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Reflexiones

18 noviembre, 2010

Cambiar «o» por «y»


Por Julio César Labaké

Polarización” es un término que debe definirse en cada ámbito de uso. En lo social, es un sistema que se organiza y funciona sobre la base de opuestos que son particularmente extremos. Toda forma intencionada de polarización conlleva un elemento maniqueo muy fuertemente manifiesto, que no admite mediación ni negociación para el logro de consensos, porque las posiciones son necesariamente antagónicas e incompatibles: del lado de quien provoca el fenómeno están la verdad y el bien, los buenos, y en el otro lado, toda la falsedad y el mal, los malos.

Es propio de la polarización lo que vamos a definir como la cultura del “o”, contrapuesta y negadora de la cultura del “y”. Es la radicalización de la oposición para imponer su propio pensamiento excluyente y la imposibilidad de la integración, salvo que todos acabaran alineándose detrás de las banderas del poder polarizador. Todo esto genera un proceso de desvirtuación de las instituciones y de la ley.

Éstas pasan a ser una forma de propiedad privada del polo de poder que ha generado el sistema. Las instituciones deberán someterse a sus imposiciones y la ley será interpretada de acuerdo con sus puntos de vista o con sus intereses. Los argentinos carecemos de políticas de Estado serias, estables y eficientes, porque hemos nacido y vivido como nación bajo el imperio de la cultura del “o”. Desde el nacimiento de la república hemos rendido culto al “o” y nos hemos dividido entre rivadavianos “o” saavedristas, entre unitarios “o” federales, entre sarmientistas “o” rosistas, entre irigoyenistas “o” antirigoyenistas, entre peronistas “o” antiperonistas, entre la opción por la globalización a ultranza “o” el nacionalismo a ultranza, tratando en cada caso de ignorar la realidad del otro o de lo otro. Un perfecto modelo maniqueo, donde está todo el bien de una parte y todo el mal de la otra; y los malos siempre son “los otros”.

Así, vivimos entre bandos irreconciliables, incapaces de detenerse a comprender si “el otro”, aun dentro de sus supuestos errores o puntos discrepantes, aporta algún valor que podríamos incorporar en un proyecto compartido que haga posible la pacificación y la convivencia. No hemos llegado a la “cultura y”. Esto nos hace sospechar con ironía que nuestro destino está signado por una conjunción equivocada.

Hemos aprendido la conjunción disyuntiva “o” y hemos ignorado la conjunción copulativa “y”. Y bien sabemos que “todo reino dividido perecerá”. Este fenómeno es propio de una sociedad todavía adolescente. Sólo el adulto maduro ha descubierto al “otro”, se da cuenta de que “somos-siendo-con-los-otros”, y ha alcanzado la plenitud de la solidaridad. Es hora de crecer.

*Psicólogo y doctor en Psicología Social. Autor de La revolución de la sensatez (Aguilar).

ETIQUETAS integración polarización

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