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Patricia Bullrich, de Patita fea a cisne negro

Otra lectura del gesto de Patricia Bullrich al unir fuerzas con Javier Milei, desde la convicción de que la patria está en peligro. Las enseñanzas de Jung y el símbolo de la madre arquetípica, en esta mirada simbólica de cara al balotaje.

La declaración de Patricia Bullrich –con el abierto apoyo de Mauricio Macri– de unir fuerzas con Milei para vencer al kirchnerismo, dio vuelta el tablero de la política argentina. Su apoyo incondicional –que no incluye un acuerdo de gobierno–, basado en la convicción profunda de que “la patria está en peligro”, es un cisne doblemente negro: para la política y para la cultura.

Si bien se sabe que Mauricio y Patricia tuvieron contactos con Milei antes de las PASO, no se llegó a ningún acuerdo con JXC. Por eso, la decisión que fue tomada entre gallos y medianoche pudo sorprender y/o enfurecer a los otros integrantes de esa alianza, pero no surgió de la nada. Asumida su derrota electoral y frente a las operaciones del oficialismo que salieron a pedir la inmediata renuncia de Milei con el hashtag #MileiSeBaja, aludiendo a su debilidad política (como fue el caso Menem y Kirchner), no había tiempo que perder.

La reunión del martes 24 de octubre a la noche, entre ambos líderes primero, y luego con Milei y su hermana, estuvo signada por la urgencia de salir a sostener la fórmula que la sociedad había elegido para llevar adelante el cambio y para enfrentar el proyecto hegemónico del kirchnerismo, reafirmando su promesa de campaña “O somos el cambio o no somos nada”.

El efecto sorpresa podría –o no– resultar demoledor para la alianza opositora, pero para los votantes “halcones”, deprimidos y angustiados por el resultado y que habían votado un cambio a fondo, trajo el alivio de una medida de emergencia. Cuando el SAME atiende a un paciente grave en la vía pública no cumple con los mismos protocolos sanitarios que en el quirófano de una cirugía programada. Conozco el caso de un padre (cirujano) que, ante la inminente asfixia de su hijo pequeño que se había atragantado con un objeto, le practicó una traqueotomía con la hoja de afeitar que había usado esa mañana. Y le salvó la vida.

“Cuando la patria está en peligro todo está permitido salvo no defenderla” dijo Bullrich citando a San Martín al anunciar su apoyo a Milei. Sin duda, ella vio la gravedad de la emergencia no solo económica e institucional sino también humanitaria, y reaccionó instintivamente. “La Argentina está rota”, “la gente me abraza y llora” repitió conmovida en la campaña. Cada día se empobrece más, se asfixia un poquito más, atrapada y paralizada por las redes de la corrupción estatal y de las mafias de narcos enquistadas en el poder desde hace décadas. Vamos directo al modelo castro-chavista de Venezuela, del que ya tuvimos una muestra. La falta de combustibles que paralizó el país y mostró las imágenes de interminables colas para cargar nafta son el símbolo elocuente del derrumbe que generó el kirchnerismo y que se propone continuar. Porque no es un error, es un plan. En este escenario de emergencia humanitaria ser neutral o votar en blanco, no es tibieza. Es un grave pecado de omisión del que sabe y no obra.

La mujer detrás del acuerdo

La iniciativa del acuerdo de Acassuso fue de Patricia, por lo que es importante tener en cuenta las circunstancias, porque ella no solo fue derrotada en las urnas por Javier Milei, sino que previamente fue denostada y acusada de ser “montonera tira bombas en un jardín de infantes”. Sus votantes fuimos tratados de “viejos meados” y hasta su marido fue alcanzado por acusaciones falsas. El perdón incondicional a su adversario y agresor, y la renuncia a una reparación en la justicia, constituyen un acto disruptivo para el Patriarcado, cuyo paradigma central es la lucha por el poder hegemónico y la venganza a muerte de los enemigos, como sucede en las guerras.

En el Patriarcado no existe la gratuidad, solo existe el interés o la conveniencia personal. La voluntad del otro se somete por la fuerza o se compra, como pretende hacer Sergio Massa con su monumental Plan Platita, para el que emitió el equivalente a US$12.0000 millones para su campaña, disparando la inflación y destruyendo aún más la economía.

Muchos han escrito (y yo también) sobre el desequilibrio mental y la violencia de Milei y el peligro que representa para la democracia su fantasía mesiánica de un salvador que recibe de un padre celestial “las fuerzas del cielo”. Pola Oloixarac y Laura Di Marco han observado la importancia que para Milei tiene la figura del padre, y que estaría enfrentando a su padre político (Massa) de la mano de un posible padre adoptivo (Macri).

Javier Milei sufrió violencia en su casa. Su padre biológico le pegaba y lo descalificaba mientras su madre callaba. Esa herida narcisista del niño y aún del adolescente podría explicar mucha de la violencia de Milei y sus agresiones a las mujeres, motosierra en mano: hacerle a los demás de forma activa lo que él sufrió en forma pasiva. Por eso la figura de Macri adquirió tanta importancia para el libertario. Para un huérfano la búsqueda del padre es previsible.

La figura de la Madre arquetípica

Pero de lo que no se habla es de que Milei también sufrió la falta de una madre fuerte y protectora que lo defendiera de ese padre violento. Lo que no sorprende, porque durante los 4000 años de Patriarcado la figura de la Madre fue denostada, violentada y sometida.

Por eso, la gratuidad de la acción de Patricia adquiere una dimensión arquetípica y espiritual que tal vez todavía no estamos llegando a comprender. Entregar incondicionalmente el ego por el bien común constituye un “sacrificio” en el sentido literal de la palabra, que es “hacer sagrado”; es entregar el pequeño yo para comprometerse con una misión que lo trasciende. Por eso adquiere tanta relevancia este acto, porque enfrenta al mal en su raíz: el egoísmo.

Para Carl G. Jung el mal es incapaz de sacrificio y es vencido cuando suceden estos hechos que cambian la historia, porque manifiestan otro paradigma: la gratuidad del amor. Elijo ver en este gesto de Patricia –que reiteradamente ha reivindicado su lugar de madre y de abuela– el símbolo de la Madre arquetípica, cuyo paradigma amoroso es el cuidado de la vida; la que protege a la cría en el peligro –en este caso la Patria misma, con nuestros hijos y nietos adentro–, y que se arroja para defenderla.

En una Argentina “desmadrada”, abusada y maltratada por un régimen de poder patriarcal, corrupto, violento y hegemónico, surge una novedad: una figura femenina y materna enfrenta con fuerza y determinación el poder mafioso para instaurar la Justicia. Un cisne negro detrás de la Patita fea.

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