Sophia - Despliega el Alma

11 mayo, 2022

Permitámonos ser libres


Libertad sentí hoy al salir de casa y respirar el aire fresco del atardecer primaveral. Sonreí ante el sonido de los pájaros y ante la danza de las ramas de los pinos, acariciadas por el viento con un soplido. Me encontré sola entre la naturaleza. Mis pasos sonaban bajo mis pies con el crujido de las pisadas que generan mis suelas contra el piso empedrado. Inhalé. Exhalé. Me sentí en casa. Me sentí en armonía con la naturaleza.
Este es mi lugar, pensé. Cualquier espacio en el mundo donde los árboles reinen y el canto de los pájaros, o el chirrido de las ardillas suene a mi alrededor, es donde pertenezco; donde estoy bien. Es donde me dejo andar en libertad.
De mí depende si soy libre o si soy tan solo una esclava más. No hay nadie a quien pedirle permiso de hacer lo que mi corazón me pida a gritos. Sus deseos desesperados de libertad me lastiman en silencio; es un silencio cubierto por mentiras acerca de obligaciones y responsabilidades que nada significan.
Nada tiene sentido si mi corazón se lastima a sí mismo, si las lágrimas se encuentran constantemente al borde del abismo, si mi mente genera fantasmas que enferman mi cuerpo. Si no hay libertad, nada tiene sentido.
Y por momentos, nada tiene sentido. Me olvido de caminar por mi sendero, para pisar por donde otros pisaron; por donde parece seguro. Me olvido de mis deseos, mis anhelos; de mi vida me olvido, para vivir la de los demás.
Cuando me reubico y regreso a caminar con pies descalzos por ese sendero que lleva mi nombre, cuando considero que la libertad es mía, sonrío porque todo parece posible. Comprar un boleto de avión e irme lejos, cambiar de aire, abrazar otra naturaleza, reír como lo hice alguna vez cuando todo tenía sentido. Ver cosas nuevas, escuchar otras lenguas, zambullirme en el agua. Sentir, sentir algo.
Libertad no es desear y acallar esos deseos con la «realidad». Libertad es desear, levantarse de la cama y hacer ese deseo realidad.
Ojalá todos nos dejemos ser libres a nosotros mismos.

Florencia Lamela




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