Sophia - Despliega el Alma

POR Miguel Espeche - Hablemos de...

14 diciembre, 2013

El compromiso en la pareja

Es un clásico contemporáneo el temor que muchas personas sienten a quedar atrapadas en una relación “seria” en la que la pareja pase a ser una celda que asfixie el alma de quien a ella entra.

A la vez, mucha gente, sobre todo jóvenes, tienen otro temor, que es el de no lograr comprometerse nunca y, por esa causa, pasar la vida condenados a “resbalar” de relación en relación, sin poder salir de la propia frontera para unir el destino propio con el de alguien que amerite la entrega.

Mucho del miedo a quedar atrapado en el plano afectivo se relaciona con sentir que en un vínculo comprometido se deja de ser quien uno es para pasar a ser una persona sometida al deseo del otro. Ese temor genera en muchos una profunda angustia ante el miedo al aislamiento emocional por no poder comprometer los afectos. Esto ocurre, sobre todo, cuando ven que, tras mucho parapetarse, la vida se va como agua entre las manos, sin que haya un ancla que libere a la nave de la tiranía del viento, lo que hace que la navegación sea vivida como estéril y desolada.

Si en la vida hay que defender la propia identidad, estamos sonados. A la identidad no se la defiende, se la ejerce, sobre todo pasada cierta edad, cuando se empieza ya a jugar en el equipo de los adultos. Esto significa que siempre somos “nosotros mismos”, hagamos lo que hagamos, y nadie podrá amputar aquello que somos. La idea de un “yo” rígido que solamente es genuino cuando está aislado es muy adolescente, pero no condice con lo que es nuestra condición, diseñada para existir en interacción con el “otro”.

El compromiso no significa una claudicación ante el otro. Entregarse no es rendirse, es ofrecerse. Y para ofrecernos en una relación, debemos tener algo que ofrecer, por ejemplo, nuestra identidad, nuestro deseo, nuestra humanidad… formas a través de las cuales se encarna el amor.

Esto viene a cuento de lo que muchos hacen cuando se asustan porque sienten que la vida pasa y no han sabido comprometerse. Para compensar eso se regalan, se transforman en objeto para el otro y no en sujeto con el otro, creyendo que el amor es dejar de ser.

Pero no siempre se sienten así las cosas en una cultura en la que el amor es visto como una batalla de anexiones recíprocas y competencias a veces de gran crueldad… Lo mejor de los amores se manifiesta cuando hay compromiso, pero no visto solo como durabilidad “para la foto”, sino como camino para recorrer con lealtad junto a alguien con quien las cosas se vuelven interesantes a medida que se va avanzando.

Si amar es dejar de ser, se entiende que los chicos y las chicas anden por allí preocupados con el tema, tocando y yéndose, o, por el contrario, generando vínculos voraces en lo que, por ejemplo, la violencia se hace presente porque los límites no existen debido a un profundo malentendido con respecto a lo que significa la entrega sin condiciones.

El compromiso significa, en algún sentido, renuncia pero, en otro sentido, es horizonte abierto. En verdad, diríamos que el compromiso es un destino inexorable, porque siempre uno se compromete con algo. Por ejemplo,  puede haber un compromiso con el miedo o con algún tozudo dolor del pasado, como les ocurre a quienes no sienten la posibilidad de generar una pareja afectivamente significativa.

Conviene ser prudente, pero no miedoso, a la hora del amor. Comprometerse es generar raíz para despejar el camino de la intuición que habilita a que los encantos hagan lo suyo. Es esa la mejor manera de crecer en el amor, con buena onda y entusiasmo ante la aventura.

ETIQUETAS pareja

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