Coincidencias y diálogos en el cielo: primer solsticio 2024 y Luna llena en Capricornio - Sophia Online

Membresía digital

Círculo Sophia

Sophia Online

Sabiduría

Coincidencias y diálogos en el cielo: primer solsticio 2024 y Luna llena en Capricornio

El movimiento de los astros nos muestra información muy valiosa para comprender aspectos profundos de nuestra vida individual y colectiva. ¿Cómo leer todo aquello que, por estos días, se expresa en el firmamento?

Por Ana María Llamazares [1]

Ya nos hemos acostumbrado a volver nuestra mirada hacia el cielo y a estar atentos a los movimientos cíclicos de los planetas apreciando, al mismo tiempo, la influencia que ejercen sobre nuestra vida cotidiana. Sin embargo, no dejan de asombrarnos la precisión y la sincronicidad de ciertos eventos astronómicos con los procesos de la consciencia y las energías, tanto personales como sociales.

La llegada del próximo solsticio el jueves 20 de junio no sólo marca un “cambio de estación” –llega el invierno en el hemisferio sur y comienza el verano en el hemisferio norte–, sino que inmediatamente después –el viernes 21– se completará la Luna llena en Capricornio, iluminando algunas áreas del Zodíaco muy significativas. La simultaneidad de estos dos acontecimientos celestes de gran magnitud, se torna casi en una irrenunciable oportunidad para reflexionar sobre su significado más profundo y, si es posible, acompañar los cambios que nos está ofreciendo el cielo en estos próximos días.

Pese al disloque climático que estamos padeciendo, las estaciones siguen su curso natural. El 20 de junio comienza el signo de Cáncer y culmina la primera mitad del año. El advenimiento del invierno en el hemisferio sur, marcado por el día más corto y, naturalmente, la noche más larga del año, es también un anticipo del retraimiento de nuestra energía vital: toda una invitación a mirar hacia adentro y nutrirnos en nuestro propio hogar, que no siempre solemos escuchar, identificados como estamos con la dinámica permanente de un tiempo lineal y homogéneo, que nada sabe ni gusta de introspecciones o hibernaciones regenerativas. Por oposición, en el hemisferio norte se produce el día más largo y la noche más corta del año: otro anticipo del tan ansiado verano, del calorcito, del gran sol y las vacaciones, de un tiempo más expansivo y distendido de actividades.

La veneración ancestral al renacimiento del Sol

En todos los tiempos y latitudes la luz solar ha sido –y lo sigue siendo– motivo de veneración y alegría. El sol es nuestra principal fuente de energía vital y su ausencia, por contrapartida, es causal de tristeza y hasta de depresión, si se prolonga. Por tanto, la reaparición del Sol en el cielo se celebra casi con la euforia de un nacimiento.

Tal es una de las connotaciones más antiguas de las celebraciones tradicionales de los solsticios. Tengamos en cuenta que el nombre proviene del latín solstitium, unión de las palabras –sol y stitium– que literalmente significa sol quieto, parado o detenido, pues así es la impresión que desde la Tierra tenemos durante el solsticio. Después de tan ominosa sensación, no es para menos que la reaparición del sol en el firmamento sea vivida con fascinación y venerada en muchas culturas como un hito trascendental en el calendario ceremonial. Sólo para citar dos ejemplos de nuestra región, recordemos el famoso Inti Raymi o “fiesta del sol” del mundo andino, tradicionalmente realizado en Machu Pichu y actualmente en el Valle Sagrado; y el We Tripantu o “nueva salida del sol” de las comunidades mapuches del sur. Ambos son eventos de primera magnitud en el ciclo anual, que se acompañan con rituales, ofrendas, danzas y celebraciones comunitarias.

Algunas claves astrológicas del primer solsticio 2024

Cada año tenemos dos solsticios, el primero en junio y el segundo en diciembre, no casualmente cercano a la Navidad, siendo que el nacimiento de Jesús es una metáfora que también recoge el mismo simbolismo ancestral atribuido al nacimiento del sol. El que tenemos este jueves 20 de junio es, entonces, el primer solsticio del año; y por estar situado justo en la mitad del ciclo anual, marca un momento de cúspide o inflexión energética que resulta muy significativo.

Si observamos la carta astral de este evento tomada en referencia a la ciudad de Buenos Aires, tendremos un mapa simbólico del cielo como si lo estuviéramos observando desde nuestra ubicación geográfica. Varias posiciones astrológicas amplían aún más su significado, y parecen particularmente relevantes para iluminar nuestra situación específica actual. Lo primero que podemos resaltar es la coincidencia del signo solsticial con el signo natal de la Argentina, Cáncer, según la fecha de la declaración de su independencia como república soberana –el 9 de julio–. La energía canceriana de por sí ya nos invita a mirar hacia nuestro hogar, aquel espacio vital donde nacimos y desarrollamos nuestra vida cotidiana, en compañía con nuestra familia y, en términos de país, con nuestros compatriotas. Este año, además, el sol ingresa al signo de Cáncer coincidentemente con la casa VII, el área que nos habla de la relación con los otros, de cómo compartimos y nos vinculamos con los demás. Va el primer mensaje de este solsticio…

Pero no sólo el Sol ingresa en Cáncer en casa VII, también están allí Venus y Mercurio formando un stellium –un conjunto muy cercano de planetas–, justo sobre la línea que separa horizontalmente al mandala astrológico en dos hemisferios: la línea que une el ascendente –sobre el extremo izquierdo– con el descendente –en el extremo derecho–. El ascendente es, técnicamente, el lugar del horizonte por donde está saliendo (“ascendiendo”) el sol al momento de levantar la carta, por tanto, un momento importantísimo, no sólo porque por allí entra la “luz” y la “vida” al ser que estamos considerando (en este caso, nuestro próximo solsticio visto desde la Argentina), sino que ese es el instante que sirve técnicamente de punto de partida para organizar el resto del mapa o mandala zodiacal.

Un sol que se asienta sobre la línea del ascendente ilumina, por tanto, todo ese eje; en este caso, el eje Cáncer-Capricornio, su signo opuesto. Al estar en el descendente –formando un ángulo de 180 grados– abre una inusual posibilidad de mirar desde la privilegiada posición de su oposición (como desde el palco de enfrente) todos aquellos temas relativos a un ascendente en Capricornio: la importancia del orden, del cumplimiento de la ley, del trabajo y la voluntad personal, pero también del esfuerzo compartido en el noble cometido de alcanzar los logros que deparan las altas cumbres capricornianas. Un eje, sin duda, poderosamente significativo. Increíble metáfora astrológica que nos señala nuestro idiosincrático distanciamiento estructural con el respeto por la ley; así como la indulgencia con la transgresión, casi como una repetición compulsiva de patrones históricos del pasado. Sin duda, una ventana solsticial para mirar esto como una oportunidad de cambio, como un insight esclarecedor de ese destino que nos reclama como argentinos, desde el ascendente. Agreguemos que Saturno –regente del Ascendente capricorniano–, representante también del orden, del límite constructivo, de lo esencial constitutivo y del arquetipo del padre, se encuentra justamente en la casa IV, el hogar natural de Cáncer.

Al pasar el sol al hemisferio superior del mandala –tránsito que sucede por la entrada en la casa VII– podemos imaginar que la consciencia solar –el yo– ingresa así al territorio social –el nosotros–; y también a la dimensión transpersonal –algo, incluso, más allá de nosotros–. Un escenario que, al ser iluminado por la presencia de todos estos astros allí tomados de la mano, tal vez resulte favorable para comenzar a superar el abismo de la polarización entre las diversas antinomias que, en múltiples tonalidades, tan solo reproducen la antinomia básica que enfrenta al “yo” con el “otro”, al “ser” con el “no-ser”. Rivalidad esencial que podría verse trascendida si pudiéramos saltar hacia esa otra dimensión superadora del “ser con el otro”.

La Luna y Venus: las “damas” del Zodíaco en acción

Suturar o sanar heridas es un arte que requiere una buena dosis de energía femenina, de cuidado, de atención, de valor y amorosidad. Veamos qué hacen las grandes “damas” del Zodíaco mientras el Sol atraviesa la línea del ascendente…

Solo con un día de diferencia –el 21 de junio– se completa el plenilunio sobre el signo de Capricornio, exactamente a los mismos grados en que antes se había producido el ascendente del solsticio. ¡Notable coincidencia! Llega la Luna, la segunda luminaria del Zodíaco, a alumbrar el mismo eje, desde el lado opuesto. Recordemos que la luna es el cuerpo celeste más cercano a la Tierra, por tanto, el más veloz. El día anterior, es decir, en el momento del solsticio, la luna, ya casi llena, había estado haciendo una oposición a Júpiter desde el signo de Sagitario, el territorio de la fe y el sentido. Otro par de potentes significados iluminados por la Luna, regente de Cáncer. Agregamos que Júpiter, aquel que todo lo expande, el Zeus del Zodíaco, es el planeta que infunde confianza. Es también el arquetipo del maestro, visitando el signo de su discípulo, Géminis. Dicen que cuando el discípulo está preparado, aparece el maestro… Qué notable juego de espejos nos brinda este solsticio. ¿Una posibilidad de iluminar la facultad jupiteriana de la esperanza a través de la Luna, el planeta regente de Cáncer, nuestro signo solar?

Mientras tanto, miremos donde se encuentra Venus –la antigua diosa Afrodita, arquetipo femenino por excelencia, encarnación del amor y la belleza, quintaesencia de la receptividad–. Como dijimos, estará en el signo de Cáncer, casi tomando de la mano al sol en su ascensión. En esos días la estrella Venus no estará visible en el cielo nocturno; está cursando su fase de inmersión bajo el horizonte, tal vez trabajando en las tareas de sanación y regeneración desde un lugar muy profundo del cielo. Notables coincidencias seguirán, pues su maravilloso recorrido circular la llevará a elevarse por encima del horizonte y hacerse visible como el lucero vespertino, justo un día después del cumpleaños de la patria: el 10 de julio.

Un pequeño ritual para bendecir la llegada del solsticio

Lo menos que podemos hacer después de asombrarnos por la maravillosa precisión de los astros, es tomar en nuestras manos un pequeño cuenco de cerámica para acompañar tanta magia.

El día del solsticio, el jueves 20 por la tarde, poner allí algunas ramitas de hierbas aromáticas, algún carboncito e incienso y prender un pequeño fueguito de purificación. El fuego es la sustancia solar por naturaleza, el que calienta nuestro corazón. Es el elemento que permite transmutar todo aquello que queremos dejar atrás ordenadamente. La luz que disipa la oscuridad, que convierte lo pesado en liviano. Y agradecer por todo lo que nos ha acompañado hasta ese día, honrando su trayectoria y su partida.

Al día siguiente, el viernes 21, vaciamos las cenizas en tierra, ofrecemos ese pequeño sacrifico para que la Madre Tierra lo absorba amorosamente; y por la noche, cuando la luna llena brille con todo su esplendor, podemos llenar otra vez nuestro cuenco, ahora con agua fresca y ofrecerla a los rayos lunares, donde nuestra mirada puede perderse y bucear en sus reflejos, hasta sentir la tibia expansión de consciencia que estas visiones pueden brindarnos.

No olvidemos, por último, agradecer por tanto, solicitar la claridad de las eternas luminarias –la Luna y el Sol– en sagrada comunión; y pedir la bendición para nuestros hogares: nuestra casa, nuestra patria, nuestro planeta.


[1] Agradezco a Miguel Aguilar y Rossana Llorens Samperio por los enriquecedores intercambios que me iluminaron acerca del significado astrológico de este solsticio.

COMENTARIOS

FRASE DEL DÍA

"La alquimia nos da la revelación resplandeciente de la divinidad de la vida en la reunión de cuerpo, alma y espíritu".

Anne Baring