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Hijos

3 enero, 2020

Cómo ayudar a tus hijos a desintoxicar los sentidos

Los chicos hoy están expuestos a muchos estímulos e información. La sobrecarga puede ocasionarles falta de atención, agotamiento e insomnio. Por qué es importante ayudarlos a limpiar la mente y a encontrar espacios de calma y sosiego.


Por Mariana de Anquin*

Cumpleaños en salones cerrados con música, luces, sonidos y alimentos llenos de azúcar. Aulas con muchos niños y poco espacio, patios cerrados con altos niveles de ruido, comedores llenos de olores, sabores, sonidos fuertes, conversaciones y mucha prisa. Pantallas de videojuegos, celulares, televisores, auriculares… Hoy, los niños están expuestos a muchísimos estímulos sensoriales y sometidos a ambientes que pueden resultarles muy estresantes, sobre todo si se trata de chicos sensibles. Sus cerebros deben procesar cantidades enormes de información, pero no fueron diseñados para absorber y procesar tanto caudal, y por eso el resultado es un cerebro saturado.

La información es tan variada, intensa y continua, que a la mente de los más pequeños no le queda tiempo para organizarla, procesarla y darle respuesta. Así se produce la sobrecarga, que en el caso de los chicos puede traducirse en malhumor, irritabilidad, ansiedad, ensimismamiento, nerviosismo, agresividad e impulsividad. También, llevarlos a sentirse abrumados, agotados e incapaces de sostener la atención.

Muchos chicos me cuentan que a la noche, al acostarse y cerrar los ojos, sienten que en su mente siguen pasando de manera vívida las escenas de la partida del videojuego que estuvieron jugando, las imágenes del recreo, la música de las publicidades, las voces y bocinas del tráfico. Todo sigue allí aturdiéndolos. Su cerebro se vuelve ineficaz y lento para procesar nuevos aprendizajes, está tan sobreestimulado que no puede “parar” ni logra calmarse para lograr conciliar el sueño.

Detox sensorial

La palabra detox se escucha mucho en el mundo de la alimentación y el cuidado de la salud y está asociada a las prácticas que implican desintoxicar el cuerpo de toxinas. Pero no solo los alimentos dejan toxinas en el cuerpo: la mente también acumula residuos tóxicos que provienen de la sobrecarga sensorial. Yo tomo este término y lo convierto en “detox sensorial”, una manera efectiva de quitar toda la toxicidad que dejan las horas de pantallas y los ambientes sobrecargados de estímulos, sensaciones, negatividad y estrés.

Esta limpieza aumenta el bienestar emocional de los niños y les devuelve la posibilidad de volverse a centrar en lo que desean. Todos la necesitan, en especial aquellos cuyo su sistema nervioso es tan sensible que se sobrepasa fácilmente de estímulos visuales y auditivos. ¿Cuánto dura esta limpieza? Se puede empezar haciendo pequeños detox de dos o tres días, lo importante es hacerlos regularmente.  

Cómo implementarlo

La tecnología ocupa un lugar central en la recreación de los chicos. Juegos en línea, grupos de Whatsapp de amigos, series… Todo esto los lleva a estar conectados a pantallas en sus momentos libres. Cuando quieren desconectarse del día ajetreado y relajar su mente, se conectan a las pantallas. Al hacerlo no solo no logran relajarse, sino que aumentan su sobrecarga sensorial.

Fase 1: Convocá a tu hijo o hija a participar del detox. Explicale que van a hacer un detox sensorial porque su cerebro esta sobrecargado de estímulos o pasado de pantallas. Conversar acerca de la necesidad de aliviar y calmar su mente es muy importante.

Fase 2: Elegí las actividades acordes a las rutinas, espacios y modos de ser de tu familia, porque así te será más fácil implementarlas y sostenerlas.

Kit de herramientas

Pantallas Cero

Es el punto más importante y más difícil de sostener. Se suspende el uso de todo tipo de pantallas mientras dure el detox sensorial. Tu hijo puede mostrarse muy resistente y enojado con esta decisión. Explicarle que es temporario y que él volverá a usar las pantallas más adelante, calmará la situación. Pegá a la vista un calendario y marcá con color el tiempo que durará el “detox pantalla cero”. Demostrale tu confianza en su capacidad para hacerlo. Toda la familia tiene que aprender a regular los tiempos de exposición a pantallas para evitar caer nuevamente en sobrecargas sensoriales.

-Ejercicio y movimiento

La actividad física permite descargar tensiones y negatividad acumuladas en el cuerpo. Estar frente a las pantallas o sentados por muchas horas en la escuela son actos pasivos, mientras que para funcionar bien, el cerebro necesita actividad y movimiento. Invitá a tus hijos a hacer ejercicio vigoroso y sistemático (practicar un deporte), o actividades sueltas como salir a correr, saltar, bailar, patinar, pedalear. Lo importante es mover el cuerpo todos los días.

-Salir a la naturaleza

Necesitamos sacarlos al exterior para que su energía vital se recupere. Sentir el viento, el sol, tocar la tierra, abrazar árboles, construir con arena, imaginar formas en las nubes, mirar estrellas ayudan a la mente a recuperar su equilibrio.

-Ejercitar la gratitud

La ciencia pone de manifiesto que la gratitud incrementa la energía, reduce la ansiedad, mejora el sueño y crea una sensación de conexión social. Este ejercicio consiste en pedirle a tu hijo que antes de dormir piense tres cosas por las que está agradecido. Pude ser el hecho de tener una camita donde dormir, un perro para amar, etcétera. Luego, pedile que también piense tres cosas por las que esté agradecido de sí mismo. Puede ser lo buen hermano que es o la capacidad para elegir juegos divertidos. Cuando la mente esta revuelta los niños no piensan bien acerca de sí mismos y la autoestima es algo que todos necesitan practicar en abundancia. Si no se le ocurre nada, podés empezar vos diciéndole algunas ideas. “Yo agradecería tus ganas de ayudar, tu fuerza física, tu velocidad, tu hermosa sonrisa, tu amor por los animales, etcétera. “

-Dormir más. La mente consume mucha energía intentando procesar los estímulos que recibe. Dormir es una de las maneras más rápidas para que la mente se recupere. Organizar siestas para el fin de semana y anticipar los horarios para acostarse y así descansar una hora más durante la semana pueden, ser dos estrategias posibles para fomentar las horas de sueño. Los niños no deben dormir con dispositivos encendidos; no hay nada como los cuentos para ayudarlos a dormir.

-Beber mucha agua

Reemplazá todas las bebidas por agua. El cerebro luego de estar expuesto a tanta estimulación se deshidrata y necesita agua para volver a funcionar eficazmente. Indicadores de deshidratación son el dolor de cabeza y la sensación de agobio.

-Jugar al silencio

Es muy reparador. Consiste en permanecer en silencio inmóviles y con los ojos cerrados. Utilizá un sonido para marcar el inicio del juego (una campanilla, un gong, un chasquido). Iniciá con 30 segundos, luego 60 y poco a poco andá aumentando los minutos. Al finalizar el tiempo, preguntale qué sonidos percibió del exterior y de su interior (ruido del corazón, su respiración). A medida que se entrenen, esos minutos de silencio tan reparadores se convertirán en un oasis al que querrán volver.

-Respirar profundo

Es importante que aprendan a respirar profundamente cuando están estresados o cuando sienten que han absorbido muchos estímulos (gritos, bocinas, luces). Pueden cerrar los ojos unos minutos y visualizar una imagen relajante, como su mascota preferida, un paisaje que disfrutan, el parque. Enseñale a enfocar su atención en esa imagen mientras exhala para liberarse del malestar e inhala para calmarse y sentirse feliz.

-Pasar tiempo con una mascota

Ellas ayudan a activar emociones positivas y de mucho bienestar. El amor incondicional de los animales es un bálsamo para los corazones agitados.

-La hora del cuento

No hay nada que calme más a un niño que escuchar “Había una vez…”. Contarle un cuento narrado o leído es un recurso formidable para desintoxicar a los niños de las imágenes de pantallas, de los sonidos y luces que los aturdieron a lo largo del día. Bajá la luz y disfrutá de la experiencia.

-Juegos y trabajos manuales

Invitá a tus hijos a usar sus manos para crear algo. Las actividades manuales ayudan a la mente a centrarse; son muchas y muy variadas: pueden elegir entre amasar, tejer, enhebrar, construir con legos, plegar papel (origami) o hacer trucos de magia. 

-Sumergirse en agua

Siempre ayuda a relajarnos. Puede ser en una piscina, en la bañera o tomar una larga ducha, algo muy renovador para los niños. Enseñales a visualizar cómo el agua quita la toxicidad acumulada en la piel.

-Comer mucha fruta y verdura

Reemplazá de sus alimentos el azúcar por la glucosa de las frutas. El azúcar refinada es un estimulante del sistema nervioso, le da a la mente un subidón de energía y no es lo que buscamos. Podés recurrir a las bananas, ricas en potasio, que dan al organismo un aporte de energía sano y ayudan a la producción de serotonina, hormona con efecto calmante que a la vez propicia el optimismo.

Por último, recordá que todos los niños necesitan detox sensoriales cada tanto. Invitá a tus hijos a retirarse a lugares tranquilos y enseñales a visualizar un escudo protector, una burbuja invisible o una segunda piel que lo mantiene aislado de la fuerte estimulación externa.

*Mariana de Anquin es psicopedagoga, conferencista y escritora. Autora de “Niños Esponja: Sensibles, empáticos, bondadosos y muy compasivos. Herramientas para transformar la gran sensibilidad en la mejor aliada” (Editorial Dunken).

Fotos: Pexels.

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