Sophia - Despliega el Alma

POR Maritchu Seitún - Columnistas

6 agosto, 2019

Hablar de sexualidad con los más chiquitos

De la mano de la Ley de Educación Sexual Integral (ESI) ellos están comenzando a recibir información en el colegio sobre la importancia que tiene cuidar su propio cuerpo y el de los demás. ¿Cómo acompañarlos en sus descubrimientos y aprendizajes desde casa?

 

Crédito: Pixabay (Pexels).

Al llegar a los cinco años, los chicos se interesan por las diferencias anatómicas entre los sexos y por la sexualidad. Es la etapa que Freud llamó “edípica”: ellos descubren que un día van a crecer, van a tener una pareja e hijos (como sus propios padres) y, para eso, y sin saber nada de la prohibición del incesto, la mayoría elige al adulto del otro sexo más cercano a ellos, al que quiere y admira.

Los varones optan por su mamá, las niñas por su papá.

No es una etapa sencilla, ya que dentro de ellos pugnan dos fuerzas contrarias, la identificación y la rivalidad con el progenitor de su mismo sexo: con la misma intensidad lo admiran, lo copian y quieren ser iguales, y desean y fantasean al mismo tiempo con “sacarle” su pareja para quedarse con ella. Es tarea de los padres en esa etapa acompañarlos en el dolor de que su deseo no es posible de cumplir, que sus padres son pareja (o no lo son, pero tampoco van a ser pareja de su hijo) y que él o ella encontrará su propio compañero o compañera cuando sea grande.

Pero no van a ser ni papá ni mamá. 

En esta etapa podemos encontrarlos en juegos sexuales que son, en realidad, intentos de saber, entender y descubrir aquello que no se animan a preguntar (o no se les contestó cuando lo hicieron); otras veces lo hacen por curiosidad, o porque no se conforman o no les alcanzan las respuestas que recibieron.

“En esta etapa podemos encontrarlos en juegos sexuales que son, en realidad, intentos de saber, entender y descubrir aquello que no se animan a preguntar (o no se les contestó cuando lo hicieron); otras veces lo hacen por curiosidad, o porque no se conforman o no les alcanzan las respuestas que recibieron”.

Es sumamente importante conversar con nuestros hijos pequeños de estos temas. Hoy se adelanta la edad para hacerlo hasta los 3 y 4 años, al proliferar en los medios la sobreestimulación y los temas de género, incluidos también en dibujitos animados y películas infantiles. Por eso, desde muy pequeños, necesitan tener claras las diferencias anatómicas y los temas de sexualidad, para que puedan mirar lo que ven y entenderlo, y también preguntar desde esa base firme y sólida que les ofrecieron antes sus padres.

Crédito: Skitterphoto (Pexels).

Un mundo en crecimiento

En ciertos casos acompañaremos, además, el dolor de algunos niños, pocos, por el cuerpo que les hubiera gustado tener y la aceptación del que les tocó, paso necesario anterior a abordar los temas de identidad de género.

Los duelos son parte del crecer e indispensables para madurar.

Hoy la sociedad nos invita a evitarlos en infinidad de temas, como el de la identidad sexual (soy varón o soy mujer), que fue uno de los primeros duelos que hicimos en la infancia. Hoy se intenta esquivarlo, evitarlo con racionalizaciones y aceptaciones indiscriminadas de identidades de género en niños que, si todavía no están preparados para tomar decisiones mucho más básicas como cruzar una calle solos, o elegir si estar en el cumpleaños de su mamá o ir a la casa de un amigo, mucho menos puede “saber” cuál es su identidad de género a tan corta edad.

La ESI (ley de educación sexual integral) en sus lineamientos para jardín de infantes (de 3 a 5 años) es impecable: habilita a los docentes a hablar con sus alumnos del conocimiento y cuidado de sus cuerpos y de los de otros, de los cambios a lo largo de la vida, de aprender a cuidarse, de a animarse a decir que no, de identificar a las personas en las que pueden confiar.

Todo esto es un avance enorme, pero:

1) Los primeros formadores e informadores de los niños en estos tema son los padres.

2) Se corre peligro de que un docente, con una visión sesgada o con una postura extrema, comparta su punto de vista con chiquitos que lo escuchan, le creen, lo admiran y respetan, aunque no tienen edad suficiente para  disentir, evaluar críticamente o protegerse de lo que escuchan.

“La ESI (ley de educación sexual integral) en sus lineamientos para jardín de infantes (de 3 a 5 años) es impecable: habilita a los docentes a hablar con sus alumnos del conocimiento y cuidado de sus cuerpos y de los de otros, de los cambios a lo largo de la vida, de aprender a cuidarse, de a animarse a decir que no, de identificar a las personas en las que pueden confiar”.  

La ESI cubre y protege a aquellos niños que no hablaron con su padres sobre estos temas, pero es deseable que sean la minoría y que todos lleguen al jardín habiéndolos aprendido en casa con papá y mamá. Claro que no es sencillo hacerlo, ya que nuestros padres no hablaban de sexualidad ni del cuidado del cuerpo con nosotros cuando éramos chicos, por eso es importante contar con material concreto para que nos ayude en esta tarea.

Los progenitores eligen las palabra, los conceptos, las ideas que quieren que sus niños tengan claros, de modo que sus hijos puedan cotejar la información que, por múltiples medios, les llega del entorno.

Si cubrimos todas las áreas podrán cuidarse bien, es decir rechazar acercamientos inadecuados, sin necesidad de hacer investigaciones por sus propios medios, ni de incurrir en juegos sexuales, que ya no les hacen falta, al haber aprendido —y seguir aprendiendo al crecer— todo aquello que quieren saber, por boca de sus padres y con ayuda de algún libro adecuado para la edad.

Coco y Mini quieren saber (Grijalbo) se llama el nuevo libro de Marichu Seitún y Sofía Chas, donde buscan responder las inquietudes de los chicos para brindarles información clara y segura sobre sexualidad.

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