Sophia - Despliega el Alma

POR Maritchu Seitún - Columnistas

12 marzo, 2019

Adolescentes: claves para aprender a decir que no

¿Te preocupa cómo se comporta tu hijo en grupo, especialmente frente al consumo de alcohol? ¿Tenés miedo de que no sepa afrontar algunas situaciones por miedo al rechazo? Si querés saber cómo transitar esta etapa, no dejes de hacer clic acá.

El inicio cada vez más temprano de ingesta de alcohol en los adolescentes se conecta con cuestiones que nos cuesta ver relacionadas: nuestros chicos llegan hoy a esa edad empobrecidos en su capacidad para enfrentar con fortaleza y recursos las circunstancias de su vida, a saber: cambios corporales, nuevos sentimientos, pensamientos, intereses, inquietudes.

“Nuestros chicos llegan hoy a esa edad empobrecidos en su capacidad para enfrentar con fortaleza y recursos las circunstancias de su vida, a saber: cambios corporales, nuevos sentimientos, pensamientos, intereses, inquietudes”.

Les cuesta tolerar lo que les pasa, les falta práctica para hablar de eso y suelen encontrar soluciones “mágicas” que el entorno (padres incluidos) les ofrece para esquivar un dolor que ahora papá y mamá no pueden evitarles: la inseguridad ante el cuerpo nuevo, la tristeza por el fin de la infancia,  el enojo o la soledad ante el alejamiento de una amiga, la vergüenza por no saber bailar, el miedo al rechazo…

Con esas soluciones se “camuflan” en el grupo donde creen sentirse protegidos y seguros.

Estas soluciones mágicas pueden incluir comida, alcohol, cigarrillos, energizantes y pantallas de todo tipo, que eligen por contagio, para sentirse iguales a otros y, muy especialmente, para anestesiar emociones y sentimientos que los incomodan.

Tomar conciencia

Hoy quiero ocuparme especialmente del consumo de alcohol: hablemos con nuestros chicos cuando llegan a los 13 o 14 años y ante las primeras invitaciones a los preboliches, o previas. A pesar de que, a esa edad, ellos ya tienen ideas e imágenes sobre el tema difíciles de erradicar y tienden a descreer de lo que les decimos, en realidad sí nos escuchan y es importante que sigamos hablándoles, aunque ellos hagan grandes esfuerzos para desalojar de su mente lo que oyen, desautorizándolo o criticándolo.

“La prevención más eficaz es la que empieza antes que eso, en la infancia, con padres que revisan y enriquecen sus modalidades personales de enfrentar los contratiempos de la vida, que forman a sus hijos según sus propios valores morales, que ponen límites adecuados porque entienden y transmiten el valor del no”. 

En el mediano y largo plazo, la prevención más eficaz es la que empieza antes que eso, en la infancia, con padres que revisan y enriquecen sus modalidades personales de enfrentar los contratiempos de la vida, que forman a sus hijos según sus propios valores morales, que ponen límites adecuados porque entienden y transmiten el valor del no, del todavía no, y también el valor del dolor, la espera, el esfuerzo y la frustración para el fortalecimiento de sus hijos como personas.

Padres que se ocupan de formarlos e informarlos según la edad de cada uno para que puedan llegar a la adolescencia después de haber adquirido y practicado la capacidad de sublimar, mecanismo de defensa maduro que permite renunciar a la satisfacción inmediata en pos de un bien mayor.

Hoy, la sublimación, el sacrificio y la postergación parecen fuera de época, pero son tan fundamentales como lo han sido siempre para que los chicos puedan mirar más allá de sus propias narices. El ser humano madura al salir del quiero todo ya, del puro placer y del cero dolor.

Luego de haber internalizado experiencias y mensajes de los padres y su ejemplo de vida, los chicos quizá se animen a decir en la fiesta o en el preboliche: “No me interesa”, “No me gusta” o “No lo necesito para pasarla bien”, sin sentirse tontos o menos que otros por no tomar.

Tenerlos “guardados” hasta que sean grandes no es una opción porque tampoco madurarían ni se fortalecerían. Estemos atentos e informados, preguntemos, pongamos límites y armemos equipo con otros padres para poder acompañar a nuestros hijos a transitar esta realidad que les toca, aunque es probable que no sea la que habríamos elegido para ellos.

Claves para un “no” con sentido

  • Comenzar a hablar con ellos desde pequeños sobre los peligros del alcohol y las drogas.
  • Aunque parezcan no prestarnos atención, insistir en la conversación: ellos nos escuchan y, sobre todo, miran nuestro ejemplo.
  • Alejar a nuestros hijos de la idea de salir a buscar los beneficios de las soluciones mágicas.
  • Enseñarles a decir “no”, a esperar todo lo que necesiten y a ver al fracaso como un aprendizaje.
  • Apoyarlos, comprenderlos y seguir de cerca los vínculos con sus pares y el tipo de interacciones que se dan entre ellos.
  • Ayudarlos a valorarse, a respetar y respetarse, a no sentirse menos por no querer probar o hacer algo que los demás sí.
  • Escuchar, poner límites claros, armar equipo con otros padres y, en algunos casos, pedir ayuda a profesionales, familiares y docentes.

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