Pubertad y adolescencia: del miedo al despliegue - Sophia Online

Membresía digital

Círculo Sophia

Sophia Online

Pubertad y adolescencia: del miedo al despliegue

Es una de las etapas de crecimiento más complejas que atraviesa todo ser humano. Por eso, como adultos, aprovechemos nuestras propias experiencias y recursos para acompañarlos en ese tránsito con amor, empatía y libertad.

A la etapa de los dos años —primera etapa de individuación— se la llama «primera adolescencia”. A esa edad, los chicos descubren que son personas separadas de sus padres y que pueden pensar de forma diferente y lo practican con intensidad: parece que dijeran “no sé de qué se trata, pero me opongo”, con la alegría de entender que tienen una identidad propia y separada, y también con el miedo que eso conlleva. Esa etapa difícil que, una vez superada, recordamos con sonrisas y de las que tenemos mil anécdotas, vuelve a repetirse —de forma un tanto más compleja— al acercarse nuestros chicos a la adolescencia. Entonces comienza la “segunda individuación”.

Con la misma fuerza, y el mismo miedo, al empezar la pubertad buscan romper el capullo de la infancia en el que estaban seguros y protegidos, conocían las reglas y lo pasaban muy bien… ¡y nosotros también! No pueden evitarlo: ese capullo les queda apretado, les incomoda. Quieren y temen salir, cuando se asoman se dan cuenta de todo lo que van a tener que hacer durante los años siguientes para entrar al mundo de los “grandes”. Un lugar que todavía les queda enorme, pero que transitarán hasta convertirse en personas adultas, independientes, encontrar una pareja, estudiar una carrera, independizarse económicamente.

Les resulta tan alto el salto que tienen que dar para alcanzarnos que eligen tirarnos hacia abajo (“no sabés nada”, “no te rías fuerte cuando vayas al colegio”, “no te bajes en la casa de mi amigo”, etc.). Y esto requiere que tengamos la autoestima alta para comprender sin ofendernos ni reaccionar agresivamente, entendiendo que están ensayando sus primeros vuelos torpes con sus alas recién desplegadas.

Para poder entender lo que les pasa en nuestros chicos cuando se acercan a la pubertad y durante los primeros años de la adolescencia, vale la pena intentar un viaje en el tiempo hacia nuestra propia adolescencia, para recordar emociones y sentimientos, miedos, dudas, cambios de intereses y de amigos, evocando nuestro paso por esa etapa.

Desde siempre, hasta alrededor de los diez años, los chicos viven protegidos bajo el ala de sus padres, de la familia grande, de la escuela, del barrio, y en ese ámbito seguro —ese capullo del que hablé antes— se dedican a aprender, a jugar, a hacer deportes, a socializar.

Una de las dificultades de la pubertad hoy, es que se viene resquebrajando esa incubadora protegida por publicidades, modas, y el ingreso de pantallas y redes a nuestras casas, lo que lleva a que muchas veces se adelante el inicio de los cuestionamientos y las dudas, que aparecen aun antes de que empiecen los cambios corporales. Así se acorta el tiempo para la maduración y el fortalecimiento de los recursos personales para entrar en la nueva etapa, en ese mundo complejo cuyas reglas no comprenden. Muchos chicos se alejan demasiado pronto del seguro mundo de la infancia y les cuesta todavía más encontrar las coordenadas para esa nueva forma de vivir y de comunicarse que empieza en la adolescencia.

Me descubro a diario (Catapulta) es el nuevo trabajo de la licenciada en Psicología y columista de Sophia Maritchu Seitún, junto a la diseñadora gráfica, fotógrafa e ilustradora Sofía Chas. Un espacio íntimo, pensado para adolescentes y pre adolescentes, donde podrán descubrir y expresar lo que les pasa en esta etapa de crecimiento y tantos cambios. Un libro de autoconocimiento, con herramientas que les servirá de guía para orientarse en esos momentos en que se llenan de dudas, que además contiene información que los ayudará a encontrar y responder muchas de sus preguntas y a comprender mejor sus emociones.⁠ 

Sea cual sea la edad a la que eso ocurre, no se entienden a ellos mismos, les cuesta saber quiénes son o lo que necesitan y hoy se agrega que no pueden tomarse el tiempo para lograrlo, porque son bombardeados con múltiples ideas y propuestas desde el entorno, las redes sociales, los juegos en red y los celulares, situaciones que no siempre pueden ni saben manejar. Y a los adultos nos cuesta llegar a ellos para compartirles nuestra experiencia y acompañarlos en el proceso.

En generaciones anteriores, la sociedad entera se ocupaba de la formación de los adolescentes y los padres podíamos apoyarnos en ese trabajo en equipo que hacíamos  de la mano del entorno (la familia grande, las escuelas, el barrio, los clubes, las parroquias…).

Nuestros púberes necesitan tiempo para aprender sobre temas que les interesan y/o preocupan (que son muchos y van más allá de los cambios corporales), para conocerse más a ellos mismos, entender lo que les pasa, rearmarse como adolescentes con más conocimientos de sí mismos y del momento que transitan. Y aunque, para lograrlo tienen, inexorablemente, que tomar distancia de sus padres, de todos modos no necesitamos asustarnos, o al menos no tanto, ya que los padres permanecemos adentro de ellos en esa etapa con todo lo que compartimos en los años anteriores.

Así permanecemos como “puerto seguro” para esos hijos, de modo que puedan explorar, salir a ver el mundo, sabiendo que tienen un lugar calentito adonde volver, donde pueden descansar del exterior, que sabemos por experiencia propia lo que puede doler.

Etapa tan difícil como maravillosa, que vale la pena transitar en vigilia atenta, sin miedo y a la vez sin dejarlos solos y ofreciéndoles información adecuada para cada etapa.

COMENTARIOS

FRASE DEL DÍA

"La mente que se abre a una nueva idea jamás volverá al tamaño original". 

Albert Einstein