Sophia - Despliega el Alma

POR admsophia -

11 enero, 2012

BACKSTAGE

Hace un tiempo nos reunimos los ex compañeros y compañeras del colegio secundario para celebrar un aniversario de nuestra graduación, ocurrida unos cuantos años atrás.
Todos lucíamos maravillosamente bien, con más kilos, arrugas y canas; pero eso poco importaba porque la vitalidad nos salía por los poros y era suficiente para estar felices.
No dábamos abasto para ponernos todos al día, y los diálogos iban y venían, con reportes de casamientos, hijos, divorcios y diversas aventuras existenciales, de esas que nadie puede evitar si está vivo.
Tras el frenesí inicial, los diálogos se fueron poniendo más intimistas y se desarrollaban en pequeños grupos, formados por afinidades o por azar.

En el grupo que me tocó, me encontré con varios compañeros y compañeras, entre los cuales estaba la compañera que en mi adolescencia yo no soportaba por “canchera” y “superada”, hoy una amable dama, cálida y franca en su hablar.

Con ella y los otros compañeros nos pusimos a ahondar en lo que vivimos en aquel entonces. Le conté a esa “chica” la opinión que tenía de ella en aquella época, y le dije lo insufriblemente agrandada que la veía entonces. Ella se empezó a reír, tras lo cual nos contó la verdadera historia que existía atrás de aquella muchachita petulante que yo consideraba “imbancable”.

Esa chica que yo entonces creía blindada y sin problemas, en realidad vivía intensos dramas familiares, hacía terapia (algo casi inconfesable en aquel entonces) y sufría penas que ocultaba muy bien, al igual que yo, al igual que tantos…

Gracias a ella, todos nos dimos cuenta de que habíamos pasado parte de nuestra adolescencia ocultando aspectos de nuestra vida de entonces. El backstage de cada uno parecía inconfesable y se guardaba bajo llave en el fondo del alma.

El ejemplo era claro y representaba una cuestión que estaba generalizada en aquel grupo que hoy se estaba sincerando, varias décadas después.

En ciertos contextos ya no son tan fuertes los temores al rechazo y al ridículo que de chicos nos aquejaban. Lo bueno de que los años pasen es que se van algunos miedos, aunque pueden aparecer otros nuevos.
Experiencias que cada uno consideraba un problema individual, como separación de los padres, soledades, hermanos problemáticos o dramas económicos de la familia, eran temas que otros vivían de alguna forma similar, pero de lo que no nos enterábamos.

Debo decir que se demoró, pero el momento del sinceramiento que repara llegó, y fue muy bueno poder compartir con todos un aspecto nuevo de lo que fuimos, y de lo que somos.

Cuántas afinidades ocultas tendremos hoy con los actuales compañeros de ruta en trabajos, en grupos de amigos, en vecindarios. No digo que se deba estar siempre “a corazón abierto”; sólo propongo un poco más de intimidad y algo menos de cháchara vacía que oculta tras bambalinas cuestiones importantes.

Es que, al fin de cuentas, todos sabemos que la vida trae de lo bueno y de lo no tan bueno, y es saludable poder compartir, aunque sea un poco, de esas cuestiones del “adentro”. Si somos honestos, no habrá temas que merezcan bambalinas perpetuas.

Quizá vale abrir un poco más el juego, tener menos tendencia al backstage y más circulación de verdades entre los que ameriten compartirlas.

Así, la vida es más linda, más acompañada, más sentida. Y eso está bueno.

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