Sophia - Despliega el Alma

Reflexiones

14 septiembre, 2013

“Cada instante es una oportunidad”


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Hermano David Steindl-Rast

El hermano David Steindl-Rast es un monje benedictino de origen austríaco que viaja por el mundo predicando la gratitud. En una visita a Buenos Aires habló con Sophia del diálogo interreligioso, el papa Francisco y la sobreabundancia de gurúes espirituales.
Por Fabiana Fondevila. Fotos: Martín Pisotti.

“Antes que cualquier creencia está la fe, y la fe es confianza, confianza en la vida. Todos tenemos esa confianza básica. Si no, no podríamos siquiera tomar nuestra próxima inhalación”. Esto dice el hermano David Steindl-Rast, sacerdote benedictino, autor de varios aclamados libros de espiritualidad, respetado conferencista y promotor del diálogo interreligioso y del acercamiento entre ciencia y espiritualidad. Fue el primer monje cristiano en formarse en un monasterio budista, tiene tres títulos universitarios (incluyendo un posgrado en Psicología), es artista y fundó una ONG que promueve la gratitud como forma de vida. Pero este rosario de distinciones dicen poco de la persona que estamos a punto de conocer.

David Steindl-Rast, el hombre, no pasaría jamás por una celebridad mundial. A sus incansables 87 años, el monje vive seis meses en el silencio de su convento en Nueva York, y otros seis brindando conferencias con el Dalai Lama y otros líderes espirituales de distintos linajes, interactuando con científicos de Harvard y el MIT, y viajando por el mundo para difundir su mensaje, que podría resumirse así: “Cada instante es una oportunidad. Oportunidad de disfrutar, de crecer, de aprender, y, en situaciones difíciles, de levantar la voz y hacer las preguntas necesarias”.

En breve se iniciará el diálogo y el hermano David se abocará a explicar las cualidades que distinguen a un verdadero maestro.

–Hoy en día abundan en el mundo los gurúes y los auto-proclamados maestros espirituales. ¿Cómo discernir quién es quién en este panorama?

–Creo que un maestro espiritual verdadero no busca tanto darte algo como hacer emerger en ti algo propio. Lo más importante que puede brindarte un maestro genuino es el aliento de convertirte en ti mismo. Si alguien piensa que está más allá de ti, entonces, no creo que pueda ser un buen maestro. En cambio, si es capaz de responder “No sé” a una pregunta, con franqueza, es una buena señal. Los maestros espirituales que he conocido siempre se consideraron aprendices. El Dalai Lama es un buen ejemplo de esto.

–O sea que dos condimentos esenciales son la humildad y la generosidad.

–Y la transparencia. El maestro debe desaparecer para que el alumno florezca. Es más el ejemplo, la presencia, la manera de pararse en el mundo y de vivir, que cualquier información que pueda transmitir. El problema suele estar no del lado del maestro, sino del lado de los alumnos o discípulos, que esperan hallar en el maestro algo que tendrán que encontrar dentro de ellos mismos. Hay un solo gran maestro espiritual, y es el Espíritu Divino en tu corazón. Lo más que puede hacer un maestro exterior es señalar el camino de vuelta hacia ese maestro interior. La palabra clave en este sentido es “autoridad”. Tenemos una idea equivocada de la palabra “autoridad”; la asociamos con el poder de mando. En realidad, ese es un significado derivado del término; el sentido original es el de “una base firme para el discernimiento y la acción”. Cuando se entiende autoridad únicamente como voz de mando, sin esa base firme del discernimiento, comienzan los problemas.

–Ha hablado de Jesús como de un maestro y un líder “revolucionario”. ¿Puede explicar el concepto?

–Jesucristo generó una revolución en nuestra comprensión de la autoridad. Quizá sea este el aporte más importante del cristianismo a la espiritualidad del mundo. Por un lado, Jesús puso la autoridad de Dios, que siempre se había pensado como algo externo, en el corazón de sus discípulos. Se habla de él como un profeta, pero en verdad no lo fue, porque un profeta es alguien que habla como vocero de Dios. Y Jesús, en cambio, hablaba en parábolas y presuponía que quienes lo escuchaban ya conocían la respuesta. Por eso, usaba siempre la frase “¿Quién entre ustedes no sabe ya…?”, y remitía a ejemplos de la vida cotidiana de la gente. “¿Quién no sabe que al sembrar…?” o “¿Quién no sabe que al hacer una travesía…?”. De algún modo, él vino a recordarles lo que ya sabían, a enseñarles a acceder a la mente de Dios desde su propio ser.

–Esto, en su faceta de maestro. ¿Por qué fue revolucionario como líder, como autoridad?

–Porque revolucionó el concepto de revolución. Normalmente, cuando se piensa en una revolución, se habla de un grupo que estaba sometido y que desplaza a quienes estaban al mando (y, en general, pasa a hacer lo mismo que ellos al tomar el poder). Jesús, en cambio, cuestiona las fuerzas establecidas –la violencia, el poder, la avaricia– y las cambia por valores como el respeto, el compartir, la no violencia. Crea un tipo de comunidad completamente nueva, y uno podría llamar a esta comunidad, en el mejor de los sentidos, revolucionaria, ya que cambió nuestra civilización.

–¿Podrían hacer algo diferente las mujeres si tuvieran la oportunidad de liderar?

–Por supuesto; tienen otras cualidades que poner en juego, cualidades nutricias. Claro que ha habido algunos malos ejemplos, como el de la señora Thatcher. Pero es natural que en una sociedad gobernada por hombres, las mujeres que llegan a la cumbre no sean las más femeninas. Por lo tanto, no se trata solo de permitir que las mujeres lleguen, sino de reestructurar la sociedad de manera que se convierta en un ámbito más parecido a una familia. Si uno piensa en su hogar, piensa en su madre, más que en su padre, injustamente o no. Si uno quiere hacer de este mundo un hogar, más que un lugar que se explota por sus recursos, necesitamos dejar que estén a cargo las mujeres. O todos aquellos que podamos encarnar esas cualidades femeninas.

–¿Y qué ocurre con las mujeres en las instituciones religiosas? ¿Verán algún día la igualdad en cargos y responsabilidades?

–Me encantaría que el Papa pudiera hacer algo con respecto a esa cuestión. Pero no creo que pueda con tanto. Las mujeres en la Iglesia católica no tienen el rol que merecen. Jesús les dio a las mujeres la misma posición que a los hombres. María Magdalena fue la primera en escuchar el mensaje de la Resurrección, fue “el apóstol de los apóstoles”. Y, sin embargo, muy pronto la estructura pasó a estar dominada por hombres y las mujeres fueron dejadas a un lado. Las mujeres hacen la mayor parte del trabajo en la Iglesia, sobre todo el educativo, y sin embargo no pueden ser sacerdotes. Necesitamos mujeres sacerdotes.

–Uno de los aspectos más bellos de su prédica es que les habla a todos, incluso a los  que no profesan una fe determinada. Ha dicho, incluso, que todas las personas son místicas a su manera…

–Así es. No creo que los místicos sean una clase especial de ser humano. Creo que cada ser humano es una clase especial de místico. Desde el punto de vista psicológico, el pensador humanista Abraham Maslow habló hace varias décadas de las “experiencias cumbre”, momentos de gozo en los que uno pierde noción de ser un individuo separado y se siente conectado con todo lo existente, y dijo que, en un sentido general, no era posible distinguir estas vivencias de las experiencias místicas.

–¿Aun no mediando un concepto de lo divino?

–Aun así, porque esa es una interpretación de la experiencia, no es la experiencia misma. La diferencia entre los grandes místicos que conocemos de la historia y nosotros, las personas comunes, es que ellos usaron los aprendizajes de sus experiencias místicas y las volcaron a su vida cotidiana. Si experimentaron la bondad inherente a todo ser humano, entonces, supieron tener respeto por todo ser humano; si en su experiencia mística vivenciaron la plenitud del ser y lo inagotable de la vida, supieron compartir lo que tenían con libertad, y se convirtieron en pacifistas. Todos los grandes seres humanos –no solo los que llamamos místicos– permitieron que estas experiencias invistieran su vida, mientras que los demás las olvidamos, o incluso las reprimimos, interpretándolas como momentos de locura.

–¿Considera que es mejor que las personas desarrollen su espiritualidad dentro de la tradición en la que crecieron?

–Cuando se puede, es una gran cosa continuar dentro de la propia tradición. Swami Satchidananda lo comparaba con cavar un pozo: todos abrevamos de la misma fuente de agua subterránea, pero cada uno llega cavando en su propio lugar. Si se puede, siempre es mejor seguir cavando allí donde uno esté, porque va a llegar más profundo que si se lo pasa haciendo agujeros por todos lados. Es una buena regla práctica. Pero también creo que si uno no encuentra lo que busca dentro de la propia tradición, es válido que lo busque en otras partes. Sí me parece que es muy importante brindarles a los chicos la estructura de una única tradición. Cuando encuentran todo lo que buscan dentro de su propia formación, no se les hace necesario de grandes salir a reinventar las costumbres, los rezos, los ritos.

–Usted se ha formado en budismo zen, sin abandonar su orden ni sus creencias. ¿Por qué cree que muchos cristianos se han sentido tentados por los símbolos y arquetipos de otras religiones, en particular las orientales?

–Creo que lo que buscan no son los símbolos ni los arquetipos, sino la experiencia. Hay una gran tradición mística en el cristianismo, pero no ha sido alentada ni enfatizada. Personalmente, conozco a muchos cristianos que migraron al budismo, el hinduismo o el sufismo, y luego redescubrieron su propia religión y pudieron verla “por primera vez”. Sin ir más lejos, uno de mis  maestros, Thomas Merton. Muchos dicen que, de haberles mostrado la cara mística del cristianismo de chicos, no habrían tenido que ir tan lejos para encontrarla.

–¿Por qué cree que se desalentó esta rama de la tradición?

–La institución teme que los fieles la pasen por alto, ya que el misticismo es un canal directo a lo divino. Sin embargo, todos deberían tener este acceso, y la institución tendría que ser un vehículo que lo facilitara. Siempre habrá trabajo para la institución si se dedica a allanar ese camino. Lo que ocurre es que, con el tiempo, todas las instituciones –médicas, políticas, religiosas– se dedican a autopreservarse antes que a cumplir su misión. Las instituciones son males necesarios, pero debemos renovarlas desde adentro.

–Joseph Campbell, el gran mitólogo, decía que la misa perdió algo de magia cuando pasó a impartirse en vernáculo y con el cura de cara a los feligreses. ¿Está de acuerdo?

–No, en este punto no estábamos de acuerdo (sonríe). Creo que la reforma nos ayudó a entender el simbolismo detrás del ritual. La idea de Joseph era un poco romántica, esto de que el escuchar la misa en otro idioma le otorgaba misterio. El misterio no yace en la mistificación del ritual, sino en despertar a la gente a la profundidad de la experiencia. Lo que se requiere no es mistificación sino misticismo, comunión. Es necesario ayudar a la gente a celebrar los rituales de una manera que le hable a la realidad del hoy. Tomemos la Eucaristía. Es una celebración de toda la familia humana reunida en torno de una mesa; ese es el arquetipo original. Y lo importante en este rito es ese aspecto de comer juntos, de compartir. Conozco una misa en Viena que celebra el director de las caridades católicas; creo que esa es una misa que Jesús disfrutaría. Va toda clase de gente: algunos de traje y corbata, otros con perros y mochilas. Una vez que fui le festejaban el cumpleaños a una mujer sin techo. Seguramente fue la primera vez que se veía celebrada por una multitud como esa. Ese fue un ejemplo de hermandad en la mesa.

–¿Cree que Jesús tendría algo distinto que decir si viviera en nuestros días?

–Creo que seguiría predicando la no violencia, la solidaridad y el amor. Pero para tener impacto en el mundo hoy, debería tener otros medios a su disposición, otra clase de plataforma y de poder, y esto habría ido en contra de su prédica… No creo que se sintiera cómodo en el Vaticano, ni mayormente en nuestras iglesias. Creo que sé dónde se sentiría a gusto: en las reuniones de Alcohólicos Anónimos. Estos grupos fueron fundados con un espíritu fuertemente cristiano; creo que a él le habrían gustado.

Dicho esto, el hermano David cambia el gesto contemplativo por la sonrisa, y comparte: “Hace poco vi una historieta que me causó mucha gracia. Era la imagen de una misa, y se veía al párroco de costado, dirigiéndose a una congregación toda emperifollada con sus ropas de domingo. En la primera fila, se veía a Jesús, muy tranquilo, leyendo el diario (alternativo) The Village Voice (La voz del pueblo)”. Y entonces David ríe, con picardía de niño tiñéndole las pupilas. Un instante nomás, y vuelve el hombre sabio. Puro agradecimiento, pura paz. 

“Si alguien puede lograrlo, es él”

El hermano David se muestra francamente ilusionado con el inicio del papado de Francisco y sus esfuerzos por renovar la Iglesia. “Creo que tiene todo lo necesario para lograr impulsar este cambio. Si alguien puede hacerlo, es él. Tengo grandes esperanzas, sobre todo porque se ha fijado esta tarea específicamente como una de sus prioridades. Sus dos grandes tareas serán ayudar a los pobres y mejorar a la Iglesia”.

Ante la pregunta de si cree que seguirán a Francisco, responde: “¡Es el Papa! Si uno lo mira por la tele, él se ve siempre muy feliz, pero los que lo rodean no tanto… (ríe). Hay unas cuantas caras preocupadas en su entorno. Pero él sonríe”.

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