Sophia - Despliega el Alma

POR Miguel Espeche - Hablemos de...

14 julio, 2013

Los secretos


Los secretos tienen mucha fuerza y operan desde las sombras, ocupando lugar en el alma, en la mente, en las relaciones humanas, con un silencio que, a veces, puede ser atronador.

El secreto no es necesariamente una mentira, pero en ocasiones necesita de ella para subsistir. A la vez, es un error simplista decir que todo secreto debe ser revelado de manera automática por ser “malo” el solo hecho de que exista. En verdad, no toda información es asimilable por cualquiera, y debe asumirse el riesgo, cuando corresponde, de “administrar la verdad” en relación con los efectos que determinadas cuestiones puedan tener en quien de ellas se entera. Si se piensa en los niños y en algunas de las cosas que no están todavía en condiciones de conocer de manera directa, se entenderá acerca de qué estamos hablando.

El secreto emergerá de alguna manera a la conciencia y la vida vincular. Si no lo hace en clave de información, lo hará a través de efectos diversos. Por ejemplo, el hijo adoptado al que no se le ha dicho que lo es se irá enterando de eso “raro” que hace a su identidad. Con el tiempo, las palabras quizá dirán lo que tienen que decir, y él sabrá acerca de su origen a través de la información propiamente dicha, pero antes ese secreto obrará en susurros, en sensaciones extrañas, en incongruencias en los relatos, en intuiciones…

Los secretos roban energía al presente; de allí el alivio cuando salen a la luz y liberan el alma. Pero la vida no es un juego, es dura e imprevisible, por lo que existen secretos que merecen sostenerse, como lo sostuvieron los protectores de la familia Frank, que escondían en el altillo a Ana y a otros judíos que huían de los nazis que los buscaban.

El del secreto es un tema muy difícil. Por eso, lo aconsejable es no tenerlos, o si hay que sostener alguno, que sea porque no queda otra. No conviene recibirlos sin preaviso, no vaya a ser que debamos soportar informaciones que no queremos soportar de parte de alguien que nos desembucha alguna macana que ha hecho, de la que, al enterarnos, nos vuelve cómplices.

Erróneamente, se piensa que los secretos son más verdaderos que las realidades expuestas a la luz. Lo que sí ocurre es que la fuerza de una verdad ocultada se potencia por el hecho de que habita en la clandestinidad y suma a su propia energía la de todos los fantasmas habidos y por haber.

Distinto al secreto es el misterio. El misterio es algo relacionado con el alma de las cuestiones de la vida y, en particular, la de todas las personas. Tiene que ver con aquello trascendente que no es asimilable por nuestra limitada conciencia. El misterio habita en todos nosotros, sin necesidad de secretos, ya que todos tenemos contacto con esa dimensión inefable desde la cual surge la fuerza vital.

La confusión entre secreto y misterio parte, por ejemplo, de lo que explica que muchos amantes clandestinos encuentren que lo ocultado es lo que alimenta la pasión. No creen en el misterio que ofrece energía y hondura a los vínculos (inclusive a los manifiestos y visibles), por lo que lo suplen con lo clandestino, con lo escondido, para vivir así una pasión que cuenta en su haber con la perpetua amenaza de presentir que, cuando todo sea visible o legalizado, morirá inexorablemente de chatura.

Lo óptimo es aspirar a vivir livianos de equipaje en lo que a secretos respecta. Rumbear hacia una vida en la que estemos enteros, enterados, a la luz del sol. Es un objetivo lleno de paradojas en el camino, ya que, así como toda verdad dicha sin amor deja de ser una verdad, hay secretos guardados por amor que, con el tiempo, si todo va bien, verán el sol y serán, allí sí, juzgados por sus frutos y la intención real por la cual fueron guardados.  

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