Sophia - Despliega el Alma

POR Miguel Espeche - Columnistas

29 diciembre, 2020

2020, el año sin libreto

Termina un ciclo que transitamos como se transita un desfiladero: con toda la atención puesta en el siguiente paso. ¿Cómo sigue nuestra marcha después de caminar sin guión ni previsiones?

Si algo caracterizó al 2020 es que todos, de manera unánime, lo hemos vivido con intensidad. No pasará desapercibido en nuestra historia este año y por largo tiempo decir “2020” será decir coronavirus, pandemia, cuarentena… términos que durante generaciones todos van a conocer. Mientras nos disponemos a encarar el verano en un panorama extraño y para nada previsible, intentamos ponerle cierta perspectiva a todo lo vivido y lo que aún resta por vivirse en relación a la pandemia.

Es imposible abarcar la cantidad de historias que desde la llegada de virus han marcado las vidas de millones durante este año. Es que ni siquiera los que no quisieron creer en la existencia de la pandemia, o los proclamados indiferentes, pudieron sortear el hecho de que la
vida compartida mutó a partir de la llegada del fatídico microbio.

“Mientras nos disponemos a encarar el verano en un panorama extraño y para nada previsible, intentamos ponerle cierta perspectiva a todo lo vivido y lo que aún resta por vivirse en relación a la pandemia”.

La policromía de escenarios hace que haya que ser prudentes cuando hacemos referencia a lo que le pasó a “todos” en este tiempo: los paisajes derivados de la pandemia fueron muy distintos al punto que, por ejemplo, aquellos que no la pasaron tan mal en la cuarentena sienten pudor a la hora de divulgar su realidad, porque saben que, lo que a ellos no les hizo mella, a otros perjudicó de gran forma.

A su vez, algunos se pusieron filosóficos ante el virus, pensando profundamente en el azar, el destino, la finitud y el miedo ante nuestra fragilidad. Otros, en cambio, sin tiempo para pensar mucho, sacaron pecho y se vistieron de héroes para sortear el miedo ante los peligros de trabajar en lugares riesgosos, siendo parte de una especie de casta diferenciada respecto de los “encerrados”, aquellos que en los primeros meses solamente salían al supermercado y no
mucho más que eso.

Los padres son uno de los grupos que más tuvieron que “remarla” en este tiempo. Por eso vale dedicarles algún párrafo diferenciado. Ellos tuvieron que acompañar a sus hijos en el Zoom escolar, mientras trabajaban en el living y pensaban cómo preparar la comida, atravesando muchas veces una sensación real y concreta de estar abrumados de una manera que no hubieran imaginado posible.

Hubo días de impotencia profunda, sobre todo, en aquellas
jornadas en las que todo se confabulaba: los hijos enloquecidos, exigencias en el trabajo online, la red que funcionaba mal y la maestra del otro lado de la pantalla, quizás con una sensación de impotencia parecida desde su lugar de docente.

“En mi experiencia las cosas se van viviendo mejor cuando hacemos foco en lo que pasó y existe y no tanto en lo que no pasó y no existe”.

Esos padres están hoy abocados a maldecir lo ocurrido, y faltará un buen tiempo para que vean con perspectiva todo lo logrado y lo enseñado a sus hijos, no ya en contenidos de enseñanza formal, sino en términos de coraje y empeño para hacer lo que había que hacer. No pudieron todo, pero pudieron algo, un “algo” que es real y encarnado, y por esa causa es más importante, perdurable y genuino que ese “todo” idealizado e inalcanzable.

En mi experiencia las cosas se van viviendo mejor cuando hacemos foco en lo que pasó y existe y no tanto en lo que no pasó y no existe. El arte de ponerle nombre a los acontecimientos, descifrándolos en términos de su existencia y no apuntar tanto a lo que nos “quitaron” y lo que nos “falta”, ayuda a no pisar sobre el vacío. Ejemplo de lo antedicho es entender que el año 2020 impidió que hiciéramos y viviéramos muchas cosas, pero igual hicimos y vivimos otras tantas que, no por estar fuera de nuestros planes y salirse del mapa de nuestros deseos, carecen de valor.

Quizás las experiencias fueron poco placenteras o directamente fueron trágicas, y eso quedará como cicatriz emocional por un buen tiempo en la vida de muchos. Aun así, tal vez de a poco iremos evaluando si aquello que en este 2020 vemos con malos ojos fue o no de ayuda para que podamos, en un futuro, mirarnos con cierto orgullo ante el espejo, por haber tenido la fuerza de atravesar este “maldito 2020”.

Claro, sabemos que la frase que dice que “lo que no te mata te fortalece” ya suena gastada, más allá de que es la que viene ahora a la mente. La usamos mucho a lo largo de estos meses y a esta altura suena hueca y trillada. Igual, como es una frase buena, sigue señalando una verdad genuina de la que no podemos escapar. Por eso, cada tanto hay que apelar a ella, pero con cierta mesura, para evitar que suene a frase dicha para salir del paso, sin entender
realmente su sentido.

“El arte de ponerle nombre a los acontecimientos, descifrándolos en términos de su existencia y no apuntar tanto a lo que nos ‘quitaron’ y lo que nos ‘falta’, ayuda a no pisar sobre el vacío”.

El 2020, este año raro y surrealista, nos sacó del libreto dentro del cual estábamos transitando la vida. Sabemos que los libretos primero se escriben y luego se actúan, siguiendo sus pautas de principio a fin. Pues bien, el virus nos vino a decir que no hay libreto (y si lo hay, no lo escribimos nosotros), que la vida es lo que es y viene como viene sin pedir permiso, y que el creer que tenemos dominado el futuro es como vivir en una casa frágil que se cae ante el primer viento.

Al saber eso, posiblemente seremos un poco más sabios y nos dedicaremos más a cultivar virtudes que semejen a una casa construida sobre buenos cimientos, y menos en armar libretos y más libretos que nos domestican y nos hacen olvidar qué es lo valioso y qué no lo es. No es un libreto lo que nos permite nadar tras el naufragio, sino el coraje, la paciencia, o las puras ganas de vivir, entre otras virtudes. Estará bueno recordarlo una vez que todo este problema termine, para valorar más y mejor lo que surge como intangible cuando se nos queman los papeles.

“El virus nos vino a decir que no hay libreto (y si lo hay, no lo escribimos nosotros), que la vida es lo que es y viene como viene sin pedir permiso”.

La perspectiva la ganaremos una vez que nos vayamos alejando de este extrañísimo 2020. Mientras tanto, paso a paso, iremos atravesando los días duros, como se camina en un desfiladero en el que solamente vemos cuál será nuestro próximo paso. Al fin de cuentas, si lo pensamos bien, el año que ahora se termina fue (y sigue siendo), justamente, como un desfiladero que, aun angosto, nos permitió llegar acá. No es poco, y haremos bien en agradecerle esa posibilidad al 2020 cuando llegue el 31 de diciembre y lo dejemos ir.
Llegará entonces el 2021 con sus incógnitas, y, como siempre ocurre, seguiremos la marcha, como podemos, porque de eso se trata, con maravillas y tragedias, la historia humana.

 

 

 

Foto: Pexels

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