Sophia - Despliega el Alma

POR Adriana Amado - Columnistas

19 mayo, 2020

¿Qué tienen estas mujeres para decirnos sobre la pandemia?

Los países que ellas gobiernan mostraron buenos resultados frente al avance global del coronavirus. ¿Puede el factor femenino ser la clave para comprender la necesidad de construir una nueva forma de liderazgo?

En las últimas semanas aparecieron varias notas elogiosas del liderazgo femenino durante la pandemia. Principales medios de todo el mundo incluyeron una nota destacando la labor de mujeres al frente de sus países. Las notas referían los mismos siete ejemplos de Alemania, Nueva Zelanda, Dinamarca, Finlandia, Noruega, Islandia y Taiwán. De hecho, todas las noticias eran prácticamente idénticas a una columna de opinión de Avivah Wittenberg-Cox en Forbes que había logrado más de siete millones de vistas a inicios de mayo.

El título “What Do Countries With The Best Coronavirus Responses Have In Common? Women Leaders” (¿Qué tienen en común los países con las mejores respuestas de coronavirus? Mujeres líderes) explicaba las mejores respuestas a la enfermedad por características del liderazgo femenino.  Sus méritos se resumían en cuatro cualidades: decisión, verdad, tecnología y amor, que replicaron todas las notas sin mayores justificaciones que la nota original.

Como ejemplo de decisión se ponía los países de Oriente, hemisferio donde primero se detonó la crisis. La presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen tomó más de cien medidas en enero, aunque nunca llegó a recurrir a las restricciones totales que en muchos países se ponen como ideales. Sí lo hizo Jacinda Ardern, primera ministra de Nueva Zelanda, país a la misma latitud sur que Argentina que tomó similares medidas. Con la diferencia de que ya logró el control total de nuevos casos y a inicio de mayo pudo reanudar las actividades comerciales y educativas.

Como exponente de verdad presentaban a Angela Merkel porque dijo que al coronavirus “hay que tomarlo en serio” desde el inicio, evitando a Alemania las fases de negación, ira y falta de sinceridad que convirtieron a algunos presidentes en el ridículo global. También la premier danesa, Mette Frederiksen fue elogiada por sus mensajes francos, con instrucciones claras a la población. La tecnología es ejemplificada por la decisión de la primera ministra de Islandia, Katrín Jakobsdóttir, que ofreció pruebas de coronavirus para toda la población, con lo que es el único país que testeó a todos y más de una vez. Sanna Marin, primera ministra de Finlandia y primera jefa de Estado milenial, aprovechó la llegada de los influencers en las redes sociales para comunicar las recomendaciones contra la COVID-19. Y sumó también a los médicos, chóferes de autobuses y comerciantes como voceros comunitarios para llegar a toda la población sin costo para el Estado.

El amor fue el valor en el que se encuadró la empatía en el ejercicio del liderazgo de la primera ministra de Noruega, Erna Solberg, que respondió preguntas que le mandaron los niños, y no en una, sino en dos conferencias en las que les dijo cosas tan básicas como que era normal que tuvieran miedo.

Merkel, la veterana en el poder también entró en la categoría amorosa por defender la dignidad de los mayores, tan manoseados por las medidas de reclusión. En el elogio de su templanza algunas notas incluían también a la reina Isabel de Inglaterra[2] que aunque suelen ser las olvidadas de las feministas, son pioneras que llevan décadas siendo ejemplo de ejercicio femenino de poder.

Mujeres, equidad y pandemia

Lo curioso de tantas notas elogiando a estas mujeres por las mismas acciones es que sus países ni siquiera fueron los que más medidas tomaron, de acuerdo al Stringency Map de la Universidad de Oxford[3]. Considerando los números de afectados, a mediados de abril los resultados eran dispares. Islandia y Taiwán tuvieron muy pocas bajas. Pero Dinamarca tenía más muertes más que Argentina. Nueva Zelanda no tuvo que aplanar la curva porque siempre fue en descenso pero Alemania estaba superando los tres mil para entonces sin remisión a la vista.

Todavía nadie puede explicar por qué países que tomaron las mismas medidas, algunos tuvieron peores resultados y algunos tuvieron mejores.

Aunque es tentador aprovechar la oportunidad para destacar a las mujeres, es un poco irresponsable exaltar sexismos en tiempos tan delicados y con tan pocas evidencias. Poner como receta femenina verdad, decisión, amor y tecnología no solo es simplificar el problema, sino también el aporte que está haciendo la humanidad, sin distingos de etnias y géneros, a la pandemia. A menos que al periodismo que replicó la idea de la columnista (a veces sin siquiera citarla) le asombre que se trate de mujeres, o peor, que piensen que hay que aplaudirlo más fuerte porque son mujeres.

Ninguna de las dos opciones parece igualitaria.

La pandemia generó una situación sin precedentes en la política mundial. Nunca había pasado que la mayoría de los países enfrentaran una misma crisis al mismo tiempo. Como en el mundial de fútbol, juegan el mismo partido los campeones de siempre con países que no sabemos ubicar en el mapa, aunque ninguno quiere tener el primer puesto de la tabla. Justamente porque no juegan en la liga femenina, sino en la mundial, es una buena oportunidad para mostrar que las mujeres enfrentan las crisis como cualquiera. Y si, eventualmente, pueden sacar mejores resultados es porque jugando en igualdad de condiciones, hacen diferencia.

Sin dejar de echar una hurra por los logros del minoritario equipo femenino, quizás lo que deberíamos preguntar es por qué liderazgos basados en decisión, verdad, tecnología y amor no son universales. A esta altura, más que cualidades esperables en la dirigencia, deberían ser obligatorias.

 

[1] https://www.forbes.com/sites/avivahwittenbergcox/2020/04/13/what-do-countries-with-the-best-coronavirus-reponses-have-in-common-women-leaders/#f5c5ba73dec4

[2] https://twitter.com/ajplusespanol/status/1258539610868768769?s=20

[3] https://covidtracker.bsg.ox.ac.uk/stringency-map

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