Sophia - Despliega el Alma

POR Miguel Espeche - Hablemos de...

14 diciembre, 2012

Cuando entra el tercero


Cuando el tercero entra en juego, cuando hay un “otro” u “otra” en el universo de la pareja, se arma lío, aunque podríamos decir sin temor a yerro que la infidelidad viene como fruto de un problema previo de la pareja y, en principio, ese tercero es el mensajero que da cuenta del problema.

La irrupción de la crisis saca a la luz el estado de cosas de la pareja. Puede decretar el fin de ella, o puede ser el principio de un difícil pero no imposible reencuentro, siempre que el vínculo tenga raíces fuertes que permitan la elaboración de algo que provoca un gran dolor y genera profundos enojos y angustias.

Suele decirse que “el tercero entra en la brecha” y es así. Las brechas de una pareja, esos abismos a veces llenos de broncas, miedos, temas no resueltos, egoísmos, palabras atragantadas, malentendidos, cosas que se dan por descontadas pero no debieran serlo, resentimientos y mezquindades… esas brechas, digo, abren la puerta a ese “otro” u “otra” que se oculta en el secreto o se busca descubrir con celos detectivescos, como si el intruso fuera más importante que los problemas que generaron su irrupción en escena.

Siendo tan variado el universo de las parejas y tan intrincado y complejo el camino que a lo largo de los años ellas transitan, no podríamos hablar de la infidelidad como si fuera una sola e igual en todos los casos. Hay distintas infidelidades: algunas son crónicas, otras puntuales, algunas violentas o humillantes y otras infantiles, por dar algunos ejemplos.

Hay infidelidades que se viven como “livianas” o meramente sexuales (a esto son más proclives los varones), mientras que otras infidelidades entran al ruedo sentidas con importancia afectiva y erótica, lo que suele vivenciarse como más “peligroso” porque, al ser un vínculo más integrado, se considera que  pone en jaque la perduración de la pareja.

Se decía antes que las parejas tienen que hablar, como si solo hablar solucionara la cuestión. Si se desea llenar la brecha de amor y no de automatismo, lo importante es vitalizar la pareja. Esto puede hacerse hablando, pero también viajando, cerrando con llave la puerta del dormitorio, divirtiéndose, generando ceremonias de encuentro a lo largo del año para no ser solamente gerentes de Pymes familiares, sino algo más apasionante… También se vitaliza la pareja diciendo lo que se siente, poniendo los enojos sobre la mesa y tramitándolos de manera inteligente, dejando el miedo de lado. Cada uno sabrá cómo hacerlo, si se lo propone.

Y a la vez, se ofrece luz a la pareja y a la propia vida teniendo un mundo “allá afuera” del que se pueda traer energía vital al vínculo. Desplegar pasiones en el trabajo, en el estudio, en proyectos, y no solo en “controlar” la vida familiar teniendo “todo en orden”…

La mecanización es importante a la hora del hacer familiar, pero no es el corazón del asunto en lo que a la pareja se refiere. Todos tenemos misterios por ser develados, todos sentimos cosas aunque no nos demos cuenta de que sentimos cosas, todos podríamos hacer de nuestra vida una novela, si la sabemos contar bien y no solo la interpretamos como se interpreta el prospecto de un remedio.

Con pasión y vitalidad se llena mejor la brecha, y es esa pasión vital la que hace de puente entre los que se quieren. Ni socios ni hermanitos: pareja. Olvidarlo abre una brecha en la que entra el tercero, aquel que viene a representar una vitalidad que en la pareja se ha olvidado o se ha perdido en el laberinto de las emociones silenciadas tras el automatismo.

ETIQUETAS pareja

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