Llevo a mi niña interior siempre conmigo y trato de no olvidarla o perderla.
A veces le pido perdón por hacer o decir cosas que sé que no le gustaría, de persona mayor.
Mis sueños de niña tienen mucho que ver con la imaginación, los cuentos de hadas, con princesas y dragones y, por supuesto, con el príncipe azul. Lo encontré de grande, no es príncipe ni es azul pero es real y mi niña lo ama como yo.
Mi niña sabe que el bien siempre triunfa, que los sueños se cumplen y que se puede ser feliz y hacer felices a otros.
Ojalá todos los niños del mundo lo sean, se sientan amados, protegidos y libres a la vez.
Quequi Marull
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