Sophia - Despliega el Alma

POR Virginia Gawel - Columnistas

20 agosto, 2019

¿Tiempo de replantearnos la vida?

Cuando el juego cambia, las cartas que nos habían tocado ya no tienen razón de ser. ¡A veces ni siquiera podemos seguir jugando con esas mismas barajas! Pero a no desesperar: Virginia nos invita a replantear nuestras circunstancias para ganar flexibilidad.

 

Foto: Matt Hardy (Pexels).

Como tantas otras veces el diccionario etimológico me vuelve a ayudar a comprender la realidad. Quizás, porque muchas palabras nacieron de fuentes de sabiduría colectiva y transparentan, para el que sabe ver, conocimientos profundos que, por evidentes, están escondidos.

Las palabras son dos: “plantear” y “replantear”.

Enseguida iré a ellas, pero primero quiero, justamente, plantear el tema central que anhelo compartirles: me refiero a cuando la vida cambia las reglas del juego y ya no sabemos entonces cómo seguir jugando, porque no comprendemos las nuevas variables: neblinosas, confusas, amenazantes, siniestramente manipuladas…

“La incertidumbre se apodera del escenario, la ansiedad parece ser la única respuesta. De pronto, quedamos inscriptos dentro de una locura: todos corren con su mazo de barajas para ver en qué mesa se juega el juego que antes estaban jugando”.

Puede suceder en una amistad, en una pareja, en una sociedad. Las cartas que tenemos en la mano son de las antiguas barajas españolas y el juego venía siendo alguno de los que esas cartas permiten disfrutar… Pero, de pronto, daría la impresión de que ahora no solo es otro el juego, sino que las barajas que tenemos tampoco sirven, pues el nuevo juego requiere tener cartas de póker y nosotros estamos, entonces, inesperadamente, con las barajas equivocadas para un juego que ya no es.

La incertidumbre se apodera del escenario, la ansiedad parece ser la única respuesta. De pronto, quedamos inscriptos dentro de una locura: todos corren con su mazo de barajas para ver en qué mesa se juega el juego que antes estaban jugando.

Al menos, en la situación que quiero describir, ése es el problema: no es que en alguna otra mesa se siga jugando nuestro juego; es que han cambiado las cartas, y con ello, las reglas, la realidad.

Foto: Ylanite Koppens (Pexels).

Barajar y dar de nuevo

En ese punto de inflexión se hará necesario que nos demos cuenta de algo: necesitamos renunciar a la manera que teníamos de ver las circunstancias (nuestra profesión, nuestro país, nuestra pareja, nuestro modo de vivir).

No se asusten, por favor, de esa palabra. Renunciar puede ser una bendición, si lo que nos pasa es que estamos aferrados algo que ya no es. En ese caso, renunciar es re-enunciar: volver a enunciar. Volver a enunciar quién soy, qué destino quiero cumplir, si quiero inventar un juego propio con las viejas barajas que tengo y ver si alguien quiere sumarse, o bien jugar a uno de los más antiguos juegos: el solitario (¡qué gran nombre le pusieron!).

O quizás considerar si quiero cambiar las viejas barajas por las de póker, sumándome al juego imperante… O si prefiero, radicalmente, tirar las viejas cartas a la basura, rechazar las que el sistema o el otro buscan imponer y asumir que la vida no me está dando aquello que yo pensé que obtendría por el camino que elegí.

Entonces, quizás, la nueva elección implique desestimar toda baraja, descalzarnos los pies y salir a correr por el prado verde, o lanzarnos en un velero hacia la mar desistiendo de todo antiguo juego y de toda imposición no elegida.

“Quizás, la nueva elección implique desestimar toda baraja, descalzarnos los pies y salir a correr por el prado verde, o lanzarnos en un velero hacia la mar desistiendo de todo antiguo juego y de toda imposición no elegida”.

Y aquí viene lo de “replantearnos”: el diccionario etimológico nos dice que “plantear” significa trazar, proponer un plan y viene de “planta” = “parte del pie que toca el suelo”. ¡Claro! Allí nos afirmamos; allí definimos nuestro plan, nuestro mapa de qué destino podríamos construirnos con lo que la vida nos dio y con lo que no nos dio. Ya no nos quedamos entumecidos en la espera de lo que nunca llega: tomamos lo que sí hay y con ello edificamos algo hermoso (con frecuencia aun más hermoso que lo que imaginábamos crear con lo que queríamos que la vida nos diese).

Eso es replantearnos nuestro destino: poner las plantas de los pies en otro lugar, firmes y presentes, decididos y bien dispuestos.

Cambiar nuestro proyecto de vida, cuando se da de esta manera, implica el desarrollo de una gran flexibilidad que nos quedará como patrimonio interno para siempre. Así como trasplantar una mata con flores suele generar la pérdida de hojas y hasta de frutos, el definir otro plan de vida puede generarnos cierto padecimiento al inicio del nuevo tiempo. Saberlo posibilita no desalentarse (como si un jardinero nos advirtiera no temer que la planta parezca morirse cuando se la mude, pues eso puede suceder, aun cuando se la trasplante hacia un lugar más grande, más bello, con más aire).

Los cambios suelen tener esos costos pero, en general, bien vale la pena pagarlos.

Cabe recordar, para finalizar, aquel pensamiento de Nehru, discípulo de Gandhi: “La vida es como un juego de naipes: las cartas que te tocan son tu determinismo, pero el modo en que las juegas son tu libre albedrío”.

¿Te ha sucedido algo de esto que estoy describiendo? ¿Te está sucediendo ahora? Si quisieras contármelo lo recibiré con actitud de aprendizaje. Mientras tanto, te convidó un breve video que filmé hace muy poquito y que se vincula con este tema, titulado “Lo que la vida no nos dio”. ¡Acá va, espero que te sea de buena compañía!

¿Te gustaría recibir notas como esta en tu e-mail?

Suscribite aquí y te las enviaremos a tu casilla todos los meses

Whoops, you're not connected to Mailchimp. You need to enter a valid Mailchimp API key.

Comentarios ()