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Exfoliadas: La vida que rueda en una maleta

Alivianar nuestro equipaje para lanzarnos al mundo, es parte de un viaje interno que nos libera de las ataduras con todo aquello que podemos y debemos soltar. ¿Qué elegís poner en tu valija?

Las estaciones y aeropuertos están llenos de personas que empujan valijas llenas de vacaciones, mudanzas, trabajo, despechos. Lo curioso es que la cantidad de bultos rodantes es casi la misma para la inmensa mayoría. Uno. A lo sumo dos. Puede variar la calidad del equipaje. Puede que haya salido de un armario bien provisto o que la maleta carga la totalidad de bienes de quien la porta. Pero puestos a cargar, no se puede mucho más que lo que permiten dos brazos y una espalda.

¿Cuánto equipaje podemos llevar? ¿Cuánto es razonable arrastrar a un viaje? ¿Cuánto vale la pena cargar de la vida vieja hasta la nueva? Quienes saben viajar lo hacen de la manera más liviana posible. Hay una sabiduría en esas modestas proporciones que permiten las aerolíneas low cost, esas que nos enseñaron a viajar barato. Esa frugalidad de equipaje sirve también para viajar por tierra, en esa mayoría de países en que las estaciones de buses y trenes están llenas de obstáculos y escaleras.

Si en lugar de pensar en turistas, hablamos de migrantes, sus historias confirman que la vida es casi lo único imprescindible para llegar. En el mejor de los casos. El camino que sale de Venezuela o de Ucrania, solo admite el equipaje esencial. Una imagen desgarradora es ver las valijas que la fatiga abandona en el costado de las rutas. Ahí comprendemos que los únicos recuerdos que no se pierden son los que se llevan puestos en la memoria.

En situaciones menos dramáticas, alcanza con que la aerolínea extravíe el equipaje, o se averíe el transporte, para discriminar automáticamente qué era imprescindible y qué empacamos de más. Una muda de ropa, un calzado de repuesto, productos de higiene, y un abrigo alcanzan. Muchas veces es lo único que usamos de una valija cargada hasta reventar.

Durante siglos la humanidad viajó con el bolso que podía cargar con los brazos. Solo la gente adinerada podía darse el lujo de trasladar su vestuario con grandes baúles, que exigían una servidumbre para su movilidad. La costumbre se mantiene entre los que pagan sin problema exceso de equipaje, que puede costar los mismo que el pasaje.

Es curioso que la humanidad tardara siglos en juntar tres tecnologías ancestrales: el bolso, la rueda y la palanca, para ponerlos al servicio del viaje. El primer equipaje rodante se inventó en 1970, pero fue recién en 1987 que un piloto entendió que lo práctico era llevar la valija en posición vertical. Otro fabricante le agregó el mango retráctil hace poco más de treinta años. Sin embargo, hoy no sabríamos llevar un equipaje que no pueda rodar.

A pesar de su conveniencia, las ruedas no eliminan las escaleras del mundo, ni suben y bajan las valijas mágicamente los escalones de los transportes. Ni qué decir cuando lugares de destino nos aguardan apenas un par de cajones. No se puede llegar lejos cuando se sale al mundo arrastrando pesos. Libertad es viajar ligero.

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Truman Capote