Sophia - Despliega el Alma

POR Virginia Gawel - Columnistas

19 diciembre, 2019

La resolución de mis problemas

Te proponemos una aventura hacia tu identidad psicoespiritual, para comprender que aquello que te define no es inamovible ni estático. ¿No será que los grandes problemas de la vida tienen que ver con perder de vista nuestros procesos?

Tal vez lo que suceda sea que somos excesivamente creyentes de estas dos expresiones: “Yo soy así”, y su complementaria, “Yo no soy así”. Lo que sostiene a estas dos afirmaciones (y sus consiguientes problemas) es la falsa idea de que somos un sólido. Sí: como un escritorio, un avión o una escalera de mármol.

¡Y es tan evidente que no es verdad!

Solo nos puede parecer cierto si ejercemos el truco con que la mayor parte de la Humanidad sostiene esa visión: el autoengaño. ¿Acaso quien eras hace cinco años (por poner un número) no es solo un ancestro de quien eres hoy, a veces con apenas leves rastros de parentesco? ¡Te autoancestras!

Veamos: si me asomo a ver todos los días, daría la impresión de que ese escritorio, ese avión o esa escalera no cambian; son idénticos día tras día, y podría fotografiarlos hasta llenar todo el calendario para comprobar su inalterada identidad. Pero tengo que volver al inicio de este párrafo: daría la impresión, porque, obviamente, aunque en lo inmediato no lo notemos, envejecen.

(Y si desde una física más sutil, que hurga en los átomos, observáramos su aparente solidez, nos anoticiaríamos de que algo tan concreto como un pedazo de mármol está constituido, básicamente, por espacio vacío…).

Pero vayamos, mejor, al otro punto: nosotros.

Nosotros, en el aspecto material, también envejecemos, como es lógico. Y, si el mármol está hecho de “espacio vacío salpicado con briznas de materia” -como dijera un destacado físico cuántico- nuestra identidad corporal es agüita que camina: apenitas sólida, más blanda que contundente, más evidentemente transitoria que perenne…

Pero, por favor, te invito a que juntos demos un paso más, hacia nuestra identidad psicoespiritual: lo no visible, pero que se manifiesta a través de las actitudes visibles, y, para expresarse, necesita, sí, de un cerebro material.

Tu identidad no es un sólido

No, es algo fluctuante, cambiante, mutable, sujeta a las circunstancias, pero, sobre todo, a lo que decidas hacer ante esas circunstancias. De modo que el “Yo soy así” y el “Yo no soy así”, necesitan ser interpelados por tu corazón. Sé generoso contigo mismo, y ponle a ambas frases el maravilloso signo de pregunta.

“Te invito a que juntos demos un paso más, hacia nuestra identidad psicoespiritual: lo no visible, pero que se manifiesta a través de las actitudes visibles, y, para expresarse, necesita, sí, de un cerebro material”.

VIRGINIA GAWEL

Elonga lo que está encogido, relaja lo que está elongado, porque esos rasgos personales que se estiran o se encojen de más, ese exceso que produce una falta (exceso de reactividad que produce falta de serenidad, exceso de dependencia que produce falta de libertad…), están implicando una sobreexigencia para responder instintivamente a tus circunstancias, y una restricción a otras las posibilidades en que tu Ser podría manifestarse. Ya no se trata del inicio de tu infancia, cuando era sobrevivir o perecer: ahora puedes vivir siendo por completo, y no solo la mitad, no solo un extremo que te desarticula el espíritu.

Ante este asunto, la pregunta “¿Quién soy?” tal vez nos quede un talle grande; yo elijo primero, para trabajar sobre mí, otra pregunta: “¿Cómo soy?”. Y entonces advierto que necesito dar mejor respuesta a otra pregunta más, que es el cimiento de la propia identidad: “¿Qué soy?”. Si mi respuesta es estática tal como “Soy una mujer, psicóloga, que se llama Virginia Gawel”, como si se tratase de una entidad bien definida y tan inamovible como la escalera de mármol, estaré en problemas: procuraré que mi personalidad sea la que está ya prevista por mí y la que se acomoda a los demás, tal como me instalé en ellos (¡aunque para ello tenga que guardar en el sótano partes de mí que no caben en esa imagen que me compré, y que procuro irradiar, sin darme cuenta!).

En cambio, si mi respuesta a “¿Qué soy?” es dinámica, las posibilidades de libertad y de expansión de mi identidad son casi infinitas. En ese caso, entonces, la respuesta sería: “Yo soy un proceso”.

(Cuidado: no se trata de “Yo estoy en un proceso”, sino que la naturaleza de lo que soy es más bien un manantial que una escalera de mármol, más como las brisas del verano que como mi viejo escritorio).

De problemas y soluciones

A esta edad comprendo que la mayor parte de los problemas personales que tuve que atravesar en mi vida, se han debido a que estaba siendo ferviente devota de concebirme como un sólido, sin saber que podía cambiar, que podía “completar lo faltante”, como decía Morihei Ueshiba. Si, en cambio, me identifico con el ser un proceso, tengo todo un gran margen para ir construyéndome, deconstruyéndome y reciclándome tantas veces como haga falta. Tengo permiso para ser quien no he sido, para actuar como no me atrevía a actuar, para decir el “no” que mi autoimagen tenía terminantemente vedado.

Cuando esa libertad se ejerce, buena parte de los problemas que tenemos, dejan de estar, porque podemos ser también como no habíamos sido hasta ahora.

“Si, en cambio, me identifico con el ser un proceso, tengo todo un gran margen para ir construyéndome, deconstruyéndome y reciclándome tantas veces como haga falta. Tengo permiso para ser quien no he sido, para actuar como no me atrevía a actuar, para decir el “no” que mi autoimagen tenía terminantemente vedado”.

VIRGINIA GAWEL

Esto requiere de un delicado trabajo sobre sí mismo: ejercer aquello que no formaba parte de la imagen que imprimimos en los demás. “¿Qué te pasa?”, alguien te dirá, cuando marques el límite imprevisto, cuando ejerzas la ternura que tu dureza maniataba, cuando rías con la boca bien abierta ante quienes te creían solamente serio.

Esa palabra mata la vida en nosotros: ser solamente “la servicial” suele generar a un montón de gente cómoda que espera que resolvamos las cosas; ser “el que no puede” nos deja pequeñitos, cargando a los otros con nuestros asuntos, y con la ilusión de que pueden controlar nuestra vida. Solamente necesita ser reemplazado por también.Puedo ser serena, pero no siempre solamente serena: también puedo ser un ventarrón, o un huracán…”.

Sé ése que no fuiste.

Selo. De a poquito o de a mucho, de a sorbos o en torrentes, de repente o tramo a tramo… Familiarízate con esa expresión: “Soy un proceso”. Escríbela en el refrigerador para leerla cuando abras su puerta, en tu celular, en la palma de tu mano. No hará falta que la tatúes en lo invisible de ti, porque eso invisible ya lo sabe. Yo solo estoy aquí, de manera pequeñita, recordándotelo.

Brindo contigo por nuevos tiempos en lo que seas el nuevo ser que ya está queriendo salir desde ti.

Y, como siempre, te pregunto: ¿tiene este tema algo que ver con tu vida? Te invito a cliquear aquí para acceder a un breve video que busca acompañarte en el Camino.

Me quedo aquí, escuchando lo que quieras contarme…

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