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Educación sexual sí, esterilización no

Días atrás, una iniciativa del Ministerio de Salud generó polémica, al permitir que jóvenes de 16 años puedan realizarse una esterilización gratuita. Nuestra especialista en niños y adolescentes tiene algo muy importante para decir sobre este tema...

El flyer que el Ministerio de Salud de la Nación compartió a través de la red social Twitter brindando información sobre la polémica iniciativa. 

Vimos en estos días circular un flyer a través de un tuit del Ministerio de Salud de la Nación que recordaba a los argentinos que los menores, a partir de los trece años, pueden pedir en hospitales y centros de salud de todo el país métodos anticonceptivos sin estar acompañados por un adulto. Y que, a partir de los dieciséis, también pueden solicitar una vasectomía o ligadura de trompas. Es decir, una esterilización definitiva. 

La ley 26130 del año 2006 permite este último procedimiento a mayores de 18 años. Pero la ministra Carla Vizzotti la extendió a mayores de dieciséis por una interpretación del código civil y comercial vigente desde el año 2015, que dice que entre los dieciséis y los dieciocho años los jóvenes pueden tomar decisiones sobre su cuerpo como si fueran personas adultas. Por ejemplo, hacer tratamientos médicos no invasivos, que no comprometan su salud, su integridad física o su vida. Esta interpretación ministerial viola tanto los derechos del niño como las leyes y la Constitución Nacional.

En la Argentina, se es niño desde la concepción hasta los dieciocho años inclusive, de acuerdo a la ley 23849 que da rango constitucional a la Convención Internacional de los Derechos del Niño. Por eso, es muy grave que se proponga la mutilación de órganos fértiles sanos a menores, quienes no tienen el discernimiento necesario para tomar decisiones tan serias que afectan su futuro.  

Es muy pronto

Los adolescentes quieren diferenciarse de los mayores y “pertenecer” a su grupo etario, sin saber todavía con claridad hacia dónde van ni quiénes son. Y, de hecho, les va a llevar unos cuantos años convertirse en adultos responsables y a cargo de sus vidas. Hoy sabemos que el lóbulo prefrontal de la corteza cerebral —la “computadora central” de nuestro cerebro, la tomadora de decisiones— no termina de madurar hasta los veinticinco años.

Lo que diferencia al ser humano de otros mamíferos es el largo período de dependencia de sus padres. En palabras de Erik Erikson, el tiempo les ofrece una “moratoria”, años en los que tienen pocas pero crecientes responsabilidades, adecuadas a su maduración. Eso permite que sus energías estén puesta en crecer, aprender, investigar diferentes intereses, desarrollar habilidades, hacer deporte, hacer amigos y divertirse con ellos, interactuar con el otro sexo, incluso enamorarse, etc.,. Hasta alcanzar la adultez plena.

A través de la campaña #EsMuyPronto, Maritchu Seitún, psicóloga especialista en crianza y columnista de Sophia lanzó una convocatoria para juntar firmas contra esta polémica decisión del Ministerio de Salud de la Nación. Se puede firmar el petitorio desde el siguiente enlace:  www.change.org/esmuypronto

Pero, para estar y permanecer en esa situación, niños y adolescentes necesitan a los padres y  a otros adultos cercanos como brújula, como faro. Para que los orienten tanto en el tema de la sexualidad —del que me ocupo hoy— como en muchos otros aspectos. Como el conocimiento e integración de sus emociones, la amistad, el cuidado y respeto de su cuerpo, el amor, el uso de pantallas, la alimentación, las adicciones, los valores morales, entre otros. Los adultos a cargo no podemos distraernos de esa función hasta que ellos hayan alcanzado su plena madurez e independencia.

Educar, no apurar 

Volviendo al tema de las relaciones sexuales, los niños y adolescentes de nuestro país necesitan educación. Y sus padres también necesitan información y formación adecuadas, para poder ofrecer a sus hijos esa educación, para poder ellos mismos entender y explicar, entre otros temas, la importancia de postergar el inicio de las relaciones sexuales hasta edades en las que puedan, no sólo cuidarse bien, sino fundamentalmente hacerse cargo de las consecuencias de esas relaciones. 

Para lograrlo, los padres deben asumir y fortalecer su rol de cuidadores y orientadores, y no rendirse ante modas o resoluciones ministeriales que no benefician a sus hijos, sino que detienen su crecimiento

Los trece años son para estudiar, madurar, divertirse con amigos, “jugar” a ser grandes sin tantas responsabilidades, para independizarse de a poco. Eso implica invitarlos a no apurarse, a animarse a decir que no, en lugar de invitarlos (y eso es lo que hacemos si callamos y no conocen nuestras opiniones) a buscar métodos anticonceptivos que, por suerte, están disponibles y que, ojalá, bien orientados, empezaran a usar a edades mayores.

Van a tener muchos años para tener relaciones sexuales, seguras, cuidadas, con criterio para elegir bien su pareja y el método anticonceptivo que prefieran usar, si así lo deciden. ¿Cómo puede saber un joven en pleno crecimiento qué va a querer para sus veinticinco años, o para sus treinta y cinco o cuarenta y cinco? A lo mejor hoy no quiere tener hijos, lo asusta semejante responsabilidad. Incluso puede creer que nunca va a querer tenerlos. Pero difícilmente tengan el criterio suficiente para tomar decisiones radicales y/o definitivas de ese tipo.

No acortemos la infancia y la adolescencia de nuestros hijos. Tampoco aceptemos que otros lo hagan, sabiendo como sabemos que ese acortamiento tiene un costo muy alto para su vida futura. 

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"El amor es una cadena de amor, como la naturaleza es una cadena de vida".

Truman Capote