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Psicología

18 enero, 2022

Aprender a decir «no»

No puedo. No quiero. Palabras tan simples que, sin embargo, nos cuesta tanto pronunciar. En esta nota, especialistas en emociones nos invitan a reflexionar sobre cómo podemos transmitir lo que nos pasa sin sentirnos frágiles ni egoístas.


Propósito para el nuevo año: comprender que un «no» dicho a tiempo puede mejorar nuestros vínculos. Fotos: Pexels.

Por Karina Bianco

Cuando somos niños, entre los 2 y los 4 años, atravesamos una etapa en la que decimos “no” a todo lo que nos proponen. Pero a medida que crecemos y asumimos más responsabilidades de las que muchas veces podemos, decir «no» o «no puedo» se nos hace más difícil. Por miedo al rechazo, a que no nos quieran, a que nos consideren débiles o simplemente por sentir culpa, no siempre ponemos límites claros. ¿Por qué cuesta tanto decir «gracias, pero no tengo ganas de ir»? ¿Por qué accedemos a hacer cosas que sabemos –a priori– que nos pueden estresar, no son de nuestro agrado o, simplemente, nos complican? ¿Cuántas veces no pudimos poner un límite en el trabajo por miedo a que nos despidan y lo mismo en nuestra vida social, porque tememos que nos quieran menos o nos tilden de egoístas?  

«Es posible que nos cueste decir que no por sometimiento o por vocación de sacrificio», explica la médica, psicoanalista e investigadora argentina Sonia Abadi y continúa: «Sin embargo, la principal razón por la que nos cuesta decir que no es la voracidad. A veces nos quejamos de que alguien, nuestro jefe o un miembro de nuestra familia, nos explota, exigiendo más de lo que podemos abarcar, exprimiendo nuestra capacidad, tiempo y recursos. Pero en este caso se trata de una autoexplotación que tiene mucho de ego y de ingenuidad. Si hago más voy a llegar más lejos, más rápido o voy a lograr todo lo que quiero. En ese intento buscamos acaparar lo que encontramos o lo que buscamos, a veces sin estar seguros de que lo necesitamos o de que nos va a hacer bien».

“Durante años, en cada celebración, comí el matambre que hace una familiar aun sabiendo que lo deja mucho tiempo afuera de la heladera y que a mí siempre me termina haciendo mal. Sin embargo, en cada cumpleaños, en cada Navidad, lo comí sin decir nada por miedo a que, si lo rechazaba, alguien se ofendiera. Cada una de esas veces me descompuse –cuenta Mariela y se ríe al recordar–. Fue muy liberadora esa primera fiesta en la que logré decir: ‘No quiero, gracias, no me cae bien’”. Esta situación casi tragicómica, que se parece más una escena de una sitcom que a la vida real, sucede más de lo que creemos. Por eso, la formadora en Autoasistencia Psicológica y especialista en emociones y diálogos interiores, Graciela Figueroa, enfatiza en la importancia de poder decir «no» amorosa y respetuosamente. «Es una actitud necesaria para que nuestra integridad se manifieste y que nuestras relaciones sean libres, amorosas y fértiles. Esta función es expresión también de nuestra madurez y autonomía emocional”.  

Cuidar nuestra integridad

A veces confundimos decir no con ser egoístas. Pero ser buenas personas y que nos guste ayudar a los demás no significa que estemos obligados a hacer cosas que no tenemos ganas o que debamos postergar asuntos propios por los otros, quedándonos sin tiempo para nosotros mismos. «En diciembre, una amiga me pidió si la podía llevar con mi auto a hacerse un estudio médico, ya que luego ella no iba a poder manejar», cuenta Ana, famosa entre sus amistades por su tendencia a “estar siempre dispuesta” y agrega: «Ese día hacía 36 grados. El estudio se lo tenía que realizar a pocas cuadras de donde vivo, sin embargo me dijo: ‘Te espero a la 1 en casa’. Aclaro que es una zona que queda muy a trasmano de mi barrio y que mientras manejaba –sorteando vehículos tipo autitos chocadores por el tremendo tránsito y los cortes que había– terminé con un rayón importante en mi coche. Entonces pensé: ´¿Por qué no le dije de encontrarnos en el lugar del estudio, para después llevarla a su casa?’ Me hubiese evitado estrés, tiempo y sobre todo, el suculento monto del chapista. Por suerte el estudio salió bien. Y obviamente nunca le conté que me rayaron el auto para que no se sintiese mal”, comparte Ana.

«Decir ‘no’ es una actitud necesaria para que nuestra integridad se manifieste y que nuestras relaciones sean libres, amorosas y fértiles. Esta función es expresión también de nuestra madurez y autonomía emocional”, sostiene la especialista en emociones Graciela Figueroa.

“Sabemos lo que es dañino y nos hace mal, pero cuando abusamos de lo bueno perdemos los límites, nos exponemos al exceso, y, lo que es más grave, dejamos de disfrutar nuestra vida. Sin duda existe el no por egoísmo o por orgullo y también la negatividad como rasgo de carácter de algunas personas, en la que se dice que no a casi todo lo que les piden o les proponen. Pero eso ya es un cuadro de dificultad para establecer vínculos y un modo de aislarse de la sociedad”, reflexiona Abadi.

En el libro Aprenda a decir no, su autor, José Matas Crespo, explica que un «no» pronunciado a tiempo evita malentendidos, discusiones, estrés y mal humor. «Además de esclarecer las cosas, facilita un mejor entendimiento entre las personas, generando confianza y aceptación», destaca. Y en La sabiduría de las emociones, el doctor y psicoterapeuta argentino Norberto Levy destaca: «Muchas personas dicen: ‘No he dicho tal cosa por miedo a que se enojara’. Esas personas imaginan el enojo del otro como el fin de todo, algo que debe evitarse a toda costa y que, cuando ocurre, es una catástrofe sobre la cual nada se puede hacer. Lo que cura ese miedo es saber que si hemos aprendido a autoafirmamos respetuosamente, luego de escuchar la ira del otro podemos seguir presentando nuestro punto de vista de tantas maneras como sea necesario».

Muchas veces nos sentimos agobiados por múltiples demandas. ¿Cómo renunciar a aquello que no queremos?

Para observar cómo está en nosotros la capacidad de decir «no», Graciela Figueroa nos propone el siguiente recorrido:

  • Percibir lo que quiero y lo que no. En general, creemos que todos nos percibimos o que tenemos dicha capacidad igualmente desarrollada. Pero no es así: todos tenemos la capacidad potencial de autopercibirnos. Para que esa capacidad se manifieste deben darse ciertas condiciones. Es decir, para que nuestra autopercepción sea lo más plena posible es necesario que haya sido ejercitada, que haya sido posible en el contexto en el que crecí. 
  • El poder decir que no. Por ejemplo: si expresar lo que no me gustaba no fue permitido en mi familia y era una niña muy sensible, es probable que optara por no manifestarme si mis deseos no coincidían con lo que se esperaba de mí. Una función que no se  utiliza porque no está  permitida, con el tiempo deja de registrarse total o parcialmente. Y queda en un segundo plano como algo que no es relevante.  En ese caso, decir  que no quedará como una posibilidad muy debilitada porque “no es importante que yo no quiera algo”. “Lo importante es no frustrar al otro» o «no ser egoísta».
  • Validar lo que siento. Para expresarlo mejor, legitimar lo que siento es reconocer que lo que el otro siente, quiere, pide u ofrece… tiene tanta validez como mi libertad de aceptarlo o no.
  • Manifestarlo. ¿Puedo expresar mi “no” siendo firme y amable en mi negativa, y respetuosa con los demás? Muchas veces se ha mencionado esta capacidad como expresión de la autoafirmación personal. Es útil reconocer también que existe la autoafirmación despótica o autoritaria y la autoafirmación respetuosa. 
  •  Aceptación. También es necesario sentirme en condiciones de aceptar la eventual frustración o disconformidad del otro al escuchar mi negativa a su pedido, ofrecimiento o deseo. Porque no se trata sólo de expresar el “no” sino de reconocer que el otro es probable que se frustre o enoje.  

Y a la hora de seguir haciéndonos preguntas, la especialista en emociones y diálogos interiores nos comparte algunos interrogantes clave:

¿Podemos acompañar la posibilidad de decir «no»?
¿Registro o me doy cuenta con claridad cuando no quiero algo?
¿Lo reconozco como importante para mí?
¿Puedo expresarlo con claridad?
¿Puedo reconocer que es tan válido mi derecho a decir que no como el pedido, deseo u ofrecimiento del otro?
¿Estoy en condiciones de escuchar o aceptar la frustración del otro ante mi negativa?

«Decir que no es muy importante en los vínculos: quien no puede expresarlo acumula residuos tóxicos en las relaciones. Adaptarnos a lo que no queremos tiene consecuencias. Vamos sumando frustraciones e insatisfacción que un día nos desbordan y, entonces, un estímulo aparentemente pequeño detona una explosión de malestar. En realidad, la explosión es extrema respecto a ese último acontecimiento pero es coherente con el caudal de insatisfacción acumulado. Cuanto más puedo negarme con firmeza y amablemente a lo que no deseo, desarrollo más flexibilidad en las interacciones porque no cargo un equipaje de frustración acumulada. Confiar en mi capacidad de ser coherente con mi sentir (y mi sentir también incluye a los otros) es la gran importancia de poder ser auténticas en nuestras relaciones», concluye Figueroa.

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