Sophia - Despliega el Alma

14 agosto, 2019

Desencanto

Persona cayendo papel en caja

Quería compartirles una sensación que tengo desde el pasado domingo, una mezcla de bronca y tristeza por el resultado que arrojaron las elecciones, que después se transformó en miedo por lo que vendrá.

Más allá de mi pensamiento político, que no viene al caso y no es siempre lineal, sentí que unos y otros nos equivocábamos y ya no solo como personas, sino como país. Porque hacer algo por enojo, por “castigo”, nunca es la solución, mucho menos para expresar nuestro voto. Y porque toda sociedad madura debe bregar por no repetir los errores del pasado.

Pienso en el camino recorrido, en cuánto nos viene costando esta grieta. En las familias, los amigos, los compañeros de trabajo que, por ser de un bando o de otro, no pueden convivir en armonía con sus seres queridos que piensan distinto. ¿Cómo puede ser?

Me da pena que los argentinos nos desencontremos una vez más y no ya en el voto, sino en la vida; en el espíritu solidario de comprendernos parte de lo mismo. Me duele que algunos medios hagan de la situación un circo y que los apocalípticos de siempre pronostiquen pestes y cataclismos.

Sí, serán tiempos de crisis, lo vienen siendo ya. ¿Pero no depende también un poco de todos?

Quiero creer que no somos tan inmaduros para creer que la solución para todos nuestros males la tiene entre sus manos un presidente. Quiero soñar con un país mejor construido en comunidad. Anhelo una Argentina donde la paz, la comprensión y el abrazo coticen más alto que el dolar.

Abrazo de Amanda, una ciudadana de 58 años que vive en la Patagonia argentina.




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