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Chicos «manos libres»: un llamado a postergar el uso de smartphones y redes sociales

Un movimiento de padres propone formar comunidades y pactos entre familias para bajar la presión social del uso de smartphones en la infancia y fomentar el juego libre, presencial, en contacto físico con otros, además de tiempo en familia sin distracciones de estímulos digitales.

Por Karina Bianco

Son padres de chicos que tienen entre siete y dieciséis años, con una preocupación en común: el peligro que significan las redes sociales para los niños y adolescentes. En febrero pasado, inspirados en el movimiento Smartphones Free Childhood (una iniciativa que nació en Reino Unido, a partir de la inquietud de dos madres que querían demorar en entregarles smartphones a sus hijos), Gonzalo Arauz (papá de un nene que cursa la escuela primaria), Loli Larguía (mamá de tres: dos están en la secundaria y uno en la primaria) y Elena Griolli (mamá de dos chicos de primaria), decidieron compartir con sus pares argentinos su preocupación por el uso indebido de la tecnología y comenzaron a fomentar un movimiento al que bautizaron Manos Libres. En pocos días, muchísimos padres se sumaron y armaron comunidades en grupos de WhatsApp por todo el país, basando su idea en cuatro pilares: uso de smartphones recién a partir de los 14 años, redes sociales a partir de los 16 años, colegios libres de smartphones y juego libre y responsable.

“Vivimos en un mundo donde los avances tecnológicos nos brindan infinitas oportunidades: los teléfonos inteligentes y sus aplicaciones son una poderosa herramienta laboral, social y de comunicación. Sin embargo, creemos que vivir la infancia lejos de las redes sociales es crucial para el desarrollo integral de nuestros hijos, y queremos brindarles cimientos sólidos mediante experiencias reales, cercanas a la naturaleza y junto a sus amigos”, explica Gonzalo Arauz.

Numerosos estudios demuestran que el uso prematuro de smartphones y redes sociales está asociado directamente con problemas de atención, problemas de visión, cyber bullying (el maltrato que sufre un menor de edad por parte de otros chicos menores de edad a través de internet u otros medios electrónicos), grooming (la acción deliberada por parte de una persona de acosar a un niño, niña o adolescente con fines sexuales mediante el uso de redes sociales), aislamiento social, mala calidad del sueño, y problemas de salud mental en niños y adolescentes. 

El libro de reciente publicación The Anxious Generation de Jonathan Haidt puso sobre la mesa una serie de cuestiones sobre los efectos de las plataformas digitales y los dispositivos móviles en las nuevas generaciones. Acompañado por una masa de datos y estadísticas —sobre todo de Estados Unidos, pero con aspiraciones globales—, el autor expresa que entre los años 2010 y 2015 se produjo un cambio radical en el ecosistema mediático que está afectando de manera negativa la salud mental de la Generación Z, también conocida como “la generación ansiosa”. A su vez, refleja un aumento dramático en las tasas de ansiedad, depresión y autolesiones entre los adolescentes a partir de principios de la década de 2010, y cómo la cultura de la comparación social afectó especialmente a las chicas, contribuyendo a niveles más altos de ansiedad, depresión y problemas de imagen corporal, la reducción del juego físico y las interacciones sociales en persona y la desprotección de los niños y jóvenes. 

Desde ahí parte la propuesta de los padres agrupados en Manos Libres, con la motivación de transformar esa realidad. “Con esta propuesta se busca que se desarrollen las habilidades necesarias para manejar la tecnología de manera responsable y beneficiosa, y así proteger su infancia y garantizar su bienestar integral. Generar el compromiso es crear un entorno estimulante, alejando a los chicos de la dependencia tecnológica en sus primeros años, fomentando actividades al aire libre y tiempo de calidad con la familia y amigos”, explica Loli Larguía. 

¿Cómo se gestó esta idea?

Gonzalo: Empezó muy espontáneamente, con un mensaje de WhastApp al grupo del colegio de mi hijo, porque él, en su inocencia y a pesar de ser muy chico, ya me preguntaba cuándo iba a tener un celular. Yo estaba muy atento a las consecuencias del abuso del uso de las redes sociales en la niñez y adolescencia, me enteré del movimiento en Inglaterra y pensé: ‘Si allá funcionó… ¿por qué acá no?’. El 17 de abril pasado mandé un mensaje al grupo de padres del colegio con esta propuesta y tres meses después estamos dando notas. El 2 de julio hicimos un vivo con mucho éxito y un montón de padres se sumaron  a la movida.

Loli: Proponemos darles otro tipo de crianzas, volver al juego libre, que los chicos vuelvan a interactuar en persona, que vuelvan a asombrarse.

Vos Loli sos  madre de adolescentes y es mucho más difícil que se mantengan alejados de las redes sociales. ¿Cómo lo tomaron?

—Loli: A mi hija, que tiene 15 años, le dimos un celular cuando empezó el secundario, pero entiende que al usarlo se pierde muchas cosas. Mis dos hijos son súper deportistas y amigueros, y cuando usaban el teléfono podían quedarse hasta cualquier hora y se quedaban afuera de un montón de actividades y momentos. Ahora que empezamos a controlar el uso en casa, volvieron a jugar entre ellos, a interactuar de otra manera. Incluso en la pelea mientras juegan, porque les enseña a negociar. Los dos entienden que es por su bien. Y mi hijo hasta está contento: sabe que lo estoy cuidando a él y a su hermana. Por eso, la idea es que se amplíe a la comunidad, para que ellos no sean los únicos.

Elena: Debemos aclarar que estamos a favor del uso de la tecnología, todos estamos atravesados por ella. No somos talibanes que no permitimos su utilización, pero hay determinadas cosas que buscamos filtrar porque atentan contra su seguridad y bienestar. A mí, por ejemplo, me aterra que haya un sticker con la cara de mi hijo y que circule por todos lados. El otro día escuché a la modelo Natalie Weber que contó cómo su hija de 12 años entró a un chat que supuestamente estaba creado por chicos y, en realidad, era una red de pedofilia que ponía a los chicos como administradores. Nosotros apuntamos a las generaciones que vienen y, mientras tanto, a hacer pactos de uso con los más grandes, determinar horarios y que no tengan algunas redes sociales.

Gonzalo: En mi caso, mi hijo es chico. Para él es la norma.

También hay una realidad: muchos padres están súper ocupados con el trabajo y darles el celular a los hijos es una manera de entretenerlos.

Elena: ¡Por supuesto! Sabemos que este tipo de decisiones requieren tiempo y paciencia; que hay que ponerle el cuerpo. Pero también hay que dejar que los chicos se aburran, porque es en el ocio donde encuentran espacio para crear. 

Loli: Reconozco que por mi trabajo estaba todo el tiempo con el celular en la mano y cuando íbamos a la plaza, mis chicos me decían: “Pero sin celu”. Así que ahora, cuando vamos a compartir un momento de juego, dejo el teléfono en otra parte. 

Gonzalo: Y hay que bancar el berrinche, porque esa es la mejor señal. Es como las adicciones y la abstinencia.

—Hay muchos padres que les dan celulares a sus hijos para estar comunicados cuando salen o porque están separados y quieren tener línea directa con ellos…

—Gonzalo:
Yo soy padre separado y entiendo lo que decís. Pero hay teléfonos como los viejos que permiten comunicarse, sin tener acceso al mundo entero.

Uno de los pilares de la propuesta es que los colegios estén libres de celular, cómo tomaron la idea en la institución a la que van sus hijos. ¿Hubo padres que se opusieron?

—Loli: En la secundaria los chicos llevan sus teléfonos y el colegio al que van mis hijos tiene como lema ‘Libertad con responsabilidad’, lo cual ya promueve nuestra inquietud. Nosotros realizamos una encuesta entre los padres y muchos, por supuesto, no estuvieron de acuerdo. Pero aún así estamos muy contentos con la gran aceptación que hay entre nuestros pares con esta propuesta.                                  

Más info: @manoslibresorg

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