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Educación

9 mayo, 2008

Colegio mixto ¿sí o no?


Después de que la educación mixta se impuso en la Argentina y que la discusión parecía cerrada, en países como Estados Unidos, Alemania y España están evaluando volver a la educación diferenciada. Un debate que recién comienza. Por Isabel Martinez de Campos. Foto: Getty Images.

Más de una vez, las tendencias sorprenden. En países desarrollados como Alemania, Estados Unidos y Australia, suenan vientos de cambios en materia de educación. Ellos proponen volver a la educación por sexos. Cuando en Argentina pareciera que la educación mixta ya era un hecho, la tendencia mundial ha reabierto el debate. Los argumentos de estos países apuntan a que la educación exclusiva para mujeres y para varones es una mejor “opción para la diversidad” que la enseñanza mixta. Hay investigaciones, blogs, asociaciones de educación diferenciada –como la llaman algunos– y decisiones estatales ya tomadas. Sin ir más lejos, un mes atrás, la revista del New York Times dedicó infinidad de páginas a la demostración de cómo la educación unisex está siendo implementada en varios estados norteamericanos con increíble éxito. Muchos se preguntan: ¿Cómo es esto? ¿No es volver atrás? ¿Por qué no se dieron cuenta antes, cuando se hizo el cambio de las tradicionales escuelas de mujeres y varones separados a las mixtas?

Una polémica que resurge

En la Argentina, las escuelas unisex representan menos de un 10% del total de nuestro país. En sólo diez años, desde las más tradicionales escuelas privadas hasta las más humildes escuelitas parroquiales fueron incorporando el sexo opuesto a sus filas. ¿Necesidad económica? ¿Vocación de pluralidad? Quién sabe. El asunto es que para la mayoría de los expertos consultados, en nuestro país nunca existió un serio debate sobre el tema. “Mientras que en el mundo hay un revival del tema, en la Argentina no hay debate sobre las ventajas y las desventajas académicas y de integración social de los distintos tipos de enseñanza. Sólo hay hechos y, en ellos, el único ganador es la escuela mixta”, resumió Silvina Gvirtz, directora de la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés, para el diario La Nación.

Hoy, en los Estados Unidos, el Estado fomenta la escuela pública diferenciada, ya que consideran que, a través de ella, chicas y chicos sacan lo mejor de su naturaleza en lo que concierne a dos aspectos: el rendimiento académico y un mejor comportamiento. Según las últimas investigaciones, en los colegios “single sex” (o de un solo sexo) hay menos casos de violencia escolar, de embarazos adolescentes, de violaciones, y los chicos alcanzan un nivel académico superior. De hecho, en Gran Bretaña, desde hace años las 25 escuelas que obtienen los mejores resultados son de enseñanza diferenciada, y la primera escuela mixta aparece en el lugar número 26. También en un estudio realizado por Lee y Brick, a partir de una muestra de 1807 alumnos de 75 escuelas de secundaria en los Estados Unidos, los estudiantes de escuelas con enseñanza separada obtenían un mayor rendimiento académico y aspiraciones profesionales más altas.

En nuestro país el pase a las escuelas mixtas se produjo más por una cuestión ideológica de dar igualdad de oportunidades a varones y mujeres –que durante siglos habían sido postergadas– que por una evaluación de eficacia. Hoy, más asentados en una sociedad con igualdad de derechos de los sexos, es posible cuestionarlo. “Este es un debate que está instalado en el hemisferio norte desde hace siete años. Poco a poco, estamos haciendo jornadas y conferencias sobre esta temática en universidades argentinas. Es un planteo necesario en nuestro país”, asegura Elizabeth Vierheller, licenciada en Gestión Educativa y una de las principales investigadoras argentinas de esta temática.

Convivir y potenciarse

Más allá de partidismos particulares y dejando de lado toda ideologización del tema, éstas son realidades concretas, números que existen. Pero ¿qué pasa con el ciclo evolutivo de varones y mujeres? ¿Influye sobre el aprendizaje y la convivencia escolar de nuestros hijos? “El desarrollo de chicos y chicas está sujeto a diferentes velocidades. En general, hasta los 16 años, las chicas rinden intelectualmente más que los chicos. En cambio, el desarrollo cognitivo en el varón, en la infancia y la adolescencia, es más lento y torpe, aunque su recorrido intelectual pueda ser de más largo alcance, e incluso alcanzar más tardíamente niveles altos. Si lo vemos, entonces, desde el punto de vista académico, la escuela mixta estaría afectando las diferencias naturales del modo femenino o masculino de ser. Si bien la diferencia de maduración personal podría constituir un estímulo en algunos casos, en general, se perjudica el rendimiento académico de algunos chicos en relación con el que alcanzan sus compañeras”, explica la psicóloga mexicana Espejel López.

Normalmente, en las aulas mixtas donde hay alumnos de entre 12 y 16 años, los primeros puestos los ocupan las chicas. “Cuando esto sucede, los chicos se quedan atrás en destrezas verbales (lengua, literatura e idiomas), y sufren en una alta proporción de problemas de aprendizaje y disciplina. En las aulas, vemos que la mujer es más capaz de comprender, de explicarse y de verbalizar los aspectos emocionales de una relación; y que los varones tienen más vitalidad, son más inquietos y les cuesta mantener la atención durante mucho tiempo, además de que tardan más tiempo en aprender a controlar sus impulsos”, subraya López.

Por eso, en los últimos años se han levantado voces de expertos que denuncian el fracaso de la enseñanza mixta especialmente en el caso de los alumnos varones, por el alto grado de fracaso académico en comparación con las chicas. “Eso explica que los centros coeducativos presenten más problemas de falta de motivación, frustración, ansiedad, agresividad, violencia, drogas, abandono de hogar, etcétera. Y por el contrario, son abundantes las investigaciones que señalan que los alumnos de centros de enseñanza diferenciada obtienen mejores resultados académicos”, concluye López.

La situación en nuestro país

En la Argentina, el Colegio Los Robles (sede centro) es uno de los pocos que ha optado por una educación diferenciada. En su edificio, varones y mujeres están en clases separadas, pero comparten momentos como recreos, convivencias, campamentos, actividades religiosas y torneos deportivos. A partir de 7º grado comienzan a cursar una materia juntos, en 1º año cursan dos materias juntos y el 5º año del secundario es mixto durante todo el ciclo lectivo. Según su director de primaria, Alejandro De Oto Gilotaux: “De esta forma se logran momentos para trabajar exclusivamente con varones y mujeres, y momentos en común que ayudan a trabajar la socialización de unos con otros. Suponer que con sólo unir chicos y chicas en un aula, la escuela alcanzará el objetivo de la socialización es un error. Debe estar planificado, tener objetivos claros para cada edad y contar con las estrategias necesarias. La escuela mixta debe tener en claro que, aunque en tanto personas seamos todos iguales y gocemos de los mismos derechos, no se puede igualar a los sexos; no deben ser tratados de la misma manera y se les tiene que enseñar a vincularse teniendo en cuenta las diferencias. Es obligación de la escuela mixta dar pautas claras de convivencia, enseñando cómo debe ser el trato con los pares del sexo opuesto, enseñando al varón a respetar a la mujer, y a la mujer a poner límites en la relación con el varón, entre otras cosas.

A la vez, es importante que pueda generar momentos de exclusividad para trabajar por separado con unos y otras, con el objetivo de saber cómo actúan cuando no tienen sobre sí la mirada del otro sexo o tan sólo para enseñar determinados temas que por cuestiones de pudor conviene que sean tratados en forma discriminada. Las ventajas de la coeducación pasan por el enriquecimiento que tiene el aprendizaje al contar con la perspectiva del sexo opuesto y por facilitar una relación más natural entre niños y niñas, mientras que los principales riesgos que debe evitar son el menosprecio en el trato como fruto de la excesiva familiaridad y las inhibiciones en el aula que pueden surgir en determinadas edades”. Para los partidarios de la escuela mixta, la diferencia no destruye sino que enriquece, y el profesor es el encargado de nivelar y encontrar el camino para superar obstáculos y debilidades y potenciar lo bueno.

Virginia Achaval, del colegio de zona norte Santa María de las Lomas, que desde1995 incorporó varones en sus aulas, asegura: “En la familia y en la sociedad conviven ambos sexos; no hay ningún motivo para separarlos en el colegio. La convivencia es el pasaporte para completar las características del propio sexo y enriquecer la personalidad con las del sexo contrario”.

Parecida es la opinión de las autoridades del colegio St Brendan’s, que, aunque fue tradicionalmente de varones, incorporó mujeres hace doce años. Maureen Scanlan, hija del fundador del colegio y docente con veintidós años de trayectoria, afirma lo siguiente: “La diversidad de opiniones y posturas durante el desarrollo de un debate en clase se dan mayormente en presencia de ambos sexos, lo cual resulta muy enriquecedor y necesario para el crecimiento de los jóvenes en la sociedad de hoy”.

A la hora de analizar las virtudes y defectos de ambas teorías, aparece algo claro. La educación separada se centra más en el argumento del rendimiento, de lo academicista. Aquellos que están a favor de la educación mixta parecen más conectados con la comunicación humana y la necesidad de convivir mejor. En ese aspecto, como padres, vale la pena un replanteo: ¿A qué tipo de escuela quiero mandar a mis hijos? ¿A una de alto rendimiento o a una con una alta disponibilidad a la sociabilización y el mejoramiento de las relaciones humanas?

Para eso, es fundamental que empecemos por las bases. ¿Qué es para nosotros la escuela? ¿Un lugar de encuentro, donde es importante aprender a vivir con el sexo opuesto, o es un espacio dedicado a la transmisión del conocimiento? En el primer caso, seguramente elijamos la opción mixta y en el segundo, la educación separada. Y quizás en un tiempo no tan lejano conviva una tercera opción. El debate recién empieza.

 

El debate en la prensa mundial

En los países del primer mundo es donde ha comenzado el debate sobre los colegios mixtos. Los detractores argumentan sobre las diferencias cognitivas mientras que los defensores señalan un retroceso. El senado de Berlín, por ejemplo, respaldó en 1999 los colegios simples. En Washington, 20 escuelas mixtas que han vivido casos de violencia, plantean abrir sus puertas a un solo sexo. Un artículo de febrero del New York Times fue la piedra de un debate que recién comienza.

 

Los modelos según los años

Primera etapa: Hasta el siglo XVIII la mujer estaba apartada del ámbito político, académico y económico. En ese tiempo existía la educación separada.

Segunda etapa: Del siglo XIX al siglo XX. Aparece el feminismo que intenta igualar y se reconoce para la mujer el derecho a la misma educación que recibe el varón. En consecuencia, aparece la escuela mixta.

Tercera etapa: A mediados de los años ochenta. Aparecen conflictos y preguntas: ¿Somos realmente iguales? ¿Merecemos el mismo trato? El modelo mixto empieza a ser cuestionado.

Cuarta etapa: A partir del año 2000. Surge un interés por las diferencias entre los sexos. Comienza el replanteo de las escuelas diferenciadas por sexo para los alumnos. Los resultados académicos de las escuelas mixtas no son los mejores.

(Fuente: Apdes: www.apdes.esc.edu.ar)

 

Dos mundos diferentes

Para la psicóloga Maritchu Seitún de Chas el mundo es mixto: “Varones y mujeres tenemos distintas cosmovisiones que son enriquecedoras cuando las compartimos. Me gusta la tendencia de que los colegios vayan siendo mixtos, aunque tiene algunos inconvenientes. Los varones maduran más lentamente que las chicas, por lo que en preescolar y 1º grado ellas están listas e interesadas en aprender, mientras que a ellos les cuesta más quedarse quietos. No es fácil para las maestras manejarse con dos estilos tan diferentes, y lograr que todos estén interesados y se sientan capaces. Durante toda la escuela primaria, entre los 6 y los 11 o 12 años, los chicos eligen jugar con los de su mismo sexo. Ellos dicen que ellas son unas bobas y no quieren jugar con mujeres. Ellas dicen que los varones son maleducados, o sucios. Todos están trabajando en la identificación con su mismo sexo, lo cual los aleja del otro sexo, y lo hacen con este aparente ‘rechazo’. Pero la realidad es que, aunque estén en la misma clase, no tienen interés en pasar tiempo juntos”.

“Un inconveniente que se observa es que los grupos mixtos dan pocas posibilidades de elegir amigos. Hoy, por suerte, las clases no son tan numerosas como hace unos años pero, como a veces sólo hay doce varones y otras tantas chicas por clase, puede resultar difícil encontrar un grupo de pertenencia o un muy buen amigo o amiga. En los grupos mixtos se adelantan (para mí innecesariamente) las fiestas con baile y los noviazgos, porque hay más estímulos que favorecen este adelanto. Cuanto más tiempo sigan siendo chicos, tendrán mas fortaleza y mejores recursos para enfrentar la adolescencia y los estímulos que ésta presenta. Todas estas cuestiones tienen soluciones relativamente sencillas: la enseñanza más personalizada facilita los niveles desparejos entre los alumnos, varones y mujeres se pueden reunir para actividades de estudio (y aprovechar los estilos distintos) y separarse en las deportivas, incluso juntándose con otras divisiones“. El colegio mixto abarata las cuentas al unificar los hijos en un solo colegio, simplifica el transporte, ayuda a todos a estar cómodos con los del otro sexo, resulta especialmente indicado en las familias que tienen sólo hijos varones o sólo mujeres. Que sea mixto o unisex es sólo una de las variables que los padres tenemos en cuenta al elegir el colegio de nuestros hijos, y no me parece la más importante, porque es fácilmente ‘compensable’: si el colegio que me gusta es de varones o mujeres solos, puedo buscar actividades extraescolares mixtas para los chicos, y si es mixto, puedo favorecer que se cumplan las etapas de las que hablé”.

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