Sophia - Despliega el Alma

6 abril, 2022

Autocuidado


No fue algo que hice siempre.
No amaba mi cuerpo, me dediqué a salvaguardar mi espíritu. Lo alimenté con lecturas apasionantes, con palabras amorosas, con oraciones llenas de fe, con pensamientos profundos.
No cuidé mi cuerpo más allá de lo necesario. Lo alimenté con cosas ricas, pero no siempre saludables. Sin embargo, una a mi favor: poseía una buena salud. No me enfermaba, a veces algún resfrío. Pocas visitas al médico.
Pero mis huesos, mis articulaciones, mi circulación, me hicieron notar con el tiempo que no los había cuidado. No hacía ejercicio, de joven caminaba, me gustaba. Pero no bastaba.
Hoy, con muchos años a cuestas, una larga vida de amores y desencuentros, me encuentro con mi cuerpo, castigado por la artrosis, con una fractura de cadera reciente, de la que me estoy reponiendo. Y le pido perdón.
Perdón por no haber cuidado sus huesos, su agilidad, su energía, su fuerza, su alimentación.
Y sé que no es tarde.
Todavía estoy a tiempo, mientras tenga vida, de mimarlo con las caminatas que me permita. Caricias de alimentos sabrosos, pero sanos.
Aprendí a querer a todo mi ser, cuerpo y alma, unidad, única, intransferible, de la cual soy la única responsable.

Quequi Marchesi de Marulll




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