Sophia - Despliega el Alma

POR Miguel Espeche - Hablemos de...

14 marzo, 2014

Ensamble de familias

Por complejas razones ha variado la duración de los matrimonios, tanto que no faltan quienes insisten en declararlo muerto debido al gran porcentaje de divorcios y hogares monoparentales que existen.

Sin embargo, “estar en pareja” sigue siendo considerado muy importante para una amplia mayoría, al punto que, tras los divorcios, hay una insistencia en perseverar en el “estar con alguien”. Tan es así que se multiplican las llamadas “familias ensambladas”, productos de un nuevo proyecto de pareja, configurando una compleja trama que merece alguna reflexión.

Ya no podemos referirnos al fenómeno de las familias ensambladas como un pintoresco efecto de la modernidad, algo que les sucede a “otros” lejanos a los que miramos con curiosidad. Todos, o formamos parte de una familia ensamblada o tenemos muy cerca a alguien que ha dejado el formato tradicional y, con hijos y todo, se ha sumergido en aquello de “los míos, los tuyos y, quizá, los nuestros”.

Para aquellos que están inmersos en esta realidad, es importante tener prudencia y paciencia a la hora de definir un proyecto de familia ensamblada. Los vientos que despierta una empresa semejante son fuertes y hay que saber bien a dónde se quiere ir y, si hace falta, es importante saber arriar las velas y plantar el ancla el tiempo que sea necesario para que no existan naufragios indeseados. Con hijos poco dóciles, excónyuges no siempre en buena sintonía, viejas heridas aún no cicatrizadas y, sobre todo, ansiedad por lograr el nidito de amor soñado sin adecuar previamente ese sueño a las condiciones de la realidad, lo que parecía una maravilla puede transformarse en un doloroso laberinto.

Poco a poco, sabiendo nutrir el vínculo de la nueva pareja para que sea el núcleo fuerte del proyecto, sin pretender suplir el rol de ningún ex y con cierta dosis de sabiduría y autoridad como para generar roles respetuosos dentro del nuevo formato (a los chicos se les puede exigir respeto, no amor, por la nueva pareja o por los hijos de esta), la cosa puede andar.

Para el caso, vale lo que suelo aconsejar también a parejas primerizas que empiezan a soñar proyectos juntos: es importante saber aprovechar el noviazgo, sin pasar demasiado rápido a fases posteriores. Alimentar un vínculo profundo, a la vez que se van generando actividades en común con los hijos, sin forzar las cosas, va propiciando “querencia”, familiaridad, afecto, sin que haya que “defender espacios” por miedo a que lo nuevo lastime el statu quo previo.

Una buena familia ensamblada ensancha la superficie del amor. Genera nuevos vínculos afectivos que forman parte del sostén de todos, hijos incluidos. Más aún: muchos vínculos entre excónyuges, al descomprimirse por la existencia de una nueva pareja de alguno de ellos, han mejorado. Es verdad que en los ex hay a veces celos o miedo a perder el lugar frente a los hijos ante la aparición de otro que convive con ellos, pero no son pocos los casos en los que existe colaboración y hasta afecto entre los que, en definitiva, formarán parte del paisaje de la nueva red familiar.

El amor se atasca a veces en su camino cuando no se le ofrece un orden que permita su fluir. Ese orden, a la hora del ensamble de familias, es esencial y requiere un pulso firme y un corazón convencido para que la sinfonía suene de la mejor manera.

ETIQUETAS familias ensambladas

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