19 de mayo de 2026
Durante siglos, los cuentos de hadas fueron transmitidos como relatos infantiles, pero detrás de princesas dormidas, bosques oscuros, brujas, lobos y hechizos sobreviven símbolos capaces de hablarle profundamente a la experiencia humana. En Romper el hechizo. El viaje de la heroína a través de los cuentos de hadas, Graciela Caprarulo —profesora en Letras, Máster en Teología y especialista en literatura iniciática y mitología— propone volver a leer esas historias como verdaderos mapas de transformación interior, donde cada prueba, cada exilio y cada descenso representan etapas del crecimiento personal.
Publicado por Fera en abril de 2026, el libro reúne once cuentos clásicos —entre ellos La Bella Durmiente, Blancanieves, Caperucita Roja, Rapunzel, La Sirenita y La Bella y la Bestia— analizados desde una perspectiva iniciática y simbólica. A partir de herramientas de la psicología junguiana, la mitología y los estudios sobre el arquetipo femenino, Caprarulo desarrolla un esquema propio de siete etapas del viaje de la heroína: el despertar, cortar el cordón, el camino de las pruebas, la iniciación nocturna, la transformación, el retorno al hogar y, finalmente, la sanación.
“La heroína de los cuentos no espera ser salvada; ella atraviesa la noche oscura para recuperar su soberanía”, escribe la autora en la introducción del libro. Lejos de la figura pasiva que muchas veces quedó cristalizada en las versiones infantiles, aquí las protagonistas aparecen como mujeres que deben atravesar pérdidas, miedos, sombras y mandatos para descubrir quiénes son realmente. El “hechizo”, explica el libro, funciona como una metáfora de aquellos roles impuestos que desconectan a las personas de su potencia vital.
Con 224 páginas e ilustraciones de Florencia Rigiroli, esta novedad editorial también reflexiona sobre cómo los relatos tradicionales fueron transformándose a lo largo del tiempo y cómo continúan dialogando con debates contemporáneos sobre identidad, género y libertad. El libro recupera la riqueza simbólica de los cuentos originales, en esencia mucho más complejos y oscuros que sus adaptaciones modernas, para volverlos cercanos a través de una traducción en castellano rioplatense realizada por Laura Estefanía.
En un presente donde muchas mujeres buscan redefinir su identidad más allá de los modelos heredados, Romper el hechizo propone una pregunta tan antigua como vigente: ¿qué parte de nosotras necesita despertar? Tal vez por eso los cuentos de hadas siguen vivos. Porque, siglos después, continúan ofreciendo algo más que fantasía: son un lenguaje simbólico para comprender las crisis, los cambios y los procesos de transformación que atraviesa la vida humana.
A continuación, un adelanto de esta novedad editorial, que ya está en preventa en fera.com.ar y en junio llega a librerías de todo el país:

Introducción
Desde tiempos inmemoriales la humanidad ha plasmado su necesidad de contar historias. El género narrativo es el primero que surge y comienza, por lo general, con una tradición oral que luego se pone por escrito. Las motivaciones son diversas. Por un lado, la búsqueda de entretener y, por otro, la necesidad de buscar respuestas a los grandes interrogantes de la existencia o, al menos, dejar un testimonio que perdure en el tiempo.
El anonimato es parte ineludible de la narración oral porque su mensaje circula de boca en boca. A lo largo del tiempo, las historias se refundan, se pierden elementos y se ganan otros que expresan el sentir de un tiempo y una cultura determinada. Eso les da una cuota de misticismo.
Los antiguos griegos usaban los mitos para enseñar; llamaban a ese proceso paideia, la educación de los niños. Los relatos tenían especial relevancia en una época en la que no había un sistema de leyes como lo conocemos hoy; entonces las historias funcionaban como casos ejemplificadores frente a los conflictos humanos.
Como los mitos, los cuentos también pueden remitir a los procesos de transformación que transitamos a lo largo de la vida: las pruebas de iniciación y los ritos de pasaje. Los temas que atraviesan esta selección de relatos son la búsqueda de la identidad, la orfandad, la necesidad de pertenencia, el amor, la soledad, la misión de la vida, la toma de autoridad, la libertad, la vida y la muerte.
En su origen, los llamados «cuentos de hadas» no fueron concebidos como narraciones infantiles. Por el contrario, reflejaban sofisticadas piezas del camino de iniciación hacia la adultez.
Entre los siglos XVII y XIX se produjo un auge de la reelaboración de un conjunto de cuentos populares y se crearon sus versiones más reconocidas de Charles Perrault, los hermanos Grimm y Hans Christian Andersen. Este último suele tener una mirada más realista y sufriente del camino humano (probablemente debido a su historia personal). Con el tiempo, la riqueza arquetípica de los cuentos permitió que muchos de ellos se adaptaran como literatura infantil. Se suavizaron aspectos crueles y se reversionaron los desenlaces tristes. Así pudieron usarse como recurso pedagógico.
En la adaptación a un público infantil, el héroe siempre triunfa, lo que permite identificarse con su figura. El personaje malvado tiene su propio atractivo. Suele personificarse, por ejemplo, en un gigante, un dragón o una bruja que ostenta temporalmente el poder. En la mayoría de los cuentos, el usurpador consigue arrebatar el lugar que le corresponde al protagonista. Pero el héroe transita su camino y el antagonista es castigado. De esa manera, se cierra el proceso que ofrece una enseñanza.
Por su parte, en las versiones más cruentas, los llamados «cuentos de hadas» suelen plantear un tema existencial. El bien y el mal se encarna en la psiquis de los personajes, que están destinados a experimentar la transformación.
Para este libro se escogieron once cuentos en sus versiones tradicionales, y no su adaptación infantil. Algunas pueden resultar algo crudas, pero las peripecias y aprendizajes de sus heroínas aún logran producir empatía.
Cada uno de ellos ha sido analizado desde la perspectiva iniciática, que muestra el camino de transformación que tienen que transitar sus protagonistas. En el viaje del héroe, las historias con finales tristes son consideradas una derrota heroica, un fracaso en el cumplimiento del propio destino. Esto se verifica en la protagonista de «Los zapatos rojos», en las hermanastras de «Cenicienta», en la niña de «La vendedora de fósforos» y también en «La Sirenita».
La heroína de los cuentos no espera ser salvada; ella atraviesa la noche oscura para recuperar su soberanía. Romper el hechizo es, ante todo, el acto de despertar a nuestra verdadera naturaleza.
El abc del viaje del héroe y de la heroína
Tanto Joseph Campbell como Mircea Eliade coinciden en que los cuentos narran ritos de pasaje que son hitos significativos en la vida de los humanos. En principio, podemos asegurar que todos transitamos el viaje, porque el viaje es una metáfora de la vida. Pero, a veces, lo transitamos adormecidos. El cuento de «La Bella Durmiente», por ejemplo, revela las claves del proceso del despertar.
Pensar en el viaje de la heroína abre algunos debates. ¿Debemos suponer que hay una diferencia estructural entre el viaje del héroe y el de la heroína? ¿Cómo podemos conocer, explorar y reconectarnos con la esencia de una feminidad que ha sido desvalorizada y distorsionada? ¿Cómo dialoga dicha reconciliación con la lucha por la igualdad y el empoderamiento de las mujeres en el siglo XXI?
La filósofa Judith Butler propuso en los noventa que el género se construye mediante actos repetidos, normas culturales y prácticas sociales; que no es una consecuencia automática del sexo biológico. En contraste con esta definición, las versiones tradicionales de los cuentos de hadas tienden a reforzar los roles tradicionales de género, en los que el varón ocupa el espacio exterior y se enaltece en el combate, mientras que la mujer es empática con otras criaturas y se siente realizada cuando atraviesa un camino de autoconocimiento. Además, cuando aparecen mujeres que muestran el lado oscuro o devorador de lo femenino suelen mostrarse disociadas de la belleza, bajo figuras como madrastras malvadas, reinas envidiosas o brujas salvajes.
En su libro Ser mujer. Un viaje heroico, Maureen Murdock plantea un esquema del viaje de la heroína. Desde su punto de vista binario, el viaje de la mujer comienza por un alejamiento de lo femenino, para terminar con la integración entre lo masculino y lo femenino.
En La heroína de las 1001 caras, Maria Tatar subraya que los cuentos tradicionales reflejan normas de género históricas, pero también contienen posibilidades subversivas. Ella afirma que, aunque muchas heroínas parecen esperar a ser rescatadas, sus acciones y elecciones son cruciales para la resolución de la historia. A menudo, las protagonistas de los cuentos deben superar pruebas internas y externas, enfrentarse a brujas, madrastras o tareas imposibles. Todas estas peripecias reflejan un viaje propio, equiparable al del héroe masculino.
Lo que demuestra todo camino heroico es que emprender el viaje de individuación sin integrar la receptividad, la intuición y la sensibilidad conlleva el riesgo de caer en la alienación del propio ser. Otra pregunta que se abre al analizar estos cuentos es si, para alcanzar la cima (como en el clásico modelo heroico masculino), es necesario sacrificar el amor o el desarrollo de la propia vocación. La conducta de las heroínas revela que en algún momento nos ajustamos para seguir un modelo contrario a lo que somos en esencia.
En sus trabajos teóricos, Joseph Campbell sostuvo que la mujer no necesitaba hacer el viaje heroico; solo tenía que despertar su propia naturaleza. Es una imagen que recuerda a figuras míticas como Penélope, reina de Ítaca, cuando aguarda pacientemente durante años el regreso de su esposo, Odiseo. La de Campbell es una tesis que, enunciada a mediados del siglo XX, resulta propia de su tiempo.
El enfoque de este estudio resuena con la búsqueda de un punto de equilibrio entre lo que alguna vez fue definido como naturaleza masculina y naturaleza femenina. Habitar la interioridad no significa que pertenezcamos exclusivamente, por ser mujeres, al mundo interior. Y viceversa. Muchas de las heroínas de estos cuentos persiguen aspiraciones mundanas y transitan el mundo exterior o de la superficie. De esta manera amplían los límites de su identidad y desarticulan las oposiciones rígidas entre lo interno y lo externo, y entre otras dualidades internalizadas en la psiquis.
Los misterios femeninos
La palabra «misterios» fue utilizada en la antigüedad para clasificar los cultos vinculados a los ciclos de la naturaleza: misterios isíacos y osiríacos, misterios eleusinos, el culto de Inanna y de Dionisos, entre otros. Estas prácticas religiosas involucran una experiencia mística vivencial, una comunión con la divinidad a través del ritual o una revelación personal.
Estas experiencias tienen un carácter sagrado y secreto. Gran parte de su simbología se vincula con los misterios de la vida y la muerte. Su ritualidad ha sido parcialmente conservada a través de sociedades secretas, logias y también en el seno de las culturas que permanecen aún hoy en estado arcaico. Incluso el cristianismo abreva en estas fuentes. Muchos cuentos de hadas recrean esta mitología, como, por ejemplo, «Blancanieves», «Caperucita Roja» o «Vasalisa».
Todas estas prácticas provienen de las culturas de la Madre Tierra. Son cultos iniciáticos, porque la persona que los practica adquiere una conciencia nueva, a través de una experiencia mística que la cambia. En el cristianismo, por ejemplo, algunos de los sacramentos conservan ese antiguo sentido, como el bautismo o la comunión, que incluye un ritual de carne y sangre.
La iniciación
Puede tomar la forma de un portal o una prueba individual, la iniciación siempre conlleva la muerte del ser para renacer en una nueva versión. Jean Shinoda Bolen, analista junguiana, postula que los misterios femeninos son esencialmente corporales y, por tanto, intransferibles. En las culturas arcaicas, la primera menstruación, la iniciación sexual, el embarazo, el parto y la menopausia son considerados «ritos de pasaje». Siguiendo a esta autora, el viaje de la heroína estaría atravesado por este proceso de transformación que el cuerpo de la mujer experimenta a través del ciclo de la sangre.
En relación con los conocimientos de iniciación, destacan dos oficios que se han transmitido históricamente a las mujeres. Ellas aprenden de sus madres y abuelas a hilar y a tejer. Esta tarea ocupa un lugar esencial en las cosmologías. La luna hila y el tiempo teje las vidas humanas. Las diosas del destino (Moiras) son hilanderas.
Hay una relación entre la actividad lunar y la actividad nocturna de la mujer. Junto con las artes del hilado y el tejido, las mujeres aprendían las danzas rituales a escondidas. Su simbología aparece recurrentemente en «La Bella Durmiente» o «Vasalisa».
Esas reuniones secretas de mujeres siempre estuvieron ligadas al misterio del nacimiento y la fertilidad. Muchos de estos encuentros ocurrían a orillas de los ríos, donde las iniciadas entraban al agua, situación que rememora el propio nacimiento. El agua simboliza el caos original, y la cabaña, la creación cósmica. También juegan un papel importante el bosque y la noche, escenarios preferidos de muchos cuentos de esta selección.
Cuentos como «Vasalisa», «Caperucita Roja» y «Blancanieves» nos internan en estos espacios simbólicos del inconsciente y nos acercan al poder de lo femenino. En estos relatos, alguien muere (de una forma literal o metafórica) para ser transformado y acceder a un nivel de existencia más elevado. En las niñas finaliza el estado amorfo e indiferenciado de la infancia para dar paso a la personalidad adulta y el despertar del deseo.
Revisionismo sobre la lectura medieval de los cuentos
Se cree que culturas como los cátaros, declarados herejes por la Iglesia en la Edad Media, transmitían sus creencias a través de símbolos codificados. Perseguidos por su visión dualista del mundo –según la cual la materia estaba ligada al mal y solo el espíritu provenía de Dios–, no podían expresar sus ideas de manera abierta. Por ello recurrieron a lenguajes ocultos que se manifestaban en los cuentos populares, en el arte pictórico y en la práctica de las marcas de agua en el papel, una de sus especialidades artesanales.
Margaret Starbird sostiene que muchos mitos, leyendas medievales y cuentos de hadas conservan, de forma velada, la memoria de un principio femenino sagrado que fue marginado por la tradición cristiana dominante. Ella plantea la posibilidad de que los cuentos tengan referencias ocultas a María Magdalena, la discípula no reconocida de Jesús, y al Santo Grial, la copa que habría usado Jesús en la última cena.
Para Starbird, Cenicienta –con su rostro lleno de hollín– se asemeja a la novia negra del Cantar de los cantares (el libro de Salomón), que prefigura el amor devoto de María Magdalena. O a la pequeña Sara, una niña negra que según la leyenda viajó con María Magdalena en barco hacia Francia, o a quien recibió allí, y que es conocida como Sara-Kali, la santa de los gitanos, a quien está consagrado el santuario de Saintes-Maries-de-la-Mer. Según su hipótesis, «Cenicienta» nos habla de esa novia olvidada, la verdadera heredera del reino, la negada, la maltratada.
La historia de Rapunzel es la de una joven encerrada en la torre. Ella tiene un cabello extraordinario (como Magdalena) y un canto maravilloso (como la novia del Cantar) que atrae al príncipe, quien trepa por sus trenzas para entrar a la prisión en la que se encuentra. Tanto el cabello como la torre serían símbolos de Magdalena.
Por último, en el cuento de Andersen, la Sirenita tiene que pagar un precio muy alto para subir a la superficie e intentar vincularse con el príncipe. Ella debe sacrificar su voz. Esto es visto por Starbird como un simbolismo de lo femenino acallado en nuestra cultura.
Según la mirada de Starbird, la represión o distorsión de lo femenino en los relatos refleja una herida cultural más amplia; las heroínas de los cuentos son guardianas de un conocimiento olvidado y, a través de sus procesos de iniciación, pueden reintegrar lo femenino como una dimensión espiritual legítima.
El cambio de paradigma
Muchos personajes de los cuentos de hadas han sido reinterpretados en las últimas décadas e integrados en nuevas narrativas, desde las producciones clásicas de Disney hasta versiones contemporáneas de los cuentos destinadas a un público adulto. En estas se observa una evolución de cómo se concibe el arquetipo femenino y también un interrogante sobre la vigencia de los tradicionales roles de género.
Blancanieves se pasea por el bosque con un cazador y dirige un ejército contra la reina oscura. Recupera su reino o dominio por sus propios medios y se instala en el trono sin pareja. Cenicienta es una mujer culta que sacude al príncipe, lo pone de cabeza para hacerle notar su superficialidad y lo insta a volverse un verdadero líder. A su vez, ella es quien lo rescata en el bosque, cuando unos salteadores lo capturan y le roban.
Luego están las versiones queer, que incluyen cruces entre las distintas protagonistas, como una Blancanieves que rescata a Cenicienta, o la historia de la Sirenita leída en clave autobiográfica como un amor no correspondido entre su autor, Andersen, y otro hombre de su época.
Con una lente más oscura, la escritora británica Angela Carter ha realizado un gran trabajo de reescritura de cuentos folclóricos y de hadas, entre ellos varias versiones de Caperucita Roja. En una de las versiones, la protagonista es una niña astuta que no tiene miedo de matar al lobo cuando descubre que, en realidad, es su abuela. Más allá del empoderamiento, esta versión refleja la existencia de una violencia intrínseca en la comunidad.
Las mil y una noches
Existen varias colecciones medievales de cuentos enmarcados que dejaron una profunda huella en la literatura universal. Entre ellos se encuentran el Decamerón, de Giovanni Boccaccio (Italia); Los cuentos de Canterbury, de Geoffrey Chaucer (Inglaterra); el Panchatantra, atribuido al sabio Vishnu Sharma (India).
Las mil y una noches, de autor anónimo (árabe), también se presenta como una colección de relatos enmarcados, pero se destaca por tener a una heroína como protagonista. Cuando el relato comienza, el rey Shahriar está desilusionado de las mujeres. Se ha convertido en un hombre maligno y malhumorado luego de enterarse de que su esposa le ha sido infiel con sus esclavos. Desde ese entonces, Schariar vuelca su vida a la lujuria y duerme cada noche con una doncella a la que asesina a la mañana siguiente. La única joven que logra revertir la situación y permanecer con vida es la hija del gran visir, Sherezade. Su padre se negaba a sacrificarla, pero ella insistía y profetizaba que podría liberar el reino de la crueldad del rey. Así es que comienza a contarle cuentos al rey Shahriar. Lo hace durante mil y una noches. Cada historia fascina tanto al soberano que la deja vivir una noche más para escuchar la siguiente. Al final del ciclo, él expresa su confianza en Scherezade, que lo ha «curado» del odio a las mujeres.
Los tres años transcurridos dan cuenta de un proceso para reunir los pedazos de una personalidad desintegrada. Scherezade es portadora de la medicina de Isis, diosa egipcia de la magia y la fertilidad, que nos lleva a reunir nuestras partes desmembradas para retornar a la totalidad como seres renacidos. Como dice Bruno Bettelheim en su libro Psicoanálisis de los cuentos de hadas: «Los dos protagonistas de esta historia representan las tendencias que luchan en nuestro interior que, si no conseguimos integrar, pueden destruirnos».
El rey simboliza a una persona dominada por sus heridas, producto de las decepciones que ha sufrido. Esto lo ha llevado a perder la percepción de la totalidad. Scherezade, en cambio, simboliza al ánima del rey, el arquetipo internalizado de lo femenino dentro de su inconsciente, que lo guía sabiamente hasta alcanzar la sanación. Solo una persona integrada en sí misma puede guiar a otra en el camino de la integración. Los cuentos abundan en este mensaje: la maldad solo puede devorarnos cuando nos negamos a morir. Gracias a que ella enfrenta la muerte es que logra el triunfo de la vida.
En síntesis, Las mil y una noches es una obra que revela el poder transformador de los cuentos. Permite concebir la palabra como el mercurio de la transformación alquímica, capaz de crear o transformar realidades.
Clarissa Pinkola Estés también habla de los cuentos como portadores de una poderosa medicina en Mujeres que corren con los lobos:
A mis ojos, las historias son una medicina… La beneficiosa medicina del cuento no existe en un vacío. No puede existir separada de su fuente espiritual. No se puede tomar como un simple proyecto de mezcla y combinación. La integridad del cuento procede de una vida real vivida en él. El hecho de haber sido educados en él confiere al cuento una luz especial.

El viaje de la heroína
A continuación, se presenta una selección de once cuentos que instalan las preguntas más significativas de todo viaje heroico: quién soy y para qué estoy acá. Este viaje se divide en siete etapas:
1. El despertar, cuando la Bella Durmiente experimenta la incubación del ser.
2. Cortar el cordón, momento en que Blancanieves comienza la individuación.
3. El camino de las pruebas, encabezado por la niña de «Los zapatos rojos» cuando demuestra la trampa de la comodidad; la siguen la vendedora de fósforos, que sufre las consecuencias de la fantasía, y, por último, Cenicienta, con cierta forma de rebeldía que resulta en su liberación.
4. La iniciación nocturna, en que Caperucita Roja vive el encuentro con la sombra y Vasalisa experimenta la alquimia interior luego de superar una serie de tareas.
5. La transformación, cuando la Sirenita transita la aceptación del ser y la Bella se entrega al poder de la empatía.
6. El retorno al hogar, cuando Rapunzel encuentra el camino a casa sin perderse en el laberinto del inframundo.
7. La sanación, cuando la doncella espantosa logra romper el hechizo.
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