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Esas preguntas que madres y padres nos formulamos en este tiempo tan especial

En su columna de hoy la especialista en crianza nos comparte las respuestas a aquellos interrogantes que muchos de nosotros nos formulamos por estos días, para ayudarnos a transitar mejor una etapa que quedará grabada a fuego para grandes y chicos.

En esta oportunidad, la psicóloga y escritora Maritchu Seitún, columnista de Sophia, respondió algunas de las consultas que nos llegaron a través de nuestras vías de contacto, donde mamás y papás nos escribieron para compartir sus dudas y preocupaciones acerca de cómo criar en este momento tan difícil y hacer de cada experiencia la oportunidad para mejorar la conexión con los chicos y, de ese modo, mejorar los vínculos de toda la familia.

Enfermedades (especialmente covid), miedo, aislamiento, angustia, falta de interés, duelo, son algunas de las temáticas que más aparecieron entre los mensajes que nos enviaron. Compartimos a continuación una selección de las preguntas formuladas y las respuestas que brindó a cada una de ellas nuestra especialista:

A mi hijo más chico, que tiene 6 años, le está costando dormir solo, dice que siente miedo y se angustia. Para ayudarlo le leemos un cuento y concilia el sueño, pero después se despierta y termina pasándose a nuestra cama. ¿Qué podemos hacer?

Con amor y paciencia tienen que enseñarle a conciliar el sueño solo. Si se duerme con ustedes al lado, cuando se despierte los va a necesitar ahí para volver a dormirse. De a poquito, con pequeños cambios semanales, vayan alejándose de él después del cuento, dentro del cuarto, ya no tan cerca, para que descubra que no necesita tocarlos para dormirse.
Cuando logren eso, vayan saliendo del cuarto por ratitos muy cortos (pero cada vez más largos), con diferentes excusas («Voy a prender la luz de la entrada»), empezando por 10 segundos, y vuelvan, para que él vea que puede quedarse solo un ratito y no pasa nada.
Otro tema: enséñenle técnicas para quedarse dormido, es decir, para ocupar su mente porque, en general, los asustan las ideas que se les vienen a la cabeza cuando bajan la actividad para dormir, por eso les cuesta quedarse solos a esa hora. Técnicas de relajación, respiraciones profundas, visualizaciones, rezar… La idea es que empiece haciéndolas con ustedes y después se quede haciéndolo solo.
Por último, que cuente con padres disponibles cuando llame o para llevarlo a su cuarto cuando se pase de cama. Este proceso pude llevar un par de meses, pero con cero sufrimiento para tu hijo. Y un día se va a despertar y va a poder quedarse en su cama haciendo lo que aprendió para dormirse, que es otra forma de estar con papá y mamá, internalizados en las técnicas que le enseñaron.

Somos padres de una adolescente muy tímida. Como en casa teníamos miedo a los contagios, durante varios meses no la dejamos juntarse con sus amigos. Ahora le cuesta volver a socializar, la vemos aislada y un poco triste. ¿Cómo podemos ayudarla?

No la empujen ni se desesperen: lo que le falta a su hija es sumar a su inseguridad su preocupación por el tema. Les comparto algunas propuestas: alguna actividad grupal que le interese, con pocos chicos, empezar por una chica sola y después proponerle hacer ustedes un encuentro en casa con amigos con una propuesta divertida, que le de confianza, como invitar a comer a la familia entera de alguna amiga para que la vea y vuelva a confiar en esa relación, por ejemplo.
Reasegurarle que, si bien es necesario seguir cuidándose, los riesgos hoy son menores, que ustedes están vacunados, que los chicos no corren tanto riesgo… Puede ser, también, que la angustie ver que los otros chicos no se cuidan como ustedes y no se anime a decírselos a ellos, pero se sienta incómoda en su presencia. Pidan ayuda en el cole para que le propongan un trabajo grupal y la pongan con sus amigas para hacerlo. Por último, pregúntenle si le gustaría hablar con alguien del tema (bien puede ayudar una psicóloga). Y no se asusten si dice que no: por ahora, que sepa que existe esa posibilidad y la vaya madurando con tiempo.

Con mi pareja estamos pensando en tener un hijo, pero nos cuesta encontrar un buen momento para hacerlo. Por eso nos gustaría saber si podemos “prepararnos” de alguna manera para encarar esta decisión tan trascendental. ¿Algún consejo?

Lean sobre teoría del apego. El libro que escribí con Inés Di Bartolo, Apego y crianza, es cortito y es muy claro al respecto. Hay otros libros muy interesantes sobre este tema: El increíble universo del recién nacido, de Jorge Martínez, Los árboles no crecen tirando de las hojas, de Miguel Hoffmann, El niño feliz, de Dorothy Corkille Briggs y también recomiendo mi libro Capacitación emocional para la familia.
Hay poco escrito de lo que implica ese cambio para la pareja. Con la llegada de un hijo todo se resignifica, la pareja es otra, ténganse piedad, paciencia, críen juntos, perdónense su errores y sus humores, cada uno a sí mismo y uno al otro.
No se ilusionen con que todo va a ser fácil, porque no lo va a ser. Es un gran cambio de vida, pero un hijo justifica cada minuto de falta de sueño, de pérdida de libertad, del esfuerzo que implica… Y son años que parecen eternos, pero cuando uno los vive pero pasan rápido y después los hijos crecen y llegan los nietos, con puro disfrute y cero responsabilidad. ¡Esa es mi etapa de hoy!

Tengo dos nenes chiquitos, de 3 y 5 años, me separé en plena cuarentena y trabajo en casa. Por momentos, siento que me cuesta demasiado no perder la paciencia y eso me genera enorme angustia. ¿Hay algo que pueda hacer para no enojarme y gritar por cualquier cosa?

Lo primero que te sugiero es que te perdones por enojarte y gritar. Es muy difícil lograr que chicos tan chiquitos entiendan que estás trabajando, que no se peleen, que hagan caso. En segundo lugar, cuando les decís algo y no te hacen caso a la primera, parate, para lograr que sí lo hagan antes de enojarte. Porque si no se acostumbran a obedecer cuando mamá está furiosa, y no antes. Si te ocupás de entrada, con acciones como impedir, evitar, lograr, en lugar de tratar de convencerlos, no te vas a enojar y de buena manera vas a poder ocuparte de que aprendan a hacerte caso.
Por último, tomate tiempo para ellos sin pantallas ni trabajo, un rato cada hora o cada dos horas, para que tengan a su mamá plenamente disponible y jugando con ellos. Y aprovechá esos momentos para que jueguen juego de roles (maestra, familia, doctor, policías) y para que se muevan y se cansen. Son las dos claves para procesar las situaciones vividas.
Otra buena idea es hacerlos participar de las cosas de la casa, que se entretengan poniéndose en acción porque, aunque lo hagan lento y mal, les hace bien ayudarte… y a vos también.

Me preocupa que mi hijo de 13 años perdió el gusto por el estudio. Antes de la pandemia le encantaba aprender, pero tantos días de desorganización en las clases presenciales (vivimos en provincia de Buenos Aires y va una semana sí y otra no) parecen haberlo dejado sin ganas. ¿Cómo puedo hacer para volver a interesarlo por algo que no sea la Play Station?

En primer lugar, interesate vos por la Play, descubrí ese mundo. Que te explique, que te gane, que disfrute compartiendo con vos sus temas. Después, invitalo (vos o el papá) a hacer otras cosas, como dar una vuelta en bici, cocinar algo que le guste, armar un rompecabezas, compartir una lectura, siempre diciendo “vamos” y no “andá”.
No te apures a enojarte, no le prohibas nada. Hagan convenios de uso de pantallas (incluidos para los adultos) y que el tiempo que le queda libre estén los padres un poco más disponibles para acompañarlo a interesarse en otras cosas. De todos modos, parte de lo que le pasa es la situación de la pandemia y otra parte debe ser pubertad y el susto ante tantos cambios —internos y externos— a veces hacen que los chicos se peguen a la Play para escaparse. Estaría bueno llevarlo al pediatra y conversar con él acerca de esta etapa, de la importancia de que haga ejercicio y de las horas que debe pasar frente a la pantalla, para que ustedes después sostengan lo que dijo el médico, en lugar de ser «los malos» que siempre le prohiben.

Tomé la decisión de ser madre sola a través de un donante anónimo. Siempre le dije a mi nena la verdad, dándole información a medida que iba preguntando. Pero ahora que tiene 8 años y pasamos meses muy duros por el aislamiento, noto que el tema la afecta más. ¿Qué puedo hacer?

Te propongo que armes un cuento en fotos que narre la historia que le contaste y la de su vida desde el principio, para que ella sepa lo importante que era para vos ser mamá, la angustia que te daba no encontrar pareja para tener hijos y lo hermoso de la decisión que tomaste, a través del relato de muchas cosas divertidas de la vida de las dos.
Es muy sano que ella proteste y sería bueno hablar de que tal vez le hubiera gustado tener una familia como las de sus amigas y que le duele y la enoja no tenerla, pero que a vos no te duele ni te enoja que le pase eso, porque es parte de crecer y de entender. Hacer ese libro para ella es una forma de mostrarle que estás lista para esas conversaciones y de hacerle saber que no te lastiman, al contrario. Hacete fuerte para tolerar lo que se le ocurra decir, ya que a menudo va a ser fruto de la frustración: por ejemplo, si dijera “Habría preferido no nacer”, no sería la verdad de lo que le pasa, nadie en su sano juicio lo considera, pero sí sería parte del proceso inevitable de duelo que tiene que hacer por no tener un papá. Sin embargo, nunca pierdas de vista que otros chicos hacen otro tipo de procesos, sobre todo en este tiempo, y que no existe en el mundo ninguna infancia que esté “libre de duelos”.

A partir de la muerte de un familiar por covid, nuestra hija siempre dice que le duele algo o que se va a morir, y a veces hasta juega a hacerse la desmayada para que nos asustemos. Quisiéramos saber qué hacer frente a estas conductas…

Me resulta un poco difícil responder por no saber la edad de la niña. Pero, a cualquier edad, sería bueno hablar de la enfermedad, del miedo de los primeros tiempos, de lo feo y triste que fue lo que le pasó a ese familiar, para poder procesar el duelo por esa muerte conversando de esa persona, hablando de lo que la extrañan y recordando los lindos momentos vividos juntos.
Por otro lado, me imagino que tiene miedo de morirse ella o de que se mueran sus padres y sería bueno conversar de la muerte como parte de al vida, inevitable en la vejez, pero que algunas pocas veces ocurre antes de eso, por una enfermedad o un accidente. La tranquilizaría diciéndole que todos ustedes están seguros y se cuidan bien. Evidentemente, lo que pasó fue que conectó con la fragilidad de la vida y se asustó…
Hay lindos cuentos, muy poéticos, que hablan del tema. Fíjense en qué momentos le pasa ese “bajón” para tratar de ponerlo en palabras. A veces va a ser por ese miedo, pero otras porque estará aburrida o preocupada por otra cosa, y es importante que su preocupaciones siempre pueda hablarlas y que no se transformen en ansiedades hipocondríacas como las que me cuentan.
Cuando se haga la desmayada jueguen y asústense “de mentira”, si minimizan la situación o la retan (son las cosas que solemos hacer los adultos frente a situaciones como esas) va a exagerar aún más. Pero, si en cambio reaccionan con fortaleza, van a ver cómo bajan el nivel de sus quejas, sus dolores y desmayos.
Y si dice que le duele, llévenla al médico, que no necesite exagerar para que le hagan caso. Prefiero que vayan de más y que así ella aprenda a regularse cuando varias veces el profesional le diga que no tenía nada y que se quede tranquila que todo va a estar bien.

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