Sophia - Despliega el Alma

POR Virginia Gawel - Columnistas

20 noviembre, 2019

¿No encajás en tu familia?

Tener la impresión de haber encarnado en la familia "equivocada" supone una experiencia desafiante y muchas veces compleja. ¿Por qué nos sentimos así, tan diferentes a nuestros padres y hermanos? ¿Qué puede decirnos la Psicología Transpersonal al respecto?

Es como si fueran realidades diferentes: hemos tenido la misma historia familiar, pero las versiones difieren sensiblemente. Es como si compartiéramos la realidad de lo cotidiano, del entorno social, de lo que nos sucede a todos, pero pareciera que habláramos en diferentes dialectos.

Nos cuesta hacernos comprender e inclusive es posible que hayamos renunciado a ello.

Puede suceder con la mamá que nos tocó, el papá, los hermanos… o toda la familia. Y, desde ya, más paradójico resulta cuando somos buenas personas y ellos… ¡también lo son! Entonces uno se siente extranjero de esa cuna en la que nació y creció, como un integrante de algún otro ignoto clan. De hecho, hay niños que están convencidos de ser hijos adoptados, aunque no lo sean, y aunque sus papás les brinden el amor que les es posible darles. ¡Tan grande es el sentimiento de no-pertenencia al grupo familiar!

A veces, simplemente, quizás sea que hay caracteres poco compatibles, en familias conflictivas en las que todos se quieren, pero no saben cómo ejercer un amor sano: hay ignorancias emocionales que producen aislamiento y dolor, incomprensiones recíprocas, desconocimiento de quién es el otro (pues se cree en la ilusión de que se conoce al otro “porque es mi hijo / mi hermana / mi padre”, y esa ilusión es necesario que sea removida, para investigar quién es esa persona, más allá de los roles).

Otras veces lo que sucede es que quien siente ese “no encajar” en su familia es una persona que tiene un nivel de conciencia, de sensibilidad, de percepción global, diferente del que tienen los demás integrantes.

El nivel de conciencia de cada individuo, según la Psicología Transpersonal, implica un desarrollo evolutivo que le posibilita a la persona ir teniendo cada vez mayor claridad respecto de sí misma, del sentido de la vida, de la importancia radical de valores comunitarios como la compasión y la solidaridad… Cada uno de nosotros nace con un determinado nivel de conciencia, y la evolución implicará incrementar esa capacidad de comprender, que no depende del nivel de instrucción ni de inteligencia, pues se trata más bien de una inteligencia espiritual y emocional.

Si organizamos con fines ilustrativos los niveles de conciencia de la humanidad generaríamos una pirámide cuyo vértice superior representaría nivel de conciencia de un Buda, de un Cristo: de alguien iluminado por la sabiduría total. La base de la pirámide representaría la mayoría estadística de la Humanidad: un nivel de conciencia en el que predomina la mente condicionada, los automatismos, la confusión, la falta de claridad en el conocimiento de sí mismo y del otro.

Quien tiene un profundo interés a sí mismo y en servir generalmente no está del todo en la base de esa pirámide, sino procurando ascender a través de ella. Por ello es posible que se sienta “no encajar” con quienes viven en un nivel de menor desarrollo, si ese fuera el caso. Herman Hesse decía respecto de este “no encajar”: “Tu problema es que tienes una dimensión demás“. Hay personas, sí, que no encajan en su familia porque tienen una sensibilidad, una conciencia de la realidad, una capacidad de visión mucho más desplegados que los de su gente. Esto puede ser doloroso, o a veces vergonzante, o bien irritante, depende del caso.

Desplegar la conciencia 

Nacer en una familia en la que no encajamos es una invitación vital a desarrollar la capacidad de compasión, de paciencia, de poner límites de manera no violenta… atentos siempre a no ensoberbecernos por esa conciencia más desplegada. Mirar por encima del hombro a los demás se vuelve tentador, pero debemos saber que a lo largo de la vida también los otros pueden, en algún momento, despertar a intereses más profundos, de modo que podemos llegar en otro tiempo a una afinidad aún no lograda.

Estemos atentos también a ello.

También, el tener una conciencia más evolucionada requiere de la modestia de reconocer que los demás están más evolucionados en cosas en las que uno no lo está: de ellos podemos ser aprendices. Y si nuestra porción de evolución es verdadera, hallaremos soluciones más lúcidas para los problemas que se presenten, atentos a instrumentar en ella valores dignos de esa lucidez.

¿Que es difícil? ¡Pero claro que sí!

Sin embargo, sigo prefiriendo la expresión que me acercó la querida Psicóloga argentina Melisa Biondi, quien estudia Psicología Budista en India: es desafiante. Y el desafío ofrece oportunidades todos los días para no reaccionar mecánicamente, según qué botones nos toque el otro en la interacción.

Yo no sé si podemos elegir en qué familia nacer: tal vez nacemos en la familia necesaria para este momento de nuestra propia evolución. Así lo siento yo, al menos. Pero bien fuera que sí o que no, nosotros, hoy, podemos convertir a la familia en la que hemos nacido en una oportunidad de esclarecimiento acerca de qué estamos hechos por dentro.

Cada integrante es una oportunidad para vernos, para transformarnos, para saber a qué distancia colocarnos para que resulte saludable. También para ejercer cualidades superiores en un monasterio mucho más arduo que cualquiera de las altas montañas: la comprensión, la paciencia, la ecuanimidad, el perdón… y también el poner los límites sanos que hagan falta.

El ego se deja ver cuando estamos en nuestra familia. Podríamos definir el ego, desde esta Psicología que Integra Oriente y Occidente, como la expresión psíquica de los aspectos más instintivos que nos permiten sobrevivir en el mundo. Como tales, implican mecanismos de defensa desarrollados para poder asegurarnos nuestro territorio, nuestra subsistencia, e inclusive la posibilidad de incluirnos gregariamente y de gestar progenie.

Muchas familias funcionan básicamente desde el ego, sin que tenga lugar la naturaleza esencial de cada uno de sus integrantes. Quien procura vivir en contacto con su propio Sí Mismo y desde allí comunicarse con la esencia de los demás, frecuentemente se encuentra con los mecanismos del ego, que complican o impiden toda comunicación profunda. ¡Pero ése es el gimnasio que nuestra alma tiene disponible para desarrollar sus mejores virtudes! Ram Dass, un reconocido psiquiatra del enfoque Transpersonal, suele decir graciosamente: “Quien se crea ilumninado, que pase unas vacaciones con su familia“.

Es desafiante, ¿verdad?

Por último: no es raro que las historias de la gente más extraordinaria de nuestra gran familia humana tengan antecedentes de grandes dolores en la primera etapa de sus vidas: padres difíciles, abandono, muertes, incomprensión… Las dificultades de nuestra historia no implican una imposibilidad de hacer un camino de evolución consciente: podemos convertirlas en el combustible para transitar ese camino.

¡Que así sea, en tu vida, en mi vida, en la nuestra!

Para compartir: Primero te pregunto: ¿tiene este tema algo que ver con tu vida? Luego, te invito a cliquear aquí para acceder a un breve video sobre este tema. La Naturaleza siempre me sugiere verdades que van más allá del intelecto. ¡Que te acompañe en espíritu!

Me quedo aquí, escuchando lo que quieras contarme.

 

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