Sophia - Despliega el Alma

POR Adriana Amado - La mujer en los medios

30 diciembre, 2020

El año en que se cumplieron los deseos

2020 será el año que querremos olvidar, pero paradójicamente, lo recordaremos por mucho tiempo: a pesar de las pérdidas y los sacudones, se despide habiéndonos dejado habilidades nuevas y algunas conquistas impensadas.

Este fin de año deberíamos tener más cautela con los deseos pedidos al cambiar el calendario, considerando que este año concretó algunos de los mejores sueños, en un exceso tal que se volvieron pesadillas. Cuántas veces deseamos no tener que levantarnos temprano para ir a trabajar en el agobio del transporte público. Cuántas nos propusimos pasar más tiempo en casa, con la familia. Cuántas veces dijimos que, de tener tiempo, cocinaríamos recetas especiales, acomodaríamos los armarios, leeríamos los libros acumulados y veríamos las películas que quedaron pendientes. O nos decidiríamos, por fin, a cultivar esa afición postergada. Pues bien, el coronavirus fue el mago perverso que vino a conceder a una parte de la humanidad los mejores deseos de la peor manera, es decir, en forma dramática y obligatoria.

Así fue que aprendimos, a fuerza de miedos y de restricciones, que no hay deseo que valga la pena sin la libertad de elegir cuándo y con quién hacerlo. Por eso, aunque este año se empeñó en cumplir algunos de nuestros repetidos anhelos, muchas personas quieren olvidarlo. Algunas hasta proponen descontarlo del cumpleaños.

“Aprendimos, a fuerza de miedos y de restricciones, que no hay deseo que valga la pena sin la libertad de elegir cuándo y con quién hacerlo”.

La revista Times invirtió su distinción al personaje del año y puso el 2020 en portada como el peor de todos. Sin embargo, y paradójicamente, será inolvidable, mucho más y con más detalle que tantos otros en que no sabíamos que éramos felices.

Este año tan generoso en cumplir deseos, nos deja la perplejidad de sentir que, a pesar de las pérdidas y los sacudones, han quedado habilidades nuevas, más allá de la pericia en el cultivo de masa madre o del manejo experto de videollamadas. El secreto revelado por la pandemia es que mejor que anhelar un logro concreto, una compra especial o una persona en particular, es encontrar deseos motores, esos que movilicen otros, que alcanzarlos signifique habilitar nuevas metas.

Por empezar, y sabiendo que las emociones negativas persisten en el recuerdo más que las positivas, la doctora Sonja Lyubomirsky recomienda hacer un esfuerzo para equilibrar los recuerdos amenos con los traumas. Por eso les propongo un borrador de algunas conquistas impensadas que deja este año inesperado:

“Este año nos deja la perplejidad de sentir que, a pesar de las pérdidas y los sacudones, han quedado habilidades nuevas”.

1. Fuimos navegantes de interminables turbulencias y renovadas barreras que nos obligaron a desaprender lo que sabíamos y a improvisar más de lo que imaginábamos. Planificar solía darnos certezas que el 2020 confirmó que no eran tales. En contra de tantas dificultades y pérdidas, aprendimos, nos superamos y acá estamos. No por acaso, la longanimidad se forja y se demuestra en las adversidades.

2. La soledad nos trajo certezas de estar con otros. Comprobamos cómo el aleteo de una mariposa, o de un murciélago en este caso, cambia la vida más allá de la lejana comarca en que agitan sus alas. La pandemia sincronizada globalmente organizó un mundial en el que nadie quería estar en el primer lugar de la tabla y en el que perder no era solo contagiarse. Muchos jóvenes no tuvieron clases, muchas personas quedaron al borde de la subsistencia, muchas mujeres estuvieron indefensas en sus propias casas. Esas también son mariposas que agitaron sus alas para despertar la conciencia a las desigualdades cotidianas.

3. Descubrimos que las fronteras cerradas no sirven de protección de los males y entorpecen la construcción de redes de colaboración. Las barreras que impiden el acceso de potenciales contagios también entorpecen la llegada de los remedios. Nadie se salva en aislamiento. Pero por suerte, por cada encierro, hubo personas que abrieron ventanas para traer víveres, noticias, tareas escolares, la pieza de pan extra de cada horneada. Por cada persona que se creyó a salvo detrás de su puerta, hubo millones de esenciales que decidieron con coraje que la vida continuaba.

“Por cada persona que se creyó a salvo detrás de su puerta, hubo millones de esenciales que decidieron con coraje que la vida continuaba”.

4. Los vínculos se depuraron con una honestidad intimidante y quedó claro cuáles se sostuvieron en la adversidad y cuáles dependían del artificio de las rutinas. Las parejas se dieron cuenta de que habían obviado el voto de “hasta que la cuarentena nos separe” y amistades, familiares y hasta mascotas se revelaron más o menos necesarias. Esa claridad lastimó inicialmente la visión de los vínculos habituales, para aliviar enseguida los ojos en la contemplación de los seres indispensables.

5. El distanciamiento físico no es incompatible con el contacto emocional sino, al contrario, es un gran germinador de sensibilidad y sentimientos. Y un gran depurador de superficialidades.

6. Por fin comprendimos que es imposible separar lo público de lo privado. No solo porque la intimidad ya se volvió el tema principal de lo que publicamos sino porque entendimos mejor cómo lo social es altamente sensible a las decisiones personales. Nuestros actos multiplicados en las redes se volvieron elocuentes de lo que somos como personas y mucha gente empezó a comprender la diferencia entre la responsabilidad declamada y la asumida. La transparencia se volvió la principal garantía de confianza social y personal. Y una prueba masiva para la política orientada hacia unos pocos.

Posiblemente la lectura atenta de la lista agregue en los comentarios alguna otra herramienta a esta media docena. Por lo pronto, les deseo para el nuevo año mucha más longanimidad, conciencia, colaboración, honestidad, sensibilidad y transparencia. No se me ocurre mejor profilaxis para las adversidades y mayor amplificador de oportunidades. Y, en cualquier caso, les deseo que 2021 nos encuentre más lejos de las personas que siguen contrariadas esperando tiempos que ya no vuelven, y más cerca de las que entendimos que ni regresaremos a lo que era antes ni pretenderemos saber con certeza lo que viene. Mientras terminamos de despedir el pasado y aprendemos a dejar de predecir el futuro, no queda más que brindar por estos tiempos tan indiferentes de los otros tiempos. Por este presente nunca tan presente.

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