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Cuando la risa es medicina

Reírnos junto a otros, no de otros. Y también reírnos de nosotros mismos, ejerciendo la libertad que nos regala ese ejercicio vital para nuestra vida. La ciencia dice que reír es saludable, ¿querés saber por qué, además, hacerlo siempre vale la pena?

La risa bondadosa, ese poderoso antídoto contra los males del mundo. 

Alguien de ese grupo compartió por WhatsApp una foto de la infancia de todos (ya que habían ido juntos a la escuela y tenían la misma edad). Era una imagen del equipo de fútbol en el que practicaban soñar con ser jugadores, cuando tenían unos 10 años (ahora, todos con más de 65). Uno de ellos (el arquero) se destacaba por no tener la misma ropa que el resto del equipo: ni el pantalón corto negro, ni las zapatillas poderosas, ni el buzo con rayas verticales cuyo color debía uno imaginar, ya que la foto era en blanco y negro.

Como a veces sucede, tomaron al desharrapado arquero como excusa para reírse. «¡Es un arquero ´trucho´! ¡Sin buzo, sin zapatillas!!». «¡El arquero está ´de colado´, no es del equipo, ja!». (En el lunfardo argentino, «trucho» significa «falsificado, sin el valor del verdadero», y «colado» es quien se agrega ilegalmente a un lugar al cual no pertenece.) La respuesta de aquel arquero creo que fue sorprendente: «No alcanzaba para buzo, lo único que tenía eran pulóveres de lana que mamá con mucho esfuerzo y amor me tejía. Solía jugar con las zapatillas Skippy, que eran de plástico barato, y que, cuando pateaba, vuelta a vuelta se me escapaban. ¡Pobre al que le caía encima, porque ya calzaba 44, ja! Éramos muy humildes. ¡¡¡Fueron tiempos difíciles, pero muy felices!!!»  Y como este grupo está constituido por gente hecha de buena madera, las respuestas fueron abrazos y corazones: expresiones de inteligencia emocional, proveedora de ternura.

La foto del hermano mayor de Virginia, sin las zapatillas poderosas, pero con los sueños en alto.  

Hace falta agregar algo: ese pequeño arquero era mi hermano. Yo también fui protagonista de esa niñez con tanta escasez económica, pero tanto cariño que disimulaba toda falta. Yo también usaba las Skippy, tan frías en invierno. Y como yo era casi cinco años menor, él era mi superhéroe personal (y sigue siéndolo). Hace falta también decir algo importante: en la foto mi hermano es el doble de grande que los demás niños. (Hoy mide dos metros y siempre fue difícil encontrarle ropa o calzado.) Cuántas veces habrá querido ser totalmente chiquito para que lo subieran al regazo un tiempo más, y pudiese llorar todo llorable, permitido a cualquier niño de 10 años…

¿A dónde voy con esta historia? A lo delicado que es reírse del otro. A la importancia de ser luego amorosos, si al reírnos hemos lastimado sin querer. Y al valor de reírse con el otro como algo fundamental, que hasta podría salvarnos la vida. Voy hacia ello…

El humor de nuestro tiempo se suele ejerce burlándose, aguijoneando a cualquiera: en la TV, en las redes sociales… La crítica quiere abrirle paso a la risa; y lo logra, pero esa risa no tiene un sabor dulce sino ácido:  brota de la mente, no del corazón, porque lo quemaría. Hemos normalizado la ironía, el sarcasmo, el ridiculizar al otro, como maneras de comunicarnos. Es uno de los gérmenes del bullying, del desgaste vincular en la pareja, de la distancia emocional en la familia o en cualquier grupo humano.

Es posible que hayamos olvidado cómo es reírse bien; cómo dar paso a las cosquillas del humor sano, aquel en el que nadie sale lastimado. ¡Pues, entonces, refresquemos el recuerdo de cómo era reírnos bien hasta quedar exhaustos! Hoy se sabe que, para sostener la salud emocional, reírse desde el corazón y la panza es absolutamente indispensable. Se ha hallado que el acto de reírse incrementa el poder del sistema inmunológico, ayuda al sistema digestivo, cardiovascular y respiratorio, estimula las conexiones cerebrales y libera las neurohormonas del bienestar, de la felicidad.

«Hoy se sabe que, para sostener la salud emocional, reírse desde el corazón y la panza es absolutamente indispensable. Se ha hallado que el acto de reírse incrementa el poder del sistema inmunológico, ayuda al sistema digestivo, cardiovascular y respiratorio, estimula las conexiones cerebrales y libera las neurohormonas del bienestar, de la felicidad».

También recuerdo a un antropólogo que decía que los sanadores de distintas etnias solían preguntar al enfermo: «¿Cuánto hace que no te ríes, que no te revuelcas de risa?». Si para la respuesta sólo encontraba un recuerdo muy lejano… el pronóstico no era bueno.

Te pregunto ¿cuánto hace que no te ríes a carcajadas? ¿Cuánto hace que no juegas algún juego que te saque de la mente? ¿Cuánto hace (si esto te sucede) que no sacas los ojos de la pantalla y simplemente invitas a tu familia a bailar porque sí, a disfrazarse entre amigos, a desternillarse con un juego de mesa que habilite lo risueño más que la competencia?

Si tu respuesta también alude a algo demasiado lejano, si tus ojos perdieron la chispa, si tu panza y tu pecho no vibran con la música de la sana carcajada… es señal de que debes buscar cómo hacerlo. Científicamente, hoy se sabe que uno puede desarrollar hábitos de bien-estar, como lo es reírse bien.

Entonces: a urdir un plan entre tus amigos o tu familia para generar buenos momentos en el que desperezar la risa dormida. O aun entre gente desconocida dispuesta al sano divertimento: bailar, cantar, hacer teatro improvisado, darle amable espacio a lo ridículo (tan temido en nuestra cultura). Y generarte tus propias situaciones de juego, quizás con tu perro, con los mayores de tu clan, con los niños más cercanos.

Tienes la posibilidad de crear de manera sencilla momentos inolvidables. No importa si tu tiempo es difícil: la risa puede tener lugar en cualquier instancia de la vida. De hecho, hay muchas personas que poco antes de morir se van creando con sus seres queridos risueñas circunstancias en el tiempo de despedida: viejas anécdotas familiares, momentos ridículos que ya no causan vergüenza sino simpatía, antiguos chistes de los que nos seguimos riendo —aunque ya sepamos cómo terminan—, juegos graciosos que crean esa íntima sensación de estar unidos, canciones que vuelven a la memoria tejida entre todos…

«Reírse de sí revela que la persona no vive pertrechada tras su ego», señala nuestra columnista. 

Y hay un motivo de risa que distintas tradiciones espirituales proponen cultivar: reírse de sí mismo. Se atribuye a distintos autores esta máxima: «A quien se ríe de sí mismo nunca le faltarán motivos para reír». Reírse de sí revela que la persona no vive pertrechada tras su ego. Que quien lo ejerce ha logrado un admirable grado de libertad interior. Tal vez por eso no es raro ver fotos de monjes riendo ampliamente. Riéndose de sí, riéndose de las paradojas la vida. (Nunca riéndose de otro con riesgo de lastimarlo.)

Que entre todos podamos generar un humor que nos aliviane la carga de lo cotidiano; un humor lúcido que nos eduque para la risa bondadosa, que invite a la comunión y no a la descalificación. Te pregunto: ¿tienes talento para la risa? ¿Cómo lo logras? ¿Quiénes te hacen reír y de qué manera? ¿Qué se te ocurre comenzar a hacer para que la risa eche raíces en el cantero de tu vida? ¡Aprendamos todos de todos!

Me quedo aquí, acompañándote el corazón.

Virginia Gawel

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FRASE DEL DÍA

"La mente que se abre a una nueva idea jamás volverá al tamaño original". 

Albert Einstein