminable de cosas… es imposible que eso ocurra.

–¿Marte tiene que cambiar?

–Marte tiene que abrirse al diálogo, aprender a escuchar, a comunicarse. Le doy un caso típico. Ella llega del trabajo y le dice: “Mi amor, hablemos”. Eso para él es como un dardo que dio en el centro. Es una de las peores frases que puede escuchar. Ella empieza a hablar y a contarle el día que tuvo, algo muy normal en la mujer. Mientras ella habla, él va filtrando lo que ella dice y piensa: “Son sus problemas; no puedo resolver nada de lo que me está diciendo”, y poco a poco deja de prestar atención. Porque si un varón no se siente útil en una charla, supone que no sirve que esté ahí; si no puede encontrar soluciones, automáticamente se evade. Ella siente que él no la entiende. Y él no entiende que ella sólo quiere que la escuchen. Entonces, se produce el conflicto. El varón tiene que dedicarle tiempo a la mujer, tiene que escucharla, acompañarla en este diálogo. Así la ayuda a relajarse, a bajar su nivel de estrés, a que su oxitocina vuelva a subir y ella esté más contenta.

–Esto es lo que usted llama una charla Venus.

–Exactamente. Las charlas Venus son ésas en las que la mujer le cuenta sus cosas sin esperar que el hombre le haga una devolución, ni le cuente cómo le fue a él en el trabajo, ni espere que le resuelva el problema. Porque es típico que al terminar una conversación, la mujer le diga: “¿Qué pensás de todo lo que te dije?”, como si fuera su amiga, y lo peor de todo es que él no piensa nada sobre lo que ella le dijo, ¡simplemente porque no hay nada de todo eso que pueda resolver! Pero si el hombre aprende a escuchar y pone atención, ella se va a sentir mucho más comprendida, segura y confiada. Él la puede acompañar, aconsejar. Los varones hablan al principio de la relación, porque se están presentando. Una vez que tiene ese problema resuelto, sus centros de habla no se activan tan fácilmente. Con práctica, el varón se puede convertir en una buena “oreja”, puede aprender a escuchar. Él tiene que hacer esas pequeñas cosas todos los días en la casa en vez de una cosa grande, dejar que su lado femenino se desarrolle y no por eso sentirse menos hombre.

–¿Cuáles son los errrores que cometemos las mujeres?

–Muchas mujeres sienten un gran peso en sus vidas porque creen que tienen que sacrificarse para complacer a sus parejas. Ésta es la actitud que tiene que cambiar. Es cierto que toda pareja necesita de compromisos, pequeños esfuerzos y sacrificios, pero no tenemos que dejar de ser quienes somos por el otro. La vida tampoco es tener todo lo que uno quiere cuando uno lo quiere.

–¿Por qué hay hombres diferentes, que sí ayudan en su casa y se ocupan de sus hijos?

–Es cierto, hay muchos varones que ayudan mucho en la casa y uno ve a sus mujeres realmente contentas. Ante una situación así, las otras mujeres piensan: “Claro, ella está contenta porque él ayuda”. Pero es al revés… ella está contenta y, por eso, él ayuda. Seguramente, esa mujer, como le decía antes, agradece lo que su pareja está haciendo.

–Explíqueme, entonces, qué tiene que hacer Marte, porque pareciera que todo el trabajo es de Venus.

–Al contrario, el varón tiene mucho por aprender. Muchísimo, si quiere conservar a su pareja. Lo que pasa hoy en día es que muchas mujeres sienten que el varón no les da bolilla, no está siendo lo suficientemente atento. Ellas suelen decir: “Yo doy y doy, pero no recibo”. Y cuando siente esto, aunque sigue amando a su pareja, como no tiene nada más que dar ahí, pega media vuelta y se va. Si el varón sale de sí mismo y logra entender lo que su mujer necesita, desarrolla su capacidad de escucha, está atento a lo que ella está haciendo, la acompaña, la mima y la cuida, la mujer se siente plena. Es muy simple para él, por ejemplo, darle un abrazo cuando llega del trabajo y dedicarle unos minutos de charla. Ésta es una idea que les doy, pero hay cientos de gestos pequeños. Si en lugar de regalarle 24 rosas un día, le regala una rosa durante 24 días en el año, le aseguro que causa mucho mejor efecto en ella. El varón cree que la invita a comer y con eso resuelve una cantidad de cosas, pero para la mujer no tiene mayor importancia. Son los pequeños gestos los que ella está esperando y lo que él tiene que aprender.

–¿Como mujer, en síntesis, qué tengo que aprender?

–La mujer asume que haciendo más cosas va a tener finalmente el tiempo para descansar y poder disfrutar de su pareja. Es al revés. La mujer tiene que dejar de creer que puede hacer todo. Tiene que aprender que puede vivir con algo no hecho, con una remera en el suelo o sin la comida resuelta. Ante el estrés, la mujer tiende a dar más de sí misma en lugar de ocuparse de ella, de ver qué necesita, qué quiere hacer realmente. –Fíjese que luego, cuando el varón crece, tiene nietos o atraviesa una situación dificil, como un cáncer, se vuelve mucho más comunicativo, se le despierta su lado femenino. ¿No podríamos evitar treinta años o una enfermedad y que el varón comience a abrirse?

–Hay que dejar que el varón evolucione solo. Nosotros no le pedimos a la mujer que saliera a trabajar, entonces, no nos pidan que cambiemos de un día para el otro. Marte quiere hacer feliz a su mujer y va a hacer todo lo que pueda, dentro de su pequeño mundo, para hacerla feliz. Las mujeres son las custodias del amor, la familia y las relaciones. Cuando la mujer deja de ser mujer, estamos todos perdidos. Porque la mujer es la que le hace de faro al hombre, la que le recuerda qué es lo importante en la vida. El hombre es como una semilla que necesita de agua para crecer. Y el agua es el amor de su mujer, que lo trasnforma, que lo convierte. Ellas son las que llevan la sabiduría en el corazón y las que inspiran al hombre a actuar desde su corazón. Los varones pueden tener una gran perspectiva de las cosas, pero las mujeres son quienes le aportan el sentido profundo. Porque él sabe que cuando una mujer no está contenta, nadie está contento.

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