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Corte Suprema: lo que Milei, tal vez, no está viendo

Es un error excluir a la mujer de las nominaciones para el máximo tribunal.

La palabra griega “apocalipsis” literalmente significa “revelación” y como todas las escrituras de la sabiduría ancestral, el texto de San Juan se puede entender como un lenguaje simbólico (además de una profecía) que anticipa un cambio radical de la consciencia, tanto personal como colectiva. Apocalipsis es revelar, “quitar el velo”, descubrir lo que estaba oculto para ver una parte de la verdad que estaba velada. Se trata de un proceso de evolución de la consciencia que Carl G. Jung denominó “proceso de individuación” y que puede surgir a partir de una crisis. Edward Edinger, uno de sus grandes discípulos, escribió: “El Apocalipsis, más que una profecía, es una ley psicológica”, una compensación de la psique que busca la unidad y que, tarde o temprano, reclama la integración del polo opuesto que ha sido ocultado o reprimido.

Por eso el triunfo de Milei con su propuesta libertaria era previsible: después de años de autoritarismo kirchnerista, de confinamientos arbitrarios, de prepotencia hegemónica y de agobiante estatismo, el grito de libertad caló en la sociedad con la fuerza del péndulo que busca restaurar el equilibrio. Al son de “Viva la libertad, carajo” y de la motosierra para reducir el Estado y enfrentar los privilegios de la casta, Milei enardeció a los jóvenes en las redes sociales, y con el apoyo explícito de Patricia Bullrich y del PRO —que salió a fiscalizar los votos— ganó la elección y accedió al gobierno sin aparato partidario alguno. Un fenómeno político inédito que hoy analiza el mundo entero. 

Transcurridos tres meses de gobierno, Milei puede mostrar algunos logros en el ordenamiento de la macroeconomía -el equilibrio fiscal, la reducción de la inflación y la recomposición de las reservas en el Banco Central-, al costo de una brutal recesión, la parálisis de la obra pública y el descalabro de la microeconomía por la caída del poder adquisitivo de toda la sociedad. El experimento cruje política y socialmente y la “casta” le pasa la factura. La Cámara de Diputados rechazó la gigantesca ley Bases y el Senado, el monumental DNU. 

Es en este contexto en que Milei lanza la nominación para integrar la Corte Suprema de dos candidatos, el jurista Manuel García Mansilla y el juez federal Ariel Lijo, amigo de empresarios y banqueros, y sobre quien pesan denuncias y sospechas de connivencia con políticos desde hace años. “Más casta no se consigue”, trinan las redes. “La bandera de la impunidad” y “el triunfo de la casta”, concluyen los periodistas políticos. “No satisface los requisitos de idoneidad y aptitud para el cargo”, sentencia el Colegio de Abogados, entre los muchos rechazos que recibió esa nominación. Terminante y deprimente fue la opinión de un fiscal de Comodoro Py: “Lijo a la Corte, cerremos y tiremos la llave”

El otro reparo importante a la nominación de Lijo es el del equilibrio de género. Una Corte exclusivamente masculina es un insulto a las mujeres juristas del país. En 2004 fueron nombradas Carmen María Argibay y Elena Highton de Nolasco. Veinte años después, no quedaría ninguna. Todo un triunfo del Patriarcado.

Para los interesados, recomiendo la lectura del capítulo 12 del Apocalipsis, que en lenguaje simbólico anuncia la intervención de Dios a través del principio femenino sagrado, Sophia, la Sabiduría que da a luz una nueva criatura-cosmovisión que estará protegida del Dragón Rojo que la enfrenta para “devorar a la criatura tan pronto como naciese”. El dragón representa el poder hegemónico y corrupto de la antigua cosmovisión, el milenario Patriarcado encaramado en el Estado. 

En términos simbólicos, el Apocalipsis representa también el proceso de evolución de la consciencia colectiva, el nacimiento de una nueva era en la humanidad, que luego de pasar por dramáticos sufrimientos (simbolizados por los cuatro jinetes: la violencia, la peste, el hambre y la mentira) finalmente “ve” el error y el mal. Básicamente el error es el desequilibrio de la psique, la hegemonía del principio masculino (puramente racional y objetivo) a expensas del principio femenino (lo no-racional, emocional intuitivo y subjetivo). La consciencia necesita integrar ambos aspectos para restaurar el equilibrio perdido. Luego de esa muerte del ego patriarcal, el ser se orienta voluntariamente a la Verdad y el Bien. 

El arquetipo de la diosa Madre, símbolo del poder femenino ancestral y sagrado, ha sido denostado y oculto en la cultura desde que se impuso el Patriarcado, hace más de 4000 años. Sin embargo, los arquetipos siguen obrando en el inconsciente colectivo a través de nosotros, aunque no seamos conscientes de ello. El Mito de la Gran Madre que se manifestó en todas las culturas milenarias con el nombre de diferentes diosas era no sólo la protectora del ciclo de la vida, sino que obraba como un límite espiritual al poder de los humanos. Ella representaba la ley e impartía justicia juzgando a faraones y reyes. Todo exceso sería castigado. Por eso la Sabiduría y la Justicia se representaron siempre con la imagen de una mujer, con una balanza y una espada en sus manos. 

Como un péndulo, llegó la hora de que se manifieste en la humanidad el otro polo para restaurar el equilibrio de la psique colectiva, el principio femenino de la Sabiduría, y con ella, la Justicia, como límite a la prepotencia del poder hegemónico, el paradigma por excelencia del Patriarcado. El dinero (y por extensión la Economía) es la forma más tangible del poder patriarcal, pero como dijo Cristo “no sólo de pan vive el hombre”. Hay otros valores morales que están en juego en la Argentina de hoy como el combate a la escandalosa corrupción y a las mafias enquistadas en la “casta” del Estado. La sociedad reclama el fin de la mentira, la injusticia y la impunidad. Un nuevo orden.

Tal vez Milei no está viendo que muchos de sus votantes lo eligieron por más razones que la Economía. No está viendo el arquetipo de la Justicia que está obrando en la consciencia de una sociedad asqueada de tanta connivencia con la corrupción e impunidad. El cambio no solo es económico: fundamentalmente es moral y ético. Milei, que habla de las fuerzas del cielo, debería ver que la batalla no solo es cultural. Ante todo, es espiritual.

Nominar para la Corte Suprema al juez Lijo es nada menos que enfrentar la fuerza del arquetipo femenino obrando en la consciencia colectiva. En parte porque se trata de otro varón más, pero sobre todo porque no es idóneo para impartir justicia. Y enfrentar un arquetipo es algo tan peligroso como inútil: es como pararse enfrente de un tsunami. Tal vez Milei, que también es varón, a ésta no la ve.

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