Sophia - Despliega el Alma

POR Maritchu Seitún - Columnistas

31 octubre, 2019

Nadie crece solo

Hoy te compartimos un texto que es puro amor y agradecimiento: nuestra querida columnista nos regala un recorrido por el enorme valor que tuvo para ella atravesar estos 20 años junto a Sophia, en un camino lleno de aprendizajes y de encuentro.

“Amar no es más que el modo de crecer”.

José Martí

Como decía Donald Winnicott, no existe un bebé sin su madre, no podría sobrevivir sin ella (u otro cuidador). Él no necesita ocuparse de que ella se quede y atienda sus necesidades porque ella está allí  y acude cuando él llora, está molesto, necesita mimos o se aburre; la mamá intenta interpretar lo que le pasa y predominan las ocasiones en las que lo logra, lo regula y le va enseñado a regularse y a confiar en que él también va a poder hacerlo.

Ese ámbito seguro y confiable le permite al bebé abrirse e investigar el mundo, jugar, conectarse, aprender, tranquilo, abierto y entregado porque sabe —aunque es un saber sin palabras— que ella se ocupa de su supervivencia y seguridad, que está cerca y puede recurrir a ella cuando se asusta, se frustra, se siente solo, necesita ayuda, o cuando quiere celebrar un logro.

Ante sus dificultades y pedidos ella acude para ver qué le pasa, lo entiende y lo ayuda a entender y a resolver.

Mientras va creciendo el ser humano sigue aprendiendo, algunas pocas cosas por su cuenta y muchas más por otras fuentes: no sólo junto a personas como padres, abuelos, otros familiares, docentes, amigos, sino también a través de experiencias de vida, lecturas, películas, canciones,  que lo llevan, invitan, obligan o acompañan a elegir el rumbo, a volver o a entender cuando anda perdido, a enfocar o a tomar distancia cuando las cuestiones vitales se le complican, a reanimarse cuando se desanima, a confiar en sí mismo y en otros.

La huella del amor

Maravillosas esas personas y esas contribuciones que nos acompañaron cuando tanto los necesitábamos que, en la mayoría de los casos, nos sostenían sin que tuviéramos demasiada conciencia de ellas, y celebraban junto a nosotros sin reclamar su parte de nuestro éxito, en un silencioso acompañamiento, tan silencioso que podíamos darlo por sentado, olvidarnos de que estaba allí.

A nivel emocional, son como la fuerza de la gravedad o el aire a nivel físico. Cuando íbamos creciendo y nos apartábamos de ellas en busca de nuevas experiencias y relaciones, lo hacíamos con la huella que habían dejado en nosotros, las llevábamos adentro, internalizadas en ese acompañamiento y sostén.

Y siguen desde allí iluminando nuestro camino.

“Sophia nos acompaña a crecer en una modalidad en algo similar a esa madre de la primera infancia: presente, confiable, disponible, interesante, iluminadora,  profunda, sabia, convocándonos sin imponerse.  Durante muchos años en papel, hoy en una página web y en un interesante newsletter que cada semana nos interpela, desafía e invita a convertirnos en la mejor versión de nosotras mismas”. 

Los adultos nos apoyamos en otras personas en muchas oportunidades, pero vamos armando nuestro propio sostén y estructura, que se va configurando a lo largo de los años a partir de infinidad de experiencias vividas. No podríamos hacerlo si no hubiera habido antes en nuestra infancia personas significativas que, sin hacerse notar, nos ayudaron a armar esa estructura, esos valores, esa confianza en nosotros.  Y en cada etapa de la vida seguimos enriqueciéndonos y fortaleciendo esa estructura con distintos referentes e influencias que, en un riquísimo entrelazamiento, nos ayudan a seguir constituyéndonos en quienes somos.

Durante estos últimos veinte años la revista Sophia ha sido para mí —y para muchas otras personas— una parte importante de esos agentes de enriquecimiento personal que me —y nos— vienen acompañando y ofreciendo información, ideas, invitándonos e impulsándonos a crecer y a comprometernos.

Sophia nos acompaña a hacerlo en una modalidad en algo similar a esa madre de la primera infancia: presente, confiable, disponible, interesante, iluminadora,  profunda, sabia, convocándonos sin imponerse.  Durante muchos años en papel, hoy en una página web y en un interesante newsletter que cada semana nos interpela, desafía e invita a convertirnos en la mejor versión de nosotras mismas.

¡Gracias, Sophia por estos veinte años!

¡Les deseo muchos años más de esta rica  y amorosa presencia en nuestras vidas!

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