Sophia - Despliega el Alma

POR Cristina Miguens - Columnistas

8 febrero, 2019

La Argentina celeste, un cisne negro

Hoy hace exactamente seis meses que el Senado rechazó el proyecto para legalizar el aborto en nuestro país. ¿Qué lectura podemos hacer de todo lo que pasó, desde entonces, aquí y en el mundo? Una reflexión profunda acerca de este cambio conciencia que está naciendo a nivel global.

La divisoria de aguas que se generó en la sociedad argentina con el debate sobre el aborto durante 2018, no solo vino para quedarse, sino que con la perspectiva de estos seis meses transcurridos podría asegurar que solo puede profundizarse. Y bienvenida sea la grieta, porque anuncia una nueva cosmovisión.

El proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo que obtuvo media sanción en la Cámara de Diputados el 14 de junio y fue rechazado por el Senado el 8 de agosto, no despenaliza el aborto sino que lo consagra como un derecho de la mujer, que puede exigirlo sin causales dentro de las primeras catorce semanas de gestación, y sin límite de tiempo para los casos de violación y/o amenaza de la salud física, psicológica o social de la madre. Adicionalmente penaliza al profesional o centro médico que se negara a realizar (o dilatara) un aborto, aduciendo objeción de conciencia.

En la práctica, si una mujer se peleaba con su pareja o se quedaba sin trabajo en el noveno mes de embarazo y sentía que su “salud” estaba amenazada, podía solicitar un aborto legal y gratuito hasta el mismísimo día del parto. Eso significa matar a un bebe de 40 semanas de gestación dentro del útero (hay varias técnicas diferentes), para luego provocar el parto del bebe muerto. Créase o no, la legalización de este atroz infanticidio, que fue exhibido como un “progreso” para la sociedad, fue aprobado en Diputados.  

Lo que parecía una batalla perdida de antemano contra Goliat, la siniestra y poderosa multinacional norteamericana IPPF que aportó más de 5 millones de dólares para la campaña y cuyo negocio es realizar abortos y tiene muchas denuncias por traficar los órganos de los bebés muertos, inesperadamente se transformó en la victoria de David cuando el Senado rechazó el proyecto. La Argentina profunda y las masivas manifestaciones pro vida hicieron el milagro.

“Hoy, transcurridos seis meses de aquella épica victoria y a la luz de los nuevos acontecimientos internacionales, creo oportuno reflexionar sobre esta verdadera hazaña de los argentinos porque pienso que no hemos tomado conciencia de la dimensión que tiene”.

Estuve involucrada exponiendo ante ambas cámaras legislativas por lo que no es necesario repetir aquí mis argumentos, pero sí quiero resaltar la ola celeste que se generó en esos meses en las redes sociales y que recorrió todo Latinoamérica en apoyo a nuestro país como baluarte de la defensa de la vida. “Aguante Argentina, que después vienen por nosotros” clamaban por Twitter… Argentina aguantó y no fue ley. Hoy, transcurridos seis meses de aquella épica victoria y a la luz de los nuevos acontecimientos internacionales, creo oportuno reflexionar sobre esta verdadera hazaña de los argentinos porque pienso que no hemos tomado conciencia de la dimensión que tiene.

Durante el mes de enero, en coincidencia con el aniversario de Roe vs Wade, el histórico fallo de 1973 que habilitó el aborto en EEUU, y ante la amenaza de que la nueva SCJ de ese país pueda restringir las condiciones de acceso al aborto, el estado de Nueva York sancionó una ley que extendió el plazo al tercer trimestre de gestación hasta la fecha de parto por razones de “salud”, le negó el derecho a recibir atención médica al niño nacido vivo por un aborto “fallido” y eliminó los posibles cargos criminales a cualquier persona que dañe a un niño por nacer. Con algunas diferencias, ya son nueve los estados que están en la misma línea que NY.

Lo más cercano a un infanticidio, legal y gratuito.

Se profundizó la grieta

También durante el último mes de enero, como todos los años, se realizaron en EEUU marchas por la vida batiendo récords de convocatoria en Washington y en varias ciudades. Dos días después, también en Francia, tuvieron lugar las habituales marchas, con una novedad este año. La convocatoria desde París fue “con los colores de la Argentina” y con la participación en el acto central del senador Mario Fiad, titular de la comisión de salud que rechazó la ley.

Escuchar a la presentadora arengar a los parisinos a repetir el grito de “Que viva la Argentina”, ver flamear nuestra bandera en el escenario y entre los manifestantes con pañuelos celestes “por las dos vidas”, confieso que me emocionó. Y me confirmó lo que ya vislumbraba en agosto de 2018: que a partir del hecho absolutamente inédito de rechazar la legalización del aborto, nuestra nación generó una enorme esperanza y una ola pro vida que ya se insinúa global.

El gobierno y los medios no parecen darse cuenta de la enorme implicancia política y simbólica que tiene la ola celeste, ni siquiera después del efecto Bolsonaro. Nadie pone en duda de que estamos ante un cambio de era, el fin de un tiempo y el nacimiento de uno nuevo.

La humanidad está compartiendo información en las redes sociales y ampliando la conciencia, recapacitando luego de un sanguinario, materialista y ateo siglo XX.

Hoy se busca otras formas de vincularnos, enarbolando valores espirituales, como la solidaridad, la tolerancia, el respeto por las minorías y por lo diverso; se reclama el cuidado de la Tierra, esa Gran Madre, lo que incluye cuidar todas sus criaturas en especial la vida humana. Estos son los paradigmas de las nuevas generaciones, ciudadanos globales que prefieren cooperar más que confrontar, que desconfían de los políticos tradicionales encaramados en el poder y que buscan el sentido de sus vidas en un nuevo humanismo. Los movimientos sociales hoy no son ni a la derecha ni a la izquierda, sino hacia “arriba”.

“La humanidad está compartiendo información en las redes sociales y ampliando la conciencia, recapacitando luego de un sanguinario, materialista y ateo siglo XX”.

La no violencia y la protección del medio ambiente son imperativos planetarios, y nuestro país puede liderar la bandera global de ese nuevo paradigma humanista cuyo símbolo más dramático es la vida del niño por nacer.

Hay una ola pro vida que surgió de aquí, tan fuerte como imprevista, y que se expande por el mundo. La Argentina celeste es un cisne negro en la cultura global. Y los cisnes negros son eso: hechos improbables e inesperados que cambian la historia del mundo. Una nueva humanidad está naciendo y aquí no hay peligro de aborto, porque es la propia Sabiduría de Dios la que está en sala de partos, dando a luz… 

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