Buenos Aires en flor - Sophia Online

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Buenos Aires en flor

El libro de la fotógrafa y licenciada en Artes Visuales Karina Azaretzky y del arquitecto y paisajista Jorge Bayá Casal retrata la ciudad a través de sus flores, sus árboles y sus elegantes construcciones.

POR Carolina Cattaneo

La Ciudad de Buenos Aires puede ser, como otros centros urbanos, sofocante. Sin embargo, también puede ser encantadora y cautivante, y para eso es preciso ejercitar la mirada de un viajero o de un buscador. Entrenar el ojo para admirar su riqueza arquitectónica o afinar los sentidos para apreciar la magnificencia de sus árboles, no solo puede volver más amable una caminata por veredas y avenidas porteñas, sino que además puede convertirla en una experiencia abundante en formas, aromas y colores. 

Esa es la propuesta del libro Buenos Aires en flor, una flamante publicación de la fotógrafa y licenciada en Artes Visuales Karina Azaretzky y del arquitecto y paisajista Jorge Bayá Casal quienes, en coautoría, acaban de publicar una obra que recoge, con bellísimas imágenes de flores y fachadas y textos amenos, el singular diálogo entre el paisaje urbano y el paisaje natural que se da en “La reina del Plata”.

El Palacio Errázuriz y una pintura estacional: la de los jacarandás florecidos.

Las ojivas de la Facultad de Ingeniería se adornan con la floración de la Bahunia purpúrea.

Bajo el sello India Ediciones, el libro está organizado de la misma manera en que la naturaleza despliega sus colores desde la primavera hasta el otoño, es decir, según la sucesión floral paulatina que avanza con las estaciones, incluyendo, en orden de aparición a lo largo del año, rosas, seguidos de rojos, blancos, violetas y amarillos. 

Las fotos de Azaretzky muestran las especies en su esplendor y ponen de relevancia la diversidad y riqueza vegetal de la ciudad: lapachos, palos borrachos, crespones, cerezos, patas de vacas, ceibos, santa ritas, jazmines de leche, durazneros, jacarandás o ibirá pitás se ven en primeros planos o recortadas con cielos azules. También, vistiendo los frentes de casonas señoriales y palacetes o trepando por balcones afrancesados, y por supuesto, engalanando los edificios de embajadas, museos o universidades en sus múltiples estilos neoclásico, art decó, art nouveau o gótico. 

El ceibo Jujuy, plantado por Torcuato de Alvear, se recorta frente al Teatro Colón, en la Plaza Lavalle.

Los textos de Bayá Casal aportan el dato y la información de manera amena y entretenida. En la introducción, el autor recorre la historia de Buenos Aires y sus transformaciones, desde que era una meseta rodeada de pastizales en tiempos de la fundación de Juan de Garay hasta que las distintas olas migratorias fueron dejando su sello, como por capas, y le otorgaron a la ciudad el carácter ecléctico que la caracteriza. 

Al interior de los capítulos, estructurados de acuerdo a la paleta estacional, Bayá Casal desanda los caminos que siguieron, por ejemplo, los lapachos o los jacarandás y menciona quién los introdujo en estas latitudes provenientes de otras regiones del país, además de brindar información botánica básica. No faltan las referencias literarias o las curiosidades en torno a personajes porteños o a ejemplares que, con los años, se volvieron hitos de alguna esquina o de alguna institución, como el Lapacho de Ezcurra, en Figueroa Alcorta, o el jacarandá del Colegio Nacional de Buenos Aires, evocado por Ángel Gallardo en sus Memorias.

El túnel formado por los cerezos del Jardín Japonés es visitado año tras años por turistas y porteños.

Azaretzky y Bayá Casal se conocieron a través de las redes. Se interesaron mutuamente por el trabajo del otro (ella postea sus fotos en @historiasenverde, él comparte contenido desde su propia cuenta y desde la del grupo @la_tribu_verde) y encararon una labor juntos. El resultado es este libro, una obra que los aficionados y amantes de la arquitectura y las plantas querrán atesorar, y una invitación universal a ampliar la mirada, mirar hacia arriba, mirar hacia los costados, abrir los sentidos, inspirar bien fuerte ante el jazmín de una calle ignota o apoyar la nariz en los elegantísimos rosales del Rosedal, detenerse frente una majestuosa tipa o fascinarse con la inmensidad de un palo borracho, y finalmente, dejarse asombrar. 

Un ceibo que parece inclinarse para tomar agua, al lado del embarcadero del lago Palermo.

Buenos Aires en flor fue presentado en el Museo de Arquitectura con el paisajista y periodista Juan Miceli y el arquitecto Alberto Bellucci.

Además de los textos en español, el libro incluye una versión en inglés y fichas con información básica de las especies presentes en sus páginas.

2 COMENTARIOS

  1. Que linda descripción de los árboles y el verde de ese Buenos Aires.
    Que alguna vez fui.
    Es belleza para guardarla en el recuerdo de un recorrido fugaz tal vez lo pueda hacer.
    Gracias por el texto.

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