Sophia - Despliega el Alma

POR Virginia Gawel - Columnistas

29 marzo, 2017

¿Ser astutos como serpientes?

Ser astutos y mansos a la vez, con los demás y fundamentalmente con nosotros mismos. Una tarea ardua pero gratificante, que requiere de un ejercicio: asumir el desafío de transformar la vida.

Crecí sin astucia. No me fue enseñada, y creí que ser bienpensada era el mejor modo de andar por el mundo.

Abollada, amoratada, esquilmada, arremetida, centrifugada, estrujada y dolida un día tuve que ponerme de pie y ver que así… así no era. ¿Qué me faltó? Astucia.

Vayamos al diccionario. Una de las definiciones es: “Acción hábil con que se pretende engañar a alguien o conseguir algo”. No, eso no quiero. Sigamos. La segunda es: “Habilidad para comprender las cosas y obtener provecho o beneficio mediante engaño o evitándolo“. ¡Ahí está el punto! Astucia no para sacar provecho maliciosamente, sino para evitar ser engañados.

Esa astucia requiere de mucha conciencia para discernir ante lo que vemos. Y un punto clave del discernimiento es no solamente ver dónde está el engaño con el que eventualmente alguien me está envolviendo, sino algo aun más interno, de mi propia psiquis: qué le estoy poniendo yo a eso que percibo, deformándolo con mis propias proyecciones y colaborando, en ese caso, con el engañador.

El mundo sólo puede engañarnos en aquellos aspectos acerca de los cuales nosotros hayamos decidido (de un modo inconsciente) engañarnos a nosotros mismos. Por lo que fuera: por necesidad de amor, por desamparo, por avaricia, por una pertinaz inmadurez que nos hace funcionar de un modo peligrosamente ingenuo…

El trabajo sobre sí más completo será el que incluya herramientas de autocuidado. Y el autocuidado va a requerir desarrollar este tipo de astucia. Es una astucia extraña, pues no tiene una mirada maliciosa. Está atenta a percibir y a no proyectar (o bien a retirar proyecciones ya ejercidas). Percibir lo que es (desarticulando mis distorsiones de la realidad), con extremo cuidado de sí (lo que en psicología transpersonal se describe como la práctica de Maitri).

Es curioso: lo que en un plano de la realidad es irreconciliable, en un nivel de conciencia más evolucionado es una paradoja en la que lo antitético puede existir con su opuesto. Voy a explicarlo mejor. Independientemente de la fe que cada uno ejerza (o no), me gustaría mencionar un párrafo de lo que Jesús les dice a sus apóstoles (recordando que los Evangelios son, además, textos de Psicología del Espíritu): “Mirad, yo os envío como ovejas en medio de lobos; por tanto, sed astutos como las serpientes e inocentes como las palomas”.

“En medio de lobos” es el mundo. Pero, cuidado, esos lobos no son solamente los demás: nosotros somos los lobos de los otros. Si funcionamos solamente desde el instinto, el egocentrismo nos vuelve peligrosos para los demás y para nosotros mismos. ¡Hay gente que nos ha padecido, o bien aún nos padece! De modo que también es necesario ser astutos para con nosotros mismos, porque si no nos damos cuenta somos capaces de ser “astutos” pero en el sentido negativo, manipulando, procurando sacar provecho, acomodándonos en el escaloncito que ya habíamos elegido para nosotros a costa de lo que fuere. Discernir afuera, discernir adentro.

¿Y qué pasa con el “inocentes como palomas”? La palabra “inocente” es maravillosa. Su etimología es “no noxa”: que no daña, que no envenena. O sea, que no tiene ánimo de lastimar.

En nuestro corazón y en nuestra conducta la tarea es que la serpiente y la paloma convivan amistosamente, y hagan un trabajo en equipo. Volvernos astutos y mansos a la vez. (En algunas otras traducciones dice, en vez de “mansos”, “sencillos como palomas”. Ambas valen para lo que estoy queriendo expresar).

¿Que es difícil? ¡Ah! Yo nunca dije que fuera fácil, ¡pero las reglas de este juego de la vida vinieron con la caja que nos fue dada al momento de nacer! Sonrío y miro. Me miro, los miro, y me dan ganas de abrazarlos, así, con palabras, para decirnos: “Es difícil, pero es hermoso”. Trabajar sobre sí, darse cuenta, transformar la vida… Aunque sea difícil, es hermoso.

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