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Sociedad

5 julio, 2021

César Sanabria, el arquitecto de la Villa 31 que busca derribar prejuicios y construir igualdad

Egresado de la UBA, es el primer arquitecto que logra ese título en la 31. “Estoy orgulloso de ser villero”, señala mientras trabaja para visibilizar las voces de quienes habitan el barrio que lo vio crecer y cuya problemática expondrá próximamente en una charla TEDx.


César Sanabria creció en la Villa 31 y aprendió con su padre el oficio de albañil. Hoy es el primer arquitecto del barrio.

Por Florencia Rodríguez Petersen

No soy ejemplo de nada”, aclara enseguida César Sanabria (37), que en mayo rindió el último examen para convertirse en arquitecto. Sin embargo, tiene la certeza de que, a lo mejor, su historia puede inspirar a alguien: “Quizás algún pibe me ve y eso lo anima a tener algún sueño, una meta educativa. En la vida recibimos diferentes oportunidades y herramientas: algunos tienen más posibilidades y otros tenemos que remar en dulce de leche”, acota entre risas. Para poner en evidencia esa realidad, cita una conferencia de Esteban Bullrich, ex ministro de Educación de la Nación y actual senador, en la que daba cuenta de una dura realidad: solo 1 de cada 100 chicos argentinos llega a la universidad. “Es algo que debemos cambiar. El país se construye con esfuerzo y educación. Hay que darle la oportunidad a los sectores humildes”, destaca César.  

Cimientos fuertes

César creció en el seno de una familia unida. Llegó al barrio cuando todavía era muy chico y vivió en las periferias de la villa. Aprendió de sus padres el valor del esfuerzo y la esperanza en la lucha por alcanzar los sueños. Fue complicado y maravilloso crecer en el barrio. Mis padres siempre trabajaron y me incentivaron a estudiar, me inculcaron la cultura del trabajo. Mi viejo se levantaba a las 4 de la mañana para ir a la obra. Mi vieja sigue trabajando como empleada doméstica. Veía el esfuerzo que realizaban mis padres, a quienes muchas veces no les alcanzaba la plata y entonces yo quería tener mis propios ingresos”, explica César que, a la edad en la que los niños deberían ocupar su tiempo entre juegos y aprendizajes, estaba preocupado por ganar algo de dinero. “Desde chiquito tuve que salir a rebuscármelas. Con mis amigos íbamos a buscar latitas para vender el aluminio y también fui cuidacoches. Esa fue un poco mi infancia. Trataba de colaborar con la familia”, recuerda. 

A César Sanabria lo ilusiona saber que puede hacer algo para mejorar la calidad de vida de los vecinos de la 31.

De buena madera

No es un detalle menor: ante los obstáculos y por la necesidad de “salir a buscar el pesito para el puchero”, como dice, muchos jóvenes de barrios vulnerables abandonan la escuela antes de tiempo.A veces tenemos todo en contra. Algunos jóvenes de las barriadas dejan el secundario porque tienen familia a temprana edad y deben hacerse cargo de sus hijos. Y también hay otras cuestiones: muchas veces los chicos se juntan en una esquina y comienzan a delinquir”, lamenta. 

“A veces tenemos todo en contra. Algunos jóvenes de las barriadas dejan el secundario porque tienen familia a temprana edad y deben hacerse cargo de sus hijos. Y también hay otras cuestiones: muchas veces los chicos se juntan en una esquina y comienzan a delinquir”

César fue una de las múltiples excepciones a esa regla: jamás consideró abandonar su educación. Y, motivado por su mamá, siempre siguió estudiando. “Ella no sabe escribir ni leer, pero traccionó como mi motor. Me decía que tenía que estudiar, ser alguien en la vida y yo veía el sacrificio que hacía, cómo se esforzaba. Ella fue la vara que me apuntaló”. Mientras avanzaba en sus aprendizajes –siempre en la Escuela Filii Dei, que está ubicada en el barrio– aprendió junto a su padre el oficio de albañil. “Con los recursos que teníamos tratábamos de levantar la casa. Antes era muy humilde, con divisiones de tela o a veces de cartones. Siempre teníamos el sueño de tener una casa propia, construida con nuestras manos”.

En 2012 se anotó en la Universidad de Buenos Aires para hacer la carrera de Arquitectura y, mientras avanzaba en los talleres y materias teóricas, trabajaba como albañil. Fue una época de gran esfuerzo que le permitió tener una mirada peculiar: cuando habla de construir nunca se refiere solo a las estructuras de hierro y hormigón. Por el contrario, piensa la urbanización como un espacio donde se construyen relaciones que a la vez se convierten en cimientos en los cuales los proyectos toman forma

Equipo docente de la cátedra ex Gaite D’Andrea-Gómez Diz de Arquitectura 1 en FADU donde también es profesor.

Estructuras firmes

Una y otra vez César se refiere a uno de ellos: “el sueño de la casa propia”, dice, y va dando cuenta de cómo ese es el hilo conductor en la historia del barrio que ya tiene más de 80 años. “Hay mucho que se fue transformando. Teníamos nuestras casillas, pero no el aval. Por eso me da orgullo decir que soy villero: nosotros formamos este barrio. El barrio se hizo con el esfuerzo de los vecinos. Y hay batallas ganadas: después de muchísimo tiempo de pelea, donde tuvimos que salir a cortar calles para visibilizar nuestros reclamos, ya no estamos delante de una topadora. Hoy hay una nueva mirada a nivel político, tenemos una mesa de diálogo”, reflexiona, valorando los espacios de encuentro que se abren para los vecinos. Además, cuenta que está escribiendo un libro que recorre la historia de estas tierras:Se va a llamar La 31. Una historia de resistencia”, adelanta

Siento cariño hacia mi origen y tengo muchas cosas que me enorgullecen: las raíces, la diversidad cultural de mi comunidad, el enorme flujo de solidaridad que hay acá”, asegura. Al tiempo que reconoce los aspectos más negativos y preocupantes –delincuencia y consumo de drogas– que diversas organizaciones civiles buscan contener y enfrentar, pero que requieren una mayor presencia del Estado. 

“Siento cariño hacia mi origen y tengo muchas cosas que me enorgullecen: las raíces, la diversidad cultural de mi comunidad, el enorme flujo de solidaridad que hay acá”.

Tras poner de manifiesto las luces y las sombras de su lugar, César exclama: “iEstoy orgulloso de decir ‘soy villero’!”. Pero no siempre fue así. “En otra época me daba cierto pudor porque no sabía cómo lo iban a tomar o qué iban a decir. En el ámbito académico, o a la hora de buscar un trabajo, tenía que esconder de dónde era, si no no conseguía el trabajo o me sentía discriminado. Pero uno va aprendiendo y adquiriendo herramientas. Hoy estoy orgulloso de decir que vivo en el Barrio 31, que soy villero”. 

Título en mano, César espera poder devolver a sus tres familias (“la de sangre, mi querida villa y la UBA, que me permitió el acceso gratuito a una educación académica”), algo de lo que recibió y conquistó en estos años. “Quiero poner a disposición todo lo que aprendí para cambiar la realidad de mi barrio a nivel arquitectónico”, dice antes de enumerar algo de lo que todavía falta: “Por un lado, integración urbanística: apertura de calles y mejoras de infraestructura para que los vecinos puedan tener una buena vivienda. Pero también integración social: que se dejen de lado los prejuicios y los vecinos de otros lados se acerquen y conozcan una cultura, una realidad que es súper interesante. Tenemos una mixtura latina que no se ve en otra parte de la ciudad”, afirma. 

Espacios en construcción

Su agenda está bastante ocupada estos días. Además de compartir tiempo con su hija Aitana, de 5 años, trabaja en la seguridad de una escuela del barrio y en los últimos días tuvo entrevistas en un importante estudio de arquitectura. Pero eso no es todo: estudia periodismo; trabaja para volver a poner en marcha la radio comunitaria del barrio que dejó de transmitir hace meses cuando se cayó la antena; da clases de Arquitectura 1 en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UBA; es voluntario en un comedor y es uno de los impulsores de Nütram –una comunidad de profesionales que viven en barrios vulnerables y buscan impulsar el desarrollo urbano, social y humano de los mismos– y está organizando el primer encuentro TEDx en un barrio vulnerable

César Sanabria y Fabián Solano Balderrama, organizadores del primer TEDx en una villa.

“El tema es: visibilizar voces de la villa, donde el objetivo es dar a conocer que hay personas, jóvenes, que tienen ganas y miradas”, dice. Lleva tres años anhelando armar este evento que tendrá lugar el 28 de octubre. Entre los participantes están Yermina Benítez (CEO del primer Mc Donald’s en un barrio vulnerable), el Padre Pepe Di Paola (conocido por su lucha contra las adicciones), Ezequiel Arieli (de Ciudad Oculta, consultor en IT) y otros jóvenes que crecieron y viven en barrios vulnerables de la ciudad y tienen una historia de superación. “Queremos recalcar que hay mucho potencial en los barrios. La idea surgió cuando escuché una charla de Mayra Arena, ‘¿Qué tienen los pobres en la cabeza?’. Entonces hice una solicitud y me la rechazaron. Pero hace meses conocí a un muchacho que había organizado un TEDx en San Nicolás y me ayudó para que pudiéramos realizar este proyecto”, cuenta entusiasmado. 

César toma la vida como viene. Mira hacia adelante y quiere que cada uno pueda descubrir qué lo ilusiona e ir por ello. “Los sueños están hechos para cumplirse. Más allá de que haya muchas adversidades en la vida, hay que proponerse metas”, concluye. Consciente de que él mismo tuvo que descubrir qué hacía brillar sus ojos para luchar por alcanzarlo. Seguro de que no hubiera sido posible sin el apoyo de su familia y su comunidad. Y con la certeza de que aún tiene mucho más por descubrir y construir. 

Algunas de las fotos que ilustran esta nota fueron realizadas por Cecilia Ojeda. Ceci tiene 20 años, creció en el Barrio 31 y hace tiempo descubrió su pasión por la fotografía. Fue convocada por César para colaborar en la organización del evento TEDx, con la misión de valorar el talento de los jóvenes del barrio e impulsarlos a ir por más. A través de esta iniciativa, el arquitecto busca inspirarlos a luchar por sus sueños sin importar los obstáculos que aparezcan en el camino. Podés seguir sus trabajos en Instagram: @deotromundoo

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