Sophia - Despliega el Alma

2 marzo, 2022

Invisible, lo que no se ve


La frase de El Principito: «Solo se ve con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos», me evoca mi infancia, una infancia de la que hoy me siento un poco privilegiado. Esa época donde para jugar al futbol usaba cartas y un botón, no precisaba el último juego de la última Xbox; donde usaba fotos recortadas de caballos para jugar a las carreras o una escoba hacía del caballo del Zorro. Donde descubrí fascinado la lectura con La vuelta el mundo en 80 días y en la que mi abuela me contaba de su infancia. Todavía siento las mismas emociones cuando escucho o canto una canción de esa época. Donde tenían valor el relato, el juego, la imaginación. Justamente, lo invisible.

El juguete se puede ver, pero lo que importa es saber jugar. Y hoy que todo se ve, se fotografía, se filma, que parece que si no está en Facebook, Instagram o YouTube no vale, resalta más lo invisible. Donde las canciones tienen que tener un videoclip, pero Muchacha ojos de papel no necesitó ningún video para quedarnos grabada en el alma. Ninguna foto me puede transmitir lo que me llegaba de mi abuela contando lo que sentía en su Italia. En este tiempo, que se vende como «la era de la comunicación», se perdió esa comunicación, ese canal invisible que representa el cuento, el relato.

Me acuerdo que una vez, hace muchos años, entré en el laberinto de Los Cocos (Córdoba) y cuando llegué al centro saltaba de alegría (todavía no era adolescente). Mi madre sacó una foto, pero después me dijo que la foto no mostraba esa alegría que tenía, solo quedó en su recuerdo. Y es que lo espontáneo, que no puede fotografiarse, vale más que una selfie. Hoy veo que no se puede contar algo sin apoyarse en una foto que mostrar. Y cuando sacamos fotos o las miramos, lo que nos perdemos es el encuentro.

Yo encuentro paz cuando cierro los ojos y escucho las canciones de mi adolescencia. Y no creo casualidad la importancia que tiene hoy la meditación, por el solo hecho de cerrar los ojos y cortar con las distracciones de lo que se ve.

En realidad, cuando sacamos lo que «se ve» queda lo importante. Si no veo el video de una canción me conecto con lo que me hace sentir. Si solo escucho un relato sin ver ninguna foto, practico la empatía. Si juego con lo que tengo y no con «lo último», ejercito la imaginación. Y todas estas cosas (sentimiento, sensación, empatía, imaginación, creatividad, sensibilidad, etc.) son invisibles. Y me recuerdan a mi infancia.

Juan Rossano




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