Sophia - Despliega el Alma

Inspiración

31 diciembre, 2020

Chau 2020, por qué te agradecemos

Podríamos elegir la queja y despedir el año con enojo e insultos. Sin embargo, no se trata de cómo fue 2020, sino de cómo nos transformó. Por eso hoy, a pesar de los dolores, desde Sophia elegimos agradecerle a un año que nos dejó heridas, pero también enseñanzas. Abrimos el corazón y damos bienvenida a lo nuevo. ¡Felicidades!


(Foto: Pexels)

Y llegó el final de 2020. El cierre de un año… ¿difícil? ¿Complicado? ¿Incierto? ¿Desafiante? ¿Cuál sería el adjetivo más adecuado? Hasta en eso nos las hace engorroso 2020, el año que será recordado como el de la pandemia de coronavirus: cualquier calificativo queda chico o de corto alcance para señalar un tiempo sin precedentes para las generaciones vivas. En otras circunstancias, hoy hubiéramos compartido una nota sobre cómo planear el año próximo o sobre cómo hacer balances personales, si acaso son o no son útiles, si sirven o no para algo, si es conveniente hacerlos.

Pero estas son las circunstancias –la del fin de un año al que le caben infinitos calificativos- y, cuando podíamos haber elegido despotricar contra él y despedirlo con insultos, elegimos un camino distinto. Al interior del equipo de Sophia, decidimos hacer algo que es quizás más complicado que tirar bronca contra el 2020: agradecer. Encontrar cosas por las que decir “Chau 2020, gracias por todo y a pesar de todo”.

No está fácil bucear y encontrar el haz de luz en los meses que dejamos atrás. El espíritu colectivo de celebración de estas fechas llegó enrarecido, cubierto por el velo de la tristeza de cientos de miles de familias del país y del mundo que perdieron seres queridos, de otras tantas que se encontraron a distancia en momentos dolorosos o se quedaron sin trabajo. Así y todo, nos empeñamos en seguir buscando y, mirando por el espejo retrovisor del tiempo, nos preguntamos: ¿hay algo por lo que decir “gracias”?

El monje benedictino Brother David Steindl-Rast dice que “la gratitud hace posible la orientación; orientación en relación con la realidad, y en relación con el Misterio como realidad última”. Para este sabio nonagenario, “la gratitud tiene poder para cambiar el rumbo; puede hacer realidad el giro en U que necesitamos” y “solo un orden social basado en la gratitud tiene posibilidades de sobrevivir. La gratitud garantiza mucho más que nuestra mera supervivencia. (…) es a través de nuestras relaciones que encontramos un sentido y una orientación en la vida. La mutualidad le otorga a la gratitud su poder revolucionario”.

Hacia ahí vamos, hacia ese pequeño gesto revolucionario. Y así nos despedimos hasta el año que viene.

El equipo de Sophia, reunido para despedir el 2020, después de un año de hacer la revista en modo “home office”.

Gracias por la libertad

Carolina Abarca. Coordinadora general.

Intenso. Exigente. Incómodo. Frustrante. Expansivo. Generoso. Desafiante 2020. Llegó marzo y me quedé guardada en mi departamento de 40 mts2 a solas con la verdad. Sin las distracciones. Se cayeron planes, certezas y comodidades. Y ocurrió lo impensado: encerrada, me descubrí libre. Experimenté esa libertad que es de todos y nos espera detrás del miedo. No fue un camino de rosas. Este año lloré tanto que siento que fundé una nueva Caro, la “superpoderosa” dejó de pelearse con la “vulnerable” -que tuvo el protagónico este 2020- y me alegra saber que hoy son amigas. Gracias por eso. Este año no pude leer mucho. No entrené tanto como hubiese querido, ni escribí más que mis páginas de la mañana. Pero cuidé mis plantas con renovada paciencia. Aprendí de tarot y astrología. Procurando no enloquecer, medité, practique yoga y bailé. Canté como no recuerdo haber cantado en mi vida. Y la música fue un puente, un bálsamo, una catarata y un salvavidas. Y trajo nuevas personas y proyectos a mi vida. Así que gracias por el amor y las causas que trascienden fronteras. Gracias por la música que nos expande. Gracias por las flores, los pájaros y las 12 chimeneas que cuento desde mi balcón. Gracias por el sol que abriga, por la lluvia que lava y por mis manos que en las noches frías ofrendaron fuego. Gracias 2020 porque me arrebataste una vida, pero me regalaste la libertad de saber que hay otras mil posibilidades que nos están esperando.

Orden, caos y prioridades

María Victoria Cascón. Directora de Arte.

Durante estos meses leí sobre el hybris, esa desmesura orgullosa que empuja a los seres a no quedarse en su sitio en el seno del universo. Lo reconocí en mi vida, y reconocí también a Diké empujando hacia el orden cósmico. Mi nenita hermosa refunfuña, se aburre, se divierte, juega y se adapta como si pudiera vivir sin lo más preciado en su vida por mil años, simplemente porque cuenta con la certeza de que pasado un tiempo podrá reencontrarse. Reconozco que no tuve la sensibilidad ni la inteligencia para adaptar mi día a día a este contexto pandémico como lo hizo ella. Me descubrí primitiva. En lo limitante de esta situación viví un tire y afloje entre todo lo que quería hacer y todo lo que necesitaba soltar. Creo que verla a mi hija adaptarse a este contexto tan sabiamente la transformó de alguna manera en mi Marie Kondó poniendo orden y prioridades a proyectos personales para abandonar el “sí a todo” que me gobernaba, como si la vida se tratara de devorártela toda hasta dejarte de cama. Este año descubrí que la vida es mejor saborearla de a poco, eligiendo lo que mejor te hace, incluso pudiendo empezar por el postre. Este año la certidumbre estuvo en los afectos y fueron ellos los que me dieron el orden y el caos necesarios en la armonía que hace al cosmos.

Un fuego, una sopa y una flor

Carolina Cattaneo. Redactora.

Por haberme traído hasta diciembre como te traen las olas hasta la orilla después de revolcarte en la rompiente: exhausta, despeinada, desorientada, pero viva. Por haberlo soportado en sana y amorosa compañía. Por el fuego de mi estufa. Por esa sopa de verduras en la noche fría. Por la noche fría, mi perra Pipa y su calor en los pies. Por recordarme lo importante. Por prepararme para después. Por la intimidad con el sagrado devenir de las estaciones. Por la primavera después del largo invierno. Por los geranios, los lirios, las orquídeas y las amapolas. Por mis padres. Por caminar a la par con mi hermana. Por el perfume continuo de las lavandas. Por el eclipse. Por el canto de los grillos de la estación de tren en un atardecer de renovación. Por los tilos de noviembre. Por quitarme la bendición del sueño y habérmela devuelto. Por llegar al final con la promesa de que, como siempre, mañana amanecerá un nuevo comienzo.

Diamantes en bolsa de residuos

Por Cristina Miguens. Directora.

Me cuesta hacer balance de un año tan especial y en pocas palabras. Lo principal que quiero agradecer es que Sophia, el espíritu de la Sabiduría, se me haya acercado hace 20 años a través de una revista con ese nombre. Me haya preparado para entender y sobre todo aceptar (algo que vengo comprobando con los años) que muchas veces Ella nos manda “diamantes en una bolsa de residuos”. La inmediata reacción es rechazarlo todo, pero como decían las abuelas (y ahora yo lo soy) “no hay mal que por bien no venga”. Ese es el desafío. Encontrar sabiduría en medio del dolor y las frustraciones, que por supuesto me trajo el 2020. Quiero agradecer la salud de mis seres queridos y la mía, y a todo el equipo increíble de mujeres y varones “sophianicos” que este año más que nunca DESPLEGARON EL ALMA DE SOPHIA en tantas plataformas y entrevistas, ayudándonos a comprender los signos de los tiempos y las revelaciones que nos traen. Abrazar el misterio de la renovación de la Vida es la clave. Gracias 2020, ¡un gran maestro!

Pinceladas de felicidad

Marcela Savka. Community Manager de Sophia

Si hay algo que considero que me dejó este año es haber logrado adaptarme al cambio continuo. Yo era de esas personas que planificaba absolutamente sus días, fines de semana, vacaciones, salidas, estudio, trabajo. Pero resulta que a veces el universo tiene otros planes y nada podemos hacer frente a ellos, más que adaptarnos. Gracias 2020 por ayudarme a transitar este camino de cambios constantes, abrazar la idea de que nada es seguro y poder disfrutar de los pequeños logros, las pequeñas pinceladas de felicidad que se esconden en los detalles. Gracias por las personas que estuvieron a mi lado transitando esta adaptación, por empujarme a reordenar prioridades, que siempre se ven afectadas por la rutina, la velocidad del día a día. Frené para mirar al otro, para no juzgar, para entender que es lo que realmente importa en mi camino: los afectos, el abrazo, ese mate compartido con sonrisas. 2020, gracias por demostrarme que la esperanza siempre está acompañándome.

Todo lo que importa, puertas adentro

Por María Eugenia Sidoti. Editora.

Recibí este año convencida de que sería diferente y en mi cuaderno de intenciones anoté “pasar más tiempo en casa”. ¡Pido perdón si tuve algo que ver con la pandemia! Nunca imaginé que mi destino (y el de tantos) sería mirar por el balcón durante meses o que el miedo, la incertidumbre y la distancia se convertirían en los invasores de las veredas desiertas.

Sí, perdí la paciencia con el WIFI y con las tareas del colegio. Extrañé como nunca a mi familia, a mis amigos. Disfruté con el alma a mi hijo, pero me enojé con él cuando ¡justo! se sentó sobre un pan que levaba en esa silla a la que suele visitar el sol. Tuve covid, me curé. Fui saliendo poco a poco a la calle, resignada ante la nueva normalidad de saludar con el codo y respirar con un barbijo. Como a todos, este año me arrasó. Pero agradezco haber comprendido que todo eso que importa siempre estuvo puertas adentro. 

Cada día un nuevo día

Vanessa Tolentino. Secretaria.

No suelo hacer grandes balances de fin de año, mucho menos agradecimientos. Pero este año tan atípico lo merece. Primero agradezco que mis seres queridos están bien. También agradezco que pude estar con mi bebé durante casi su primer año de vida, verlo crecer tan de cerca ha sido una de las experiencias más hermosas y un gran aprendizaje diario. Agradezco que a pesar de los malabares entre la maternidad, el trabajo, la preocupación, el miedo por esto tan desconocido, este año me demostró que lo más importante es poder despertar cada día, la unión en medio de las dificultades y que se florece en medio del desierto.

¡Gracias por acompañarnos y feliz 2021!

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