Sophia - Despliega el Alma

POR Miguel Espeche - Hablemos de...

14 abril, 2014

La atracción por los “chicos malos”

Los “chicos malos” tienen ese “no se qué” que las enamora. Siempre fue así. No a todas, es claro, pero sí a muchas. Ellas gustan de esa capacidad de transgresión de los susodichos, de la rebeldía, del aire de cierta indiferencia que los torna irresistibles.

Las chicas enloquecen con esos muchachos que no siempre las tratan bien, que están alejados del mundo emocional, pero que parecen poder más que los otros porque se ven autosuficientes y no temen a nada ni a nadie.

Los “buenos” parecen aburridos a su lado. El carisma del muchacho “malo” es insuperable, sobre todo cuando, en el colegio, ya parecen mayores que sus compañeros y no temen pasar los límites, con una intensidad distinta que hace que las chicas vean en ellos al “macho Alfa” de la manada, con todo lo que eso significa.

Nuestra cultura se ve tentada de valorar una idea machista de masculinidad, que asimila la hombría a la mera dureza, y la valentía a la mera temeridad. El machismo, que, sabemos, es una manera de ver la vida a la que suscriben hombres y mujeres, es un  paradigma que “baja línea” acerca de lo que es ser varón, y entroniza a esos “chicos malos” como representantes de esa manera de ver las cosas. Son chicos que parecen dominar su territorio y hacer su propia ley, según su gusto y poder, logrando un magnetismo irresistible para muchas mujeres, quienes, en ese clima, creen que una migaja del amor de ese hombre vale más que cualquier otra cosa… Hasta que se cansan.

Sería una situación casi folclórica si no fuera porque en muchos casos las cosas terminan mal. Recordemos que ya es una realidad indiscutible el hecho de que las parejas se separan por causas similares a aquellas por las cuales se unieron en un principio. Tal cosa ocurre cuando, por ejemplo, una chica dice: “Me enamoré de él porque sabe lo que quiere, se enfoca en sus proyectos, y porque no le importa lo que otros digan”. Al tiempo, podrá decir algo muy similar, pero para explicar por qué desea separarse de ese mismo señor. “Siempre hace lo que se le da la gana y no tiene en cuenta a nadie más que a sí mismo”, afirmará, a la hora de intentar salirse del vínculo.

Un aspecto de la compleja relación que surge con los chicos “malos” es la idea de rescate, la que perdura en ocasiones a lo largo de muchos años. “En el fondo de ese hombre que me trata mal y que no cuida al hijo que tenemos en común, hay un niño herido”, me decía una mujer tiempo atrás. De hecho, cada vez que ella quería salirse de ese laberinto tormentoso, en el que inclusive había golpes de vez en cuando, él le imploraba que no lo dejara, que justo en ese momento estaba dándose cuenta de lo mucho que la necesitaba para superar sus problemas de conducta. Claro, ella se ilusionaba con la idea de que era necesaria y que, con su amor, lo salvaría al pobre, y así continuaba en la relación para, muy pronto, percatarse de que las cosas seguían igual o peor, ya que él, que era un “chico malo”, no tenía ese “adentro” que ella imaginaba o, si lo tenía, no era ella quien lograría hacerlo salir a la superficie.

Mucho más habría para decir sobre la atracción que ejercen los “chicos malos”. Pero lo dejamos acá. Los años demuestran que los chicos malos a veces no lo son tanto, pero, si perduran de grandes en ese mismo juego, la cuestión se torna aburrida, ya que lo que era glamoroso antaño se ve hoy como lo que es: puro y pobre egoísmo. Y del egoísmo, se sabe, hay que alejarse, sobre todo, si se quiere disfrutar del amor, el verdadero, ese que alegra y alimenta de verdad sin espejismos.

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